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¿Cuál es el lazo que nos atrapa en la causa lacaniana?
Francisco Zafra . Artículos . 19-11-2007

I Conversación de la ELP-Andalucía Psicoanálisis: Lazo y causa

En primer lugar, agradezco la oportunidad de poder exponer algunas ideas en esta I Conversación de la ELP-Andalucía y aprovecho también este momento para reconocer el trabajo y el “buen hacer” que los componentes del Instituto del Campo Freudiano de Granada llevan a cabo con quienes nos hemos acercado a esta casa.

Si intento responder a la pregunta por la cuestión del lazo que nos atrapa a unos y a otros en la causa lacaniana debo acudir a una explicación que viene desde lo particular. Se trata de buscar las causas por la que se acude, por las que acudo, a las distintas actividades que programa la Escuela Lacanina de Psicoanálisis. Estas causas quedan en ocasiones concretas expuestas al control del otro, y esto sucede no solo en las ocasiones de las exposiciones o de los encuentros de trabajo en los carteles, sino también en los momentos de la sesión analítica.

Desde distintas circunstancias, un día cualquiera cada cual acudió a una actividad programada por la ELP saliendo de la sala seguramente con más dudas que con las que entró. ¿Qué nos atrapó de este saber, que desde distintos lugares, es tachado de estar desprovisto de garantías científicas? Dejando a un lado los contados momentos de júbilo que se producen con la elucidación de los textos de Lacan, casi siempre gracias a la mediación de aquellos que indudablemente saben más que nosotros; en el psicoanálisis hay descubrimientos de conocimientos que nos permiten, a cada cual, llevar una vida mejor.

Una de las primeras preguntas que hice al acercarme a esta Escuela fue: ¿por qué Lacan? ¿por qué no Jung, con su atractivo halo de misticismo o Fromm con su conocida humanidad? ¿quién era Lacan? Y ¿por qué no me habían hablado de él en la Facultad de Psicología? En la estudiada obra “Historia de la Psicología” de Thomas Leahey encontré las siguientes explicaciones, y cito: “Jacques Lacan, uno de los líderes más influyentes del psicoanálisis hermenéutico...”, más adelante dice, “...el psicoanálisis hermenéutico constituye, en buena medida, un regreso a la concepción medieval que considera al mundo como un libro que contiene significados que deben ser descifrados...”, y otra cita: “...el objetivo de la terapia es llegar a una interpretación con la que el paciente manifieste su acuerdo y que se convierta en la base de una vida más plena...”. Todo esto sin contar que ya había escuchado una y otra vez que el psicoanálisis no podía ser considerado como ciencia porque no cumplía el principio de falsabilidad enunciado por Popper, que nos viene a decir que para que una teoría pueda ser considerada científica debe permitir predicciones cuya falsedad puedan demostrarse inequívocamente. Lo único que saqué en claro es que no podía aprender psicoanálisis en la universidad. La decisión de dejar en suspenso la posible cientificidad del psicoanálisis me ha permitido continuar, y descubrir que fuera del ámbito del psicoanálisis se sabe bastante poco acerca del mismo. Y también ver que no es el psicoanálisis el que se acerca a los sujetos, si no al contrario, son los sujetos los que tienen que acercarse al psicoanálisis, desde una posición similar a la demanda necesaria del sujeto que acude a un pisocoanalista.

Aunque no por ello deja de parecerme particularmente curioso que en la historia del tratamiento del sufrimiento psíquico, los avatares del movimiento psiconalítico sean tan complejos.

Si rastreamos en el pasado, el año en que Lacan funda la Escuela Francesa de Psicoanálisis (re-denominada Escuela Freudiana de París), año 1964, existía ya una manera perfectamente instalada sobre el modo de entender, estudiar y aplicar el psicoanálisis. Lacan, advierte de los abusos cometidos en nombre del psicoanálisis. Y, algo que nos interesa más, proclama y provoca una vuelta a los textos de Freud, al mismo tiempo que introduce variaciones trascendentes en los modos de organización del movimiento psicoanalítico.

Estas variaciones continúan en activo y siguen produciendo frutos. Lacán introdujo modificaciones en la práctica y en la transmisión del psicoanálisis nuevas y alejadas de las que la IPA dictaba. Una de estas variaciones pretende terminar con la dicotomía existente entre la experiencia psicoanalítica calificada como experiencia didáctica y lo que se denomina psicoanálisis personal localizado en una dimensión terapéutica. Para Lacan “hay un solo sujeto del inconsciente, entonces hay un solo psicoanálisis”1, por lo tanto, hay un solo psicoanálisis llevado hasta sus últimas consecuencias que está más allá del objetivo terapéutico, y que tiene un fin, no como finalidad de formación, sino como experiencia (la finalidad de la formación no es obtener un diploma de psicoanalista, sino llegar a un final en la experiencia). Este psicoanálisis aparece en el Acta de fundación incluido en la primera sección de la Escuela, a la que Lacan denominó sección de psicoanálisis puro.

Actualmente no se obtiene el título de psicoanalista con ningún master universitario, no existe una formación psicoanalítica regulada ni reglamentada. No se estudia en las Facultades de psicología, ni en las de medicina. Por poner un ejemplo, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada sólo hay una asignatura optativa denominada “Teoría y Técnicas psicodinámicas” impartida en segundo curso y algunos créditos más de libre configuración para “las lecciones de psicoanálisis” que tiene a bien organizar la ELP, gracias al empeño que pone en ellas cada año Jesús Ambel. El psicoanálisis de orientación lacaniana ha aceptado las consecuencias de su separación de las instituciones universitarias y ha tenido que maniobrar con habilidad para poder mantener su independencia. La transmisión del conocimiento en psicoanálisis viene de la mano del concepto mismo de Escuela, Lacan no fundó un nuevo instituto de psicoanálisis, sino una escuela, no un lugar de habilitación de psicoanalistas, sino un espacio para la transferencia de trabajo. La enseñanza del psicoanálisis se transmite de un sujeto a otro por la vía de la transferencia de trabajo, se transmite un estilo de trabajo. Se trata de la ruptura con una serie de inercias que pueden convertir una actividad tal cual es acudir a una sesión psicoanalítica en un ritual o del alejamiento de la repetición de formulas de conocimiento supuestamente validadas como si se tratara de un ceremonial científico. Se trata, o bien de someterse a una disciplina de trabajo, para desentrañar a partir de los conceptos la estructura de la experiencia psicoanalítica; o de correr el riesgo de sucumbir a lo inefable de la intuición o a lo indecible de la experiencia mística.

Pero, la invitación al banquete de los analistas, como dice J. A. Miller, está reservada. Al principio, se puede creer ilusoriamente que es posible utilizar el psicoanálisis como una técnica más dentro de un enfoque ecléctico, o que se puede prescindir del propio análisis y que basta con un conocimiento teórico para poder aplicarlo. Quizás ambas cosas sean en cierta media factibles, aunque considero que con el tiempo se vuelven cuanto menos problemáticas. ( Judit Miller en su intervención “El no analista de la Escuela”, se puede encontrar en los Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis, nº 9, situaba en la tercera sección de la Escuela, sección de recesión del Campo Freudiano, la inclusión de aquel que no es analista ni analizado, pero que puede ser analizante; precisando que el no analista es quien todavía es capaz de decir qué efectos ha producido sobre él su trabajo de analizante, o sea, aquel que está llamado a refrescar la memoria de la Escuela recordando a cada uno de sus miembros que su saber es incompleto).

Por otro lado, y no se si es lo corriente, la curiosidad por el acto psicoanalítico en sí, tan mencionado, estudiado y por que no decirlo, también albado; acaba por intrigar a cualquiera.

En la Escuela que Lacan funda en 1964 también hay una segunda sección a la que denomina sección de psicoanálisis aplicado. Lacan no utiliza este término para denominar el hecho de emplear la teoría psicoanalítica en interpretar fenómenos que estaban por fuera de la práctica clínica, tales como las obras de arte, o los textos literarios. Más bien se trata de llamar con este nombre, al psicoanálisis aplicado a la terapéutica. En esta sección son admitidos aquellos que realizan algún tipo de práctica terapéutica, sin que necesariamente hayan pasado por la sección número uno, la sección del psicoanálisis puro. Esta segunda sección permitía ampliar el ámbito de aplicación del psicoanálisis a otros lugares, y quizás seguramente también, estaba en la línea de alertar contra la función de refugio que puede tener el psicoanálisis en algunos de quienes lo practican, aquella atractiva agorafobia del analista que le permitiría permanecer en su casa para realizar su profesión.

Con este “bajar a pie de calle”, el lazo con lo social que realiza el psicoanálisis actualmente está permitiendo que sujetos, que quizás no disponen de los medios suficientes, puedan acudir a centros como son los CPCTs donde recibir un tratamiento para aliviar su sufrimiento.

Es desde este lugar es desde el que me hago algunas preguntas sobre el psicoanálisis aplicado. Ya que, no toda terapéutica es psicoanalítica, ¿cual terapéutica sí lo es?

Los “Principios rectores del acto analítico” son una buena guía a seguir, útil y clarificadora, pero... ¿basta con seguir estos principios para decirse que se realiza un psicoanálisis aplicado?

Desde hace varios meses realizo prácticas en el Programa Psicosocial para delitos de violencia de género sobre la pareja. A donde acuden, a seguir un programa de tratamiento psicológico aquellas personas que se vienen denominando como “maltratadores” desde distintos discursos sociales. Pues bien, ¿cómo aplicar estos principios rectores a aquellos que entran en este dispositivo obligados por la ley? O ¿cómo responder a las demandas de evaluación y de control que evidentemente exige, y con razones, el juez o la juez que envía a estos sujetos a seguir este programa, sin malversar la información que proporciona la alianza terapéutica? ¿como maniobrar con sujetos que tienen una necesidad pero que no son capaces de elaborar una demanda?

Pongo en duda la posibilidad de realizar una reeducación psico-social de estos sujetos intentando convencerlos con un discurso que los ajuste en unas relaciones de pareja adecuadas, integrados como estamos en una sociedad donde la violencia verbal es de uso común y donde los pasajes al acto mediante la violencia física para conseguir el reconocimiento del otro se utilizan con demasiada frecuencia. Por eso intento cuestionar la situación subjetiva dada con una afirmación de mi parte: “yo no se si usted es un maltratador”. Para que de esta manera, devolviendo al sujeto una duda sin contestar, aquel que viene con una sentencia de acusación, que no admite en la mayoría de los casos, pueda cuestionarse desde la propia responsabilidad cual es su lugar, cual es su posición en el trato hacia su pareja.

Más que responder a la primera cuestión traigo algunas preguntas más, estas preguntas son las que me siguen moviendo. Si acaso puedo nombrar el lazo mencionado al comienzo es con el apelativo de la curiosidad, curiosidad por saber en qué consiste el psicoanálisis y curiosidad por saber porqué sufrimos tanto a pesar de todo lo que tenemos.


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