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Espacio Central

Sede de Málaga de la ELP

El deseo del analista

Yolanda González Cámara

Málaga - 2001

 

Encontré un artículo en el número 30 de Freudiana (Dic/2000- Marzo 2001), titulado "El contexto del libro El banquete de los analistas", de Silvia Tendlarz, que me parece que nos permite añadir algo más a la presentación de este seminario que realizó Rodolfo Pujol.

En él, Tendlarz nos plantea los acontecimientos que alojaron estas clases y que tienen una triple orientación:

1) La crisis de la ECF. Posteriormente, en 1990 se transforma la ECF 1 en ECF2 y se crea la EEP que descentra la hegemonía de la ECF

2) En segundo lugar, y esto me parece muy importante, hay en este momento de este curso un debate en Francia sobre el orden de los psicoanalistas, sobre la legislación que regula y autoriza su práctica

3) Por último, se está preparando la publicación de los seminarios VIII, ("La transferencia"), y XVII ("El reverso del psicoanálisis"), que aparecerán simultáneamente en Marzo de 1991

Este curso comienza cuando las aguas psicoanalíticas están más que revueltas en Francia, pues al comienzo de las XVII Jornadas de la ECF, Gerard Pommier (al que creo que se refiere Miller en la pág 58, llamándole ,en la traducción española "Sr. Verdoso"), descontento por no haber encontrado en la librería de las Jornadas su libro "La neurosis infantil del Psicoanálisis", se libra a un destrozo público de la librería. A continuación, envía un comunicado a la agencia France Press, que después de una verificación, rehusa difundirlo en los medios de comunicación. Hay que destacar que este libro era particularmente injuriante (así lo nombra Tendlarz) hacia la familia de Miller.

Gerard Pommier fue convocado por el Consejo de la ECF el 13 de Noviembre de 1989. Y el curso, que comienza en medio de toda esta tormenta, se inicia el 8 de Noviembre del mismo año. El 2 de Diciembre, la Asamblea votó la suspensión de Pommier con 51 votos a favor, ninguno en contra, 4 abstenciones y un rechazo de voto.

Bien, vayamos entonces a nuestro capítulo. Miller nos recuerda cómo en el anterior quitó dramatismo a la excomunión de Lacan. En el sentido de que fue el mismo Lacan quien la desdramatizó dando una doble respuesta a su excomunión: por un lado, en Enero/64 comienza en otro lugar su seminario XI, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis"; por otro, funda la Escuela Francesa de Psicoanálisis, que luego llamará Escuela Freudiana de París, el 21 de Junio de 1964, o sea, tres días antes de finalizar el seminario XI.

Lacan no solo consideró su excomunión como un incidente de su vida personal sino y, sobre todo, de una manera más fundamental, como una consecuencia de la lógica interna del psicoanálisis. Por eso, en el inicio del capítulo II de "Los cuatro conceptos..." nos plantea : "...al meollo del asunto lo llamaré el rechazo del concepto.. por ello, intentaré hoy introducirlos a los conceptos freudianos principales...".

Miller, luego de hacernos notar la desdramatización por parte de Lacan, aborda las dos dimensiones de un concepto (extensión e intensión) para mostrarnos, para llevarnos, a la cuestión fundamental de la intensión del psicoanálisis: ¿ qué es un psicoanálisis?. Quiero recoger aquí un comentario de Silvia Tendlarz que me parece muy pertinente. Ella nos puntúa tres crisis: la de la disolución de la Escuela Freudiana de París en 1980, la de 1990 referida a la transformación de la ECF 1 en ECF2 con la creación de la EEP, y la de 1998 en el seno de la AMP, que da como resultado la creación de la Escuela Una. Tendlarz nos plantea cómo en cada uno de estos tres acontecimientos intervino la pregunta sobre qué es ser psicoanalista, sobre el concepto de escuela y sobre el pase.

Es decir, lo que Miller nos está haciendo ver, a mi entender, como plantea en la página 52, es que "si el concepto traza un contorno, tal vez éste sea especialmente poroso en psicoanálisis". No es lo mismo la pregunta en intensión del concepto médico a la del concepto psicoanalista. Se sabe lo que es un médico: alguien que después de haber pasado ciertas pruebas de capacidad, recibió de organismos especialmente competentes el título de médico. Esto tiene consecuencias en la extensión: si se sabe qué es un médico , desde ahí se puede regular la extensión, o sea, cuántos médicos debe haber. Pero esto no sucede así en psicoanálisis: es difícil regular la extensión desde la intensión. De hecho, señala Miller, lo que está ocurriendo es lo que anticipó Lacan: cuanto menos se sabe qué es el psicoanálisis, ¡más psicoanalistas hay!. ¿Cuánto tiempo, se pregunta él, permanecerán del brazo la intensión vacía y la tranquila extensión?

Una vez que Miller nos ha avisado de los peligros del concepto, pasa a abordar la cuestión del matema. En este sentido, nos recuerda cómo Lacan, en la página 27 de "Los cuatro conceptos..." (cap. II) nos muestra el concepto como algo aproximativo, comparándolo con el cálculo infinitesimal. Dice:".. .no carece de relaciones con la forma que impone el cálculo infinitesimal.. sólo mediante un salto, un paso al límite, cobra forma acabada, realizándose".

Esta indicación de Lacan, dice Miller, más tarde lo conducirá a reemplazar en el centro de la escena el concepto por el matema, que ya no

obedece a la lógica de la intensión y la extensión. La transmisión del matema puede ser integral, sin las pérdidas que conlleva el malentendido propio de la comunicación; en este sentido encarna el pasaje al límite del concepto: es el concepto en tanto que realizado.

Entonces, parecería que el materna podría poner al psicoanálisis a salvo de los peligros del concepto, de los desvíos de tipo iniciático. Pero no, a continuación Miller nos plantea que el materna tampoco, que no garantiza una buena orientación. Incluso el matema, cuanto más materna es más se presta a un desvío de tipo iniciático. ¡Justo al revés de aquello por lo que está hecho!.

La práctica de la iniciación produce una secta que comparte una misma experiencia que además siempre necesita sostenerse en un libro mágico. El materna, en este sentido, puede servir perfectamente de libro mágico, dado que es el significante fuera del efecto semántico; es un significante que por sí mismo no permite controlar los efectos semánticos.

Y, para que nos quede claro, nos ilustra esta cuestión con la secta de los pitagóricos y el secreto terrible guardado por ellos: la inconmensurabilidad de la diagonal. Esto, echaba por tierra su concepto de las matemáticas; por esto fue un secreto tan bien guardado por ellos, hasta el punto que ahogaron al pitagórico traidor, que estaba dispuesto a revelar el secreto de la secta.

Unos ahogan y otros excomulgan. En este sentido, ningún secreto fue mejor guardado que la irrupción de lo inconmensurable en la extensión. Lacan utilizó esto como preludio del objeto a. Ningún secreto mejor guardado que el hecho de que lo inconmensurable sólo se autoriza por sí mismo.

Entonces, el uso del materna, hecho para contrariar la noción de iniciación, para producir una transmisión integral, puede producir justo lo contrario: reconstituir una iniciación.

Después de recordarnos Miller que ni el concepto ni el materna garantizan la buena orientación, nos lleva de nuevo a lo que nos da impulso; así lo nombra, luego tendremos que tener bien presente en nuestra conversación el seminario de "Los cuatro conceptos...". Es lo que nos da impulso ahora, nos dice Miller: en este seminario hay un clima de nueva partida; en la medida en que está excomulgado, Lacan necesita reafirmar que continúa en la vía de retorno a Freud . Hay retorno más que nunca, dice Miller, y esto lo atestigua el adjetivo de Freudiana que Lacan pone a su Escuela.

Pero, ¿cómo se acerca Lacan a Freud en el seminario XI? Al decir de Miller, se acerca para ver también, y subrayo el también, la verruga en la nariz de Freud, los piojos en la cabeza de Freud. Me gusta, en este sentido, lo que planteó Jorge Alemán hace unos años al comentar este seminario de

Lacan: es un seminario de encuentro y de despedida de Freud al mismo tiempo. Es lo que plantea Miller también al decir que es un seminario que hay que leer del derecho, pero también del revés. Del derecho, los conceptos fundamentales ; del revés, otra cuestión. Como afirma Miller, Lacan llegó con la palabra epistemología en la boca, "se presentó ante nosotros rodeado de un lado por la excomunión y del otro, por la epistemología". Pero tras el gran juego epistemológico, era posible percibir que se trataba de una erótica. ¿De qué erótica?. Esto nos lo aclara en la página 126 de este seminario, donde nos dice que en la medida en que "Los cuatro conceptos..." disimula el seminario de "Los nombres del padre" (del que Lacan dio sólo una sesión), la epistemología que anuncia y que está en primer plano, encubre, sin embargo, una erótica, que estaría en un segundo plano. Y, ¿por qué?: porque se trata del deseo de Freud y del deseo del analista. Es decir, habla del deseo del analista para mostrar que el deseo de Freud en el psicoanálisis no era el deseo del analista.

En este sentido, afirma Lacan en la página 20 del seminario XI:

"...Por eso la histeria nos da la pista, diría yo, de cierto pecado original del análisis. Tiene que haberlo. El verdadero no es, quizá, más que éste: el deseo del propio Freud, o sea, el hecho de que algo, en Freud, nunca fue analizado.

En este seminario, entonces, Lacan da una nueva versión del retorno a Freud y de su trabajo a partir de esa fecha: "...el deber de esclarecer lo abrupto de lo real que restaurábamos en el campo que Freud dejó a nuestro cuidado."( "Reseñas de enseñanza"). Cuando dice a nuestro cuidado lo caracteriza como una herencia; "este campo legado por Freud a nuestro cuidado", afirma Miller, no es otra cosa que ¡Freud está muerto!. Y Lacan constató que Freud estaba muerto precisamente en el hecho de que su creación, la IPA, había degenerado. Cuando Miller plantea esto, creo que lo tenemos que pensar en conexión con lo que comenta Tendlarz: es como si Freud se preparara, mientras vivía, para ser el padre muerto. En la página 114, Miller alude, a través de Kardiner, un analizante de Freud, a la posición paterna de Freud en el análisis, que Freud mismo reconoce como suya. Desde toda esta cuestión el revés del seminario "Los cuatro conceptos..." seria cómo el analista no es un padre, no es el Otro, sino que la posición del analista en el dispositivo es la de objeto a.

Entonces, justo en este contexto en que se puso sobre el tapete lo que Freud había querido en el psicoanálisis, justo entonces, Lacan plantea la cuestión del deseo del analista. Es la cuestión con la que Lacan inicia y con la que termina "Los cuatro conceptos..."

 

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