Carta desde

la Alhambra

Vicente Palomera

 

Las grandes dificultades,
Hasta sabidas, lo son
que, sabido, todo es fácil.
Calderón, La dama duende

Intervención del Presidente de la ELP, Vicente Palomera, en el "III Forum psy", París, 13.12.03.

La fachada de Comares

Estimados colegas,

La luz aportada por "La Carta a B. Accoyer"(1), de Jacques-Alain Miller, me ha evocado la Alhambra. Hay en el Palacio de la Alhambra una fachada muy bella, con gran valor simbólico, conocida como "fachada de Comares". Por una de las puertas de dicha fachada se entra hoy en el Palacio. Aunque muchos la tomaban como la entrada a toda la Alhambra, alguien señaló, hace pocos años, que algo "no cuadraba" allí, que esa fachada resultaba desproporcionada y absurda. En efecto, fue Emilio García Gómez (2), quien demostró, al mejor estilo del célebre inspector Dupin, que ésta había sido la Puerta Principal de la Alhambra pero que no estaba en su sitio, es decir, que había sido retirada, arrinconada y encajada en un cuarto trasero, lugar en el que se encuentra hoy día y por la que hay que pasar, de un modo laberíntico, para acceder al Palacio.
¿Qué motivó el traslado? Fue entre 1527 y 1537, cuando el emperador Carlos V desmontó la Puerta Principal al construir un Palacio, trasladándola a un lugar lateral. Fue una verdadera agresión sobre la Alhambra ya que la bella fachada pasó a ser una decoración de teatro, pero de una pieza dramática que ya no se representa. En el conjunto arquitectónico de los palacios se percibe bien la embestida, "el codazo" (como se ve en el plano) del Palacio de Carlos V a la Puerta Principal de la Alhambra.
¿Por qué fue trasladada? Seguramente se estimó que, en razón de su belleza, merecía ser conservada y, como en tales casos suele ocurrir, se le buscó un lugar de segundo orden, en un paraje sin importancia.
Pues bien, es así como veo la enmienda Accoyer, como una clara embestida a la puerta de entrada del psicoanálisis, que apunta claramente a desplazar al psicoanálisis a un lugar secundario, incluso marginal.
Si esto se produce, se dificultará el acceso libre no sólo de los ciudadanos a la cura psicoanalítica, sino a lo que la enseñanza del Dr. Lacan supone en la formación de muchos profesionales de la Salud Mental, no sólo de Francia, sino de otros países que, como España, vienen beneficiándose de esas enseñanzas para trabajar mejor con los pacientes a su cargo. Porque -hay que decirlo con rotundidad-, la enmienda es una embestida que va más allá de las fronteras de la República francesa: una victoria de Accoyer en el país de Lacan sería una derrota para el psicoanálisis en el mundo entero, afectaría, en su conjunto, al porvenir del psicoanálisis en España. Es por ello que me alegró leer en el manifiesto "Por una coordinación psi" que se vea en la nueva configuración de la dimensión psi en Francia como "una ocasión de ayudar de un modo efectivo a los colegas de otros países a salir de los impases en los que se hallan actualmente atrapados".

Las puertas de la formación psicoanálitica

Después de la Segunda Guerra Mundial, el meridiano de la clínica psi se desplazó de Centro Europa a París, cruzándose sobre el terreno con lo que Jean Claude Milner ha llamado "el periplo estructural" (3) (Saussure, Jackobson, Barthes, Dumezil, Lévi-Strauss). En Lacan se anudan esas dos tradiciones. Su impacto no tardó en extenderse por el mundo.
Desde finales de los '70, hasta hoy, son innumerables los profesionales psi (psiquiatras, psicólogos clínicos) y otros profesionales españoles debidamente licenciados que viajan a París y otras ciudades para proseguir su formación dentro del psicoanálisis. Ellos asisten a espacios de formación clínica, se analizan, evalúan sus análisis a partir de los dispositivos ideados por Lacan, testimonian de su formación, controlan su práctica, siguen cursos altamente especializados en la Universidad, hacen sus DEA, también sus Doctorados, asisten a las presentaciones de enfermos en el Hospital, participan en los congresos y las jornadas de estudio, esto en una evaluación continuada sin par, de la que obtienen los instrumentos clínicos y éticos para un mejor desempeño de su función en la práctica pública y privada.
Además de esa formación y evaluación continuada, estos profesionales de mi país, en cuyo nombre me permito hoy hablar aquí, han podido acceder también a lo más seguro que tenía la clínica: al decir de Lacan, el psicoanálisis se lo debe a la clínica psiquiátrica. Así, pudimos acceder no sólo a la clínica freudiana de la neurosis, la psicosis y la perversión, sino a la gran tradición semiológica procedente de De Clerembault, Chaslin, Seglas, Magnan, Guiraud, Guislain y tantos otros.
También pudimos participar de la innovación clínica procedente de la última enseñanza de Lacan, que sigue renovándose a partir de las Jornadas de las Secciones Clínicas en Francia -la llamada "Clínica de los inclasificables", impulsada por Jacques-Alain Miller en Angers, luego en Arcachon y Antibes (4). Toda este tesoro eminente de la clínica francesa es hoy conocido, traducido y estudiado fuera de Francia gracias a

Lacan y a sus discípulos

Por otro lado, la enseñanza del psicoanálisis mantiene vivo, a partir de Freud y, después, con la tesis de doctorado de Lacan, en 1932, lo mejor del espíritu de la clínica alemana: Griesinger, Kraft-Ebing, Kraepelin, Bleuler, Kretschmer, Neisser, etc. serán autores estudiados con detalle por los españoles que han se forman en el rigor de la clínica (5).
Dicho esto, la enmienda Accoyer se me antoja suicida: toda esta tradición clínica elaborada en Francia sería echada por la borda o, en el mejor de los casos, condenada al cuarto trastero, como la "fachada de Comares". A veces, pareciera que la enmienda Accoyer se hubiera inspirado en las teorías del gran "filósofo" norteamericano, Donald Rumspfeld, en su referencia a "la vieja Europa". Porque la enmienda Accoyer supone asestar un golpe mortal de la gran clínica europea, a favor de un pragmatismo aséptico.
La enmienda Accoyer, si triunfara, sería, a mi entender, una catástrofe para ese legado de la cultura francesa que debe seguir siendo conocida. A la "medicalización" progresiva de la psiquiatría no le va ni le viene. La clínica medicamentosa, de imponerse, llevaría toda ese tesoro clínico al trastero. En esta perspectiva, los españoles, en el futuro, igual que otros colegas europeos, no verían motivos para ampliar su formación en estas referencias. A medio plazo, los lazos de trabajo que antaño se forjaron, se verían debilitados. El "sacrificio inútil" -para usar la feliz expresión de Jean Duvignaud (6), aunque nada festivo-, sería el legado dejado por la enmienda Accoyer. En el surco de esa legislación sólo brotará la misma flor que ya existe en la psiquiatría del DSM, que tiene acogida en un parte mayoritaria de la psiquiatría española, no precisamente la mejor. Una psiquiatría más bien ignorante respecto al psicoanálisis y especialmente atrasada desde la dictadura franquista.
Los profesionales del mañana se tendrán que resignar a lo que hoy es cada vez más la moneda corriente: seguir el sendero trazado por los Congresos que organizan los grandes laboratorios farmacéuticos. Recomendaría, si el diputado Accoyer tuviera un poco de tiempo, en medio de tanto furor legislador, la refrescante lectura del libro de David Haley (7), para que compruebe cómo la ciencia misma puede llegar a ser una ideología.

El 11 de Septiembre de 1899

En el ataque del Sr. Accoyer a las formas de charlatanería queda olvidado lo que sabemos de la naturaleza misma del síntoma (8). No debería olvidarse lo que Freud presentía, en una carta del 11 de septiembre de 1899: la naturaleza charlatana del síntoma. Es Lacan quien llama la atención de esa carta en "La dirección de la cura", después de señalar que "el deseo se articula en un discurso bien astuto"(9). Freud deplora las desviaciones, las torsiones del objeto de estudio por comparación con un ideal del discurso científico, y afirmaba que se había visto obligado a ellas por su objeto". En otras palabras: el objeto es idéntico a esos meandros, a esos caminos tortuosos. El objeto de su estudio, le lleva por la vía de lo ingenioso, la búsqueda de imágenes, de disgresiones. Es cierto, dice Freud, que el soñante es demasiado ingenioso, "pero -agrega- ni es culpa mía, ni es un reproche". Si los síntomas son charlatanes, y los soñantes son incurablemente ingeniosos, lo son por necesidad, es decir, "porque se encuentran en el aprieto de tener cerrado el camino recto". En definitiva, hay un real que habla y que miente, lo hace por desplazamientos y condensaciones. Es exactamente el mismo procedimiento que siguió Emilio García Gómez para descifrar el síntoma de la "fachada de Comares", el mismo método que empleó Jacques-Alain Miller en el desciframiento de la enmienda Accoyer, haciendo aparecer, por ejemplo, tras los cambios de íes y oes, la naturaleza charlatana de la enmienda-síntoma y poniendo de relieve la ideología que la alimenta: un buen sentido, escéptico y técnico, recubierto por un ideal anestésico que, al final, no puede diferenciar entre el semblante y lo real.

El sujeto y su evaluación


El hecho que Lacan condujera su lucha por el psicoanálisis en nombre de la ciencia y se esforzara, especialmente por su vía del matema, en sustraerlo de la degradación obscurantista, religiosa, que la transferencia hace posible, impuso a los psicoanalistas una exigencia de rigurosidad. Nos mantenemos legítimamente en esa orientación, pero sin que ello suponga que debamos dejarnos impresionar por las reivindicaciones y proclamas de cientificidad que proliferan en nuestros días. La susodicha cientificidad se ha convertido, hoy en día, en un reclamo comercial. Cualquiera puede invocarla hoy para vendernos cualquier artilugio. Se la utiliza para fabricar un sujeto supuesto saber ahí donde no hay el menor saber, siendo por tanto la coartada de la impostura.
Las neurociencias quizás sean ciencias, pero no del sujeto (10). Por su parte, el psicoanálisis no es una ciencia, sino una práctica, un lazo social, que trata del sujeto. Es por ello que es muy difícil, a partir de esto, que se produzca un encuentro entre ambas. ¿Sueñan las neurociencias en reducir el sujeto a su cerebro? Ciertamente, pero su sueño no es la ciencia. El psicoanálisis no se reivindica como ciencia, es una práctica, racional, estructurada y que tiene en cuenta la novedad que Freud introdujo en el campo de la razón. No siendo una ciencia, el psicoanálisis mantiene los ideales de transmisibilidad y demostrabilidad de la ciencia y no se propone menos que ella alcanzar la certeza, aunque ello sea por la vía de una experiencia singular. ¿Cómo defender esa singularidad cuando se le piden resultados estadísticos?
Las estadísticas son útiles allí donde se opera con regularidades. Si tomamos los síntomas en su vertiente fenomenológica, existen regularidades contabilizables. En el psicoanálisis, sin embargo, se apunta a otro nivel, que es más bien el de la máquina de fabricar síntomas. En última instancia, no se excluye que un analista mantenga un registro de las fobias, obsesiones, etc. que ha curado, pero ello no tendría ninguna utilidad, ya que de lo que se trata es de saber el destino que se deja al sujeto. Tómese, por ejemplo, el caso del "Hombre de las Ratas", a partir de la lectura que hace Lacan: Freud lo da por curado porque ya no padecía más su obsesión y, si bien fue un enorme éxito terapéutico, el sujeto sigue enfermo de la vida y del deseo. ¿Qué nos proponen en este registro los evaluadores estadísticos?
La falta de estadísticas no es pues la ausencia de evaluación, es por eso que para nosotros es crucial, en este nivel, pensar los controles de la práctica de los analistas y el dispositivo del pase ideado por Lacan, como la buena manera de situar la evaluación continuada de la práctica psicoanalítica.
Nada más, por el momento. Hoy, he querido únicamente hacerles saber del perjuicio que la enmienda Accoyer puede causar a los practicantes que eligen formarse en una Francia que, gracias al Doctor Jacques Lacan, fue vanguardia para varias generaciones y que ahora corre el riesgo de pasar a los cuarteles de invierno

Vicente Palomera
13 de diciembre de 2003
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Notas:
(1) Miller, J.-A., Carta a B. Accoyer, París, noviembre 2003.
(2) García Gómez, E., Foco de antigua luz sobre la Alambra, Madrid, 1988.
(3) Milner, J.-C., El periplo estructural, Amorrortu, Buenos Aires, 2003.
(4) Miller, J.-A., Los inclasificables de la clínica, ICB-Paidós, Buenos Aires.
(5) Álvarez, J.M., La invención de las enfermedades mentales, Ed. Dor, Madrid, 1999.
(6) Duvignaud, J., El sacrificio inútil, F.C.E., México, 1979.
(7) Healy, David, The Antidepressant Era, Harvard University Press, 1997 (hay traducción francesa: Les temps des antidépresseurs, Les Empècheurs de penser en rond/Le Seuil, Paris, 2002.
(8) AA.VV., El síntoma charlatán, Textos reunidos por la Fundación del Campo freudiano, Piados, Buenos Aires, 1998.
(9) Lacan, J., Escritos, Siglo XXI, p. 600, nota 17.
(10) Véase el diálogo entre Horacio Etchegoyen y J.-A. Miller en: Silencio roto, ed. Eolia, Barcelona, 1996.


 

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