l Banquete de los Analistas" es el primer seminario de
política lacaniana, tal es la definición que el mismo Miller da en la página 279,
cuando dice "Este año doy un curso de política institucional en psicoanálisis
inspirado en parte en una reflexión sobre lo que fue la política institucional de Lacan,
cuyo fundamento intento mostrar, así como la razón por la que constituye una
enseñanza" por lo cual es posible "establecer la política institucional de
Lacan a fin de extraer lecciones para el futuro". Estas consideraciones nos llevan al
centro de la cuestión "el lugar de grupo analítico en el psicoanálisis".
Esto ha sido una preocupación constante en toda la historia del
movimiento psicoanalítico desde Freud hasta nuestros días por la cual se trata de dar
cuenta de las preguntas que están en el centro del problema: ¿qué es un analista? y
¿qué es un psicoanálisis?
"Tanto la clínica como la técnica analítica", dice Miller,
"tienden a velar el problema del ser de analista", preguntas que retornan con
más fuerza en el ámbito institucional.
De todo esto se desprende que la política que se deduce de los textos
institucionales de Lacan no es un anexo al psicoanálisis, "sino que toca, concierne,
apunta al ser del analista".
Debemos señalar en esta orientación, que a mi juicio es el eje
central de este Seminario, que no hay política sin ética, como el mismo Miller lo
señala en el segundo Seminario de política lacaniana dictado en 1997-1998, que en la
página 94, bajo el título "Dos éticas" dice "el estatuto del acto
analítico depende de sus consecuencias", de lo que se deriva una ética
consecuencialista en oposición a la ética de las intenciones.
Este seminario de Miller introduce una escansión en la serie de
seminarios que inicia en 1981, donde comenta los conceptos y matemas de la enseñanza de
Lacan y pasando a realizar un seminario de política institucional, anuda los conceptos y
matemas a los textos institucionales, dando otra orientación, donde la enseñanza de
Lacan no es sin reflexión sobre la institución psicoanalítica, como lo plantea la serie
de grupos que se alojan en la "nebulosa lacaniana", donde, según ellos,
"lo que interesa es el discurso y no la institución".
Es también este Seminario una respuesta a la crisis de la Escuela de
la Causa Freudiana (ver comentario de Silvia Tendlarz en Freudiana nº 30). Habría que
describir un contexto más amplio en el seno del Campo Freudiano Internacional que hasta
ese momento estaba constituido por una serie de grupos lideraros por sus "jefes de
filas" lo que permitirá a partir de 1990, a mi juicio, como una consecuencia de este
seminario relanzar el deseo sobre la Escuela y el Pase en el ámbito internacional, lo que
implicaba la disolución de los Grupos y el paso a las Escuelas.
Este Seminario permite varios abordajes, múltiples ejes para su
lectura. Ahora voy a resaltar los momentos que en el texto se leen sobre los que nos
convoca en este momento, la formación del analista y en particular, al control y a la
garantía. Debates sobre la formación del analista que se inician alrededor de 1920 y que
concluyen en el seno de la IPA con la imposición de los criterios sustentados por el
Instituto Psicoanalítico de Berlín, que son los que se mantienen en la actualidad,
también sin olvidar los debates y los escritos de Lacan sobre la formación en diferentes
momentos: en 1949 con Nacht, la escisión de la Sociedad Psicoanalítica Francesa en
"Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis", la
"Situación del psicoanálisis y formación del analista" en 1956, "El
psicoanálisis y su enseñanza" en 1957, el capítulo XV del Seminario XI, etc; la
lista puede ser extensa; lo que quiere señalar que la formación del analista en la
historia del movimiento psicoanalítico no es una cuestión actual sino que es algo
permanente que ha estado presente y lo estará en el movimiento psicoanalítico.
b. Sobre el Control
En el primer capítulo, en la página 10, tenemos la primera
referencia, que a mi juicio sitúa al control más allá de una práctica, lo ubica en las
relaciones del analista con el psicoanálisis, dándole de esta manera una orientación
política.
Al hablar de las relaciones del analista con su analizante por un lado,
y con el psicoanálisis por otro, son dos lugares distintos que no se articulan, el
articulador aparece a partir de la práctica del control, el cual "no tiene ningún
valor si se limita a pautar las relaciones del analista aprendiz en la posición de
aprendiz con sus pacientes. El control no vale nada si no apunta a un más allá,
esto es, a sus relaciones con el psicoanálisis". El control pasa a ser así un
articulador entre las relaciones del analista con sus analizantes y del analista con el
psicoanálisis.
También introduce un matiz diferencial entre la práctica del control
y su destino en la Escuela, y el control realizado en el mundo de la psicoterapia. En la
página 31 también localizamos reflexiones sobre el control y la política. Comentando
Miller el texto de Lacan "La dirección de la cura", en los parágrafos en que
trata los temas de la estrategia, la táctica y la política en psicoanálisis, se refiere
que la interpretación está en el registro de la táctica, pues depende del momento, de
una coyuntura, y la estrategia coordina las operaciones a largo plazo y en la cura
analítica. En este lugar ubicamos la transferencia y allí no cambia de posición a cada
instante, por lo que "sigue siendo difícil, casi imposible, indicar de antemano en
el ejercicio llamado control, el momento oportuno de una interpretación, salvo por marcas
muy generales; evidentemente es un límite. En cambio, es más posible reglar la posición
de la transferencia", siendo éste uno de los fines del mismo. Si el control está
para reglar la posición de la transferencia, que Lacan la sitúa en la estrategia, que
junto con la táctica forman parte de la política del analista "que se ubica antes
por su falta en ser que por su ser", política que concierne a las condiciones mismas
de la acción analítica (acto analítico) sobre el paciente y a los fines últimos del
psicoanálisis, ya que la cuestión del final de análisis depende de ella. Nuevamente el
control aparece sujeto a una orientación política.
En la página 92 tenemos una referencia sobre el acting-out, que si
bien el texto no lo menciona, lo podemos relacionar con el control en tanto éste revisa
el lugar del analista. En este capítulo Miller desarrolla los diferentes lugares de los
cuatro discursos que Lacan expone en el Seminario XVII. Señala la diferenciación entre
el sujeto del inconsciente y el saber inconsciente, "de aquí que también la
recomendación de Freud, de no actuar, porque ¿qué hace actuar y qué trabajar? ¡El
inconsciente! Y desde siempre se desvalorizó en el análisis la acción que proviene del
inconsciente llamándola acting-out. El acting-out se produce cuando el saber inconsciente
quiere volver al lugar del trabajo, al lugar anterior, en el que los lleva de la
nariz" Y prosigue: "el discurso del analista es un esfuerzo por salir del
discurso del inconsciente y entrar en un discurso en que éste descanse. Por eso, en el
discurso del analista escribo el saber inconsciente en el lugar de la pereza (abajo a la
izquierda). Y el problema, pues, para los analistas que están en el discurso del analista
es que, una vez que dejan de estar allí, el inconsciente, acostumbrado a trabajar, ¡lo
pasa en grande!, los acting-out se multiplican".
En relación con este punto es de recomendar la lectura del artículo
de Phyllis Greenacre "Problemas generales del acting-out", texto que es
trabajado por Lacan en el Seminario V y en el X, en el que Greenacre, sin ser un analista
lacaniano, realiza una aguda observación sobre la inducción o provocación de acting-out
en pacientes a partir de ceder el lugar del analista en su discurso por acción de su
fantasma.
En la página siguiente, Miller se refiere al control en los siguientes
términos: "Después queda el lugar de la ignorancia, el lugar del amo ciego, que le
corresponde al analista habitado por la pasión de la ignorancia, como señala Lacan, y
que en la medida en que dirige la cura a veces ocupa este lugar, con la inhumanidad que
conlleva, con el no quiero saber nada que conlleva". Y continúa:
"Personalmente, de lo único que escuché quejarse a los analistas en el control es
de ser demasiado complacientes. Y es que es difícil ser inhumano. Hay que haber trabajado
mucho para serlo. De modo que una vez garantizados los requerimientos de la cortesía, la
posición del analista implica en su corazón algo de inhumanidad"
En el capítulo 22 titulado "El fin del análisis" lo podría
titular también a este capítulo, siguiendo la orientación que estoy exponiendo,
"El control y el pase. Similitudes y diferencias" que podrán encontrar en las
páginas 384, 385, 386, 389, 390 y 392. Se parte en este capítulo de algo fundamental a
mi juicio, que el psicoanálisis no es una experiencia inefable. A partir de este concepto
y de esta exigencia se desarrolla este capítulo.
¿Cómo las emergencias de verdad que aparecen esencialmente ligadas al
contexto del análisis, cómo descontextualizarlas sin hacerlas desaparecer, como
trasportarlas al exterior sin que se evanezcan? Hay entonces, dice Miller, un tema general
que es -y se debe al contexto analítico mismo- la descontextualización de las verdades
válidas en la experiencia. ¿En qué condiciones son separables?
El pase y el control son formas de descontextualización de la
experiencia analítica, siendo esta descontextualización la verdadera salida de la
experiencia analítica de lo inefable. "Pero detengámonos en lo que ocurre con esta
descontextualización bajo la forma práctica: pienso primero en el control, que es una
manera de sacar la experiencia del consultorio para trasladarla a una situación sostenida
por una convención completamente distinta. Clasificar el control como una
descontextualización práctica de la experiencia analítica permite ubicar en el mismo
registro el pase. Esta es una descontextualización práctica inventada por Lacan que,
como el control, se liga a lo que podemos considerar un dispositivo ensamblado, empalmado
a la experiencia analítica". Y sigue: "Este paralelismo entre control y pase no
es gratuito ni solamente formal. Lacan parece haber transportado al pase un elemento del
control, que es una institución sin duda muy anterior. Hay un elemento, una disposición
del control, que parece común a ambos y que tal vez haya inspirado algunos aspectos del
pase: me refiero a la disposición de mediación que se encuentra en los dos". Y
continúa desarrollando esta similitud con esta referencia: "Volvamos al control: hay
en él una mediación evidente que separa al controlado de cualquier contacto de presencia
respecto del objeto del control, a saber, un paciente. Pues bien, en el pase reencontramos
este elemento de mediación, y de una manera completamente querida, calculada". Sigue
diciendo: "Ahora bien, es un hecho que el dispositivo del pase, de manera similar al
control, implica una interposición. Encontramos, en todo caso, en el esquema del pase, la
voluntad de volver muy presente esta dimensión de lo indirecto y materializar así, si se
quiere, la transmisión". Y concluye: "En este punto, el pase aparecería
modelado según la práctica del control."
El pase es una descontextualización que se hace fuera del marco
analítico, que está enmarcada en la Escuela, destinataria de esta transmisión.
¿No sería deseable esperar la misma finalidad para el control, para
que el mismo no quede aislado en la pareja control-controlador?
Sobre estos temas está abierto el debate que ha iniciado el Comité de
Acción de la Escuela Una. Queda por lo tanto, marcar las diferencias entre pase y
control. "...en el dispositivo del control el sujeto se presenta como practicante y
en el pase, como practicado, si me permiten; se presenta como analizante, ¿para hacer
verificar qué? Que es analizado".
Todas estas instancias de descontextualización de la experiencia
analítica no están aseguradas, la experiencia analítica tiende a reabsorber los
dispositivos para descontextualizarla como una maldición analítica. Y la experiencia de
la Escuela Freudiana de París es una buena demostración.
Llegamos hasta aquí en las referencias que sobre el control hay en
"El banquete de los analistas". Considero que los elementos expuestos pueden
orientar a una mayor reflexión sobre este tema para el próxima Congreso de la AMP.
c. Sobre la Garantía
Hay tres capítulos que tratan sobre la garantía: capítulo 11
"Del acto a la proposición", capítulo 12 "La Escuela de Lacan" y el
capítulo 13 "La paradoja de la garantía", de clara vinculación con la
formación del analista.
Conocemos la garantía que se deriva de una institución como la IPA,
fundada sobre el nombre del padre, y que Lacan critica en sus artículos "La
situación del psicoanálisis y formación del analista" de 1956 y "El
psicoanálisis y su enseñanza" en 1957. El retorno a Freud es volver a recuperar los
conceptos freudianos olvidados por esta institución, pero Lacan no plantea un retorno a
las formas institucionales, una sociedad analítica sostenida en la fusión del poder y el
saber, de la jerarquía y el gradus, que la lleva a crear una figura, el analista didacta,
que ejerce el poder omnímodo de determinar quién puede ser analista o en quién habita
el deseo de ser analista.
Sobre esta concepción del psicoanálisis didáctico se produce
"la reversión lacaniana" que consiste en afirmar que el psicoanálisis
didáctico es el psicoanálisis propiamente dicho, la forma perfecta de psicoanálisis,
siendo la finalidad propia de un análisis la transformación del sujeto en analista. Esta
concepción del psicoanálisis deja abierta la posibilidad de que surja el deseo de ser
analista. Esta inversión lacaniana se completa con que el psicoanálisis didáctico es la
enseñanza del psicoanálisis. Concluyendo, Miller dice: "...si el final del
análisis es el pasaje del saber supuesto al saber expuesto, es lógico que haya una
conexión estrecha, hasta una identidad entre devenir analista y enseñar psicoanálisis,
lo que se opone evidentemente a la idea de que volverse psicoanalista es aprender a
callarse".
Este cambio de perspectiva va acompañado por el concepto de Escuela,
que junto con el pase "son instituciones hechas para el afuera precisamente, para
pasar del adentro al afuera, o para percibir que el afuera está dentro del adentro".
¿Cuáles son los cambios que introducirá Lacan sobre la garantía? En
el Acto de fundación no hay nada que defina al psicoanalista ni ninguna fórmula sobre la
garantía. Hay en el Acto un agujero en el lugar del psicoanalista de la escuela, está
ausente en dicho Acto. En este agujero se inscribirá la Proposición que intenta definir
la relación de la garantía entre el sujeto y la formación que recibe. En la
Proposición reafirma el concepto que ya estaba en el Acto: "el analista se autoriza
de sí mismo".
En la Proposición se distinguen dos tipos de garantías: una la que se
da sin que se la pidan AME, y otra la que se demanda, que es el pase, que es una demanda
de garantía. Esta demanda apunta a una responsabilidad de la escuela, supone un
reconocimiento y un querer hacer algo en ella. De aquí es que sea una demanda de hacerse
responsable de la escuela, incluso de su devenir, "del progreso de la escuela",
como lo afirma Lacan en la Proposición.
De la autorización a sí mismo pasamos al hacerse autorizar como AE,
que no sólo debe atestiguar en el procedimiento la causa de su propio análisis, sino
también acerca de su relación con la causa analítica.
Las garantías que formula Lacan en la Proposición introducen una
desigualdad, una disparidad, pasando del todos iguales del Acto, todos iguales ante el
trabajo, a tratar de tener un psicoanalista no de hecho sino de derecho a través de la
comisión de garantía o del procedimiento del pase. En este pasaje se desencadena el
problema y la definición de garantía. En el primer tiempo (Acto) está el trabajo y la
formación pero sin ninguna garantía que da cuenta para un sujeto de la formación que le
fue dispensada. En el segundo tiempo, existe un estado de desigualdad de los
psicoanalistas, manteniendo una igualdad en sus derechos asociativos como miembros. La
operación de la Proposición es dar lugar a que la escuela defina lo que entiende pos
psicoanalista. A partir de la aprobación de la Proposición en la escuela de Lacan, todos
los miembros son iguales en su derecho asociativo y desiguales en relación con la
experiencia analítica y al saber. También la Proposición introduce la disyunción entre
poder y saber. El poder, la jerarquía, está compuesto por miembros iguales y tiene dos
grados propiamente dichos: AE y AME; y después hay una mención que es la de Analista
practicante AP, que es simplemente una auto declaración.
¿Por qué usamos el término escuela o sociedad para la institución
analítica? Se supone que una sociedad reagrupa a los analistas en distintos momento de su
formación, lo que ya marca una diferencia con la escuela, pues la escuela se funda en el
carácter problemático de la cualidad de analista. En la sociedad se atiene a la
definición de lo que es un analista. La escuela está pensada para complicar y hacer que
se trabaje sobre esta definición.
La introducción del concepto mismo de AE produce una desintegración
de todos los problemas de reconocimiento: por una lado se distingue el AP, que es quien se
auto declara lo soy - y al que no se le responde lo eres
sino - tú lo has dicho - Por otro lado el AME, al ser autorizado por otros
(comisión de garantía) y plantea un problema de selección, que entra en conflicto con
la estructura igualitaria definida por Lacan en el Acto, y pone en tensión el poder con
el saber.
¿Qué garantiza la escuela? El hecho de autorizarse a sí mismo es sin
garantía de la escuela. Este analista existe a partir de su auto autorización y está
constituido por un soy analista, lo que no impide que en el futuro la escuela
garantice que hay analista, en la medida en que hay un ser del analista en potencia de
pruebas.
Reitero, hay dos tipos de garantía, la dada y la demandada. La dada
AME y la demandada AE. Esto introduce una paradoja en tanto es demandada por un analista
que no dio prueba y para el cual Lacan creó el dispositivo del pase. La otra, la dada, a
partir de la comisión de garantía, desde el lugar de la jerarquía, considera que un
analista de hecho a dado pruebas de funcionar como analista y que con el título de AME
pasa a ser un analista de derecho. Es una garantía otorgada por el Otro a diferencia de
la garantía demandada que no espera nada del Otro, sino que al exponerse al dispositivo
del pase verificará el ser analista, de donde surgirá la garantía en caso de su
nominación.
A partir de la Proposición, Lacan con su noción de la garantía,
elabora un concepto nuevo de la formación del analista, por lo cual la garantía y la
formación están relacionadas una con la otra.
d. Conclusión
He realizado un recorrido sobre los conceptos de control y garantía
que aparecen en el seminario de Miller "El banquete de los analistas" pues
considero que tiene relación con el tema que nos convoca para el próximo congreso de la
AMP, "La formación de analista" y que forma parte de nuestros debates actuales.
Además, está en nuestro poder para debate, dos documentos emitidos por la Comisión de
acción de la Escuela Una: "El principio del control en la escuela" y "El
impasse de la garantía", documentos que apuntan a abrir una reflexión profunda
sobre la formación del analista que pretende reinventar la escuela para el psicoanálisis
de este nuevo siglo.