| Espacio Central Sede de Málaga de la ELP Las bodas del goce y el saber Ricardo Acevedo Málaga - 2001 |
Resulta muy grato en este capítulo, hallar a modo de prólogo, una referencia elogiosa a la ciudad de Granada y en particular a la Alhambra, que viene a servir de apoyatura teórica: "... no sólo es lo más hermoso que hay que ver, sino que es el inconsciente". Lo que sigue son momentos de los distintos apartados, que a modo de resumen abren la posibilidad de una extensión con la bibliografía citada al final. La Naturaleza del Triángulo Se inician las referencias a Spinoza mencionando la importancia fundamental del pensamiento de este filósofo del siglo XVII en la obra de Lacan. En particular al Seminario XI Los Cuatro Conceptos, donde en el primer capítulo "La Excomunión", hace una homologación entre su expulsión de la IPA, con la excomunión , el "kherem", de Spinoza de la Sinagoga. Al finalizar este seminario, en el capítulo XX, Lacan marca la distancia con el filósofo a raíz de la formulación del deseo spinoziano, orientado al amor intelletectualis dei, "que no es posible sostener en el campo freudiano" J. A. Miller refiere a su conferencia en Granada que inició con una mención a la definición de la falta que Spinoza expresa en la carta XXI de su Correspondencia, dirigida a Guillermo de Blyenbergh. Es una concepción muy sorprendente: la privación no es el acto de privar sino la pura y simple carencia, que en sí no es nada; no es más que un Ente de Razón" Esta nadificación de la falta, que la irrealiza conlleva suponer grandes consecuencias; "particularmente no hay motivos para quejarse de nada; todo está entero, todo es perfecto" y así se sostiene en su Etica (libro II, definición 6): "por realidad y perfección entiendo lo mismo". El ejemplo dado es que un ciego no carece de nada; su ceguera no tiene más realidad que la ceguera de una piedra. La idea de carencia es por un efecto de comparación, por lo que queda destituido en su filosofía el conocimiento por comparación (tan caro a Freud) Se aclara a posteriori que esta formulación spinozista de la falta se orienta en su referencia a las matemáticas, "el esfuerzo por percibir el mundo ordenándolo según la demostración de que, el hecho que la suma de los ángulos de un triángulo den dos rectos, se deriva de la naturaleza o esencia del triángulo". Es importante retener esta idea de la esencia, a la hora de su aplicación en la cuestión ontológica. Por ello nos remitimos a la Proposición 57, libro III de la Etica: "Cualquier afecto de un individuo se diferencia tanto del afecto de otro, cuanto la esencia de uno difiere de la esencia del otro". A modo de epígrafe y en latín, Lacan vertió esta proposición en su tesis sobre la personalidad paranoica. En cierto modo podría decirse, tal como afirma Miller, que hay toda una época lacaniana de clínica spinozista, orientada un poco matemáticamente. El Justo y el Ladrón Se reitera la referencia spinoziana, ahora sobre el concepto de Libertad, definida por el filósofo como "un modo de afirmar o de negar" ( Esto lo acerca a nuestra idea de la enunciación; a un modo de decir). En la ética del psicoanálisis hallamos su correlato en la ética del bien decir. Según Miller, para Spinoza la libertad no es la indiferencia y la elección no es ausencia de apremios, sino algo así como una elección forzada. El ejemplo es el que se da en matemáticas en la demostración por el absurdo, buscando la solución de un problema por una vía de la que luego se retorna a la hipótesis que se excluyó". En esta operación no hay pérdida Es una libertad matemática, una noción correlativa al saber. Por ello, a la hora de calificar al justo y al ladrón, se denota que ambos son sin duda perfectos (recordar que no hay falta), salvo que habría más perfección, realidad y grandeza en el justo por ser el que sabe a partir de la causa. (Sabría por ej. el resultado de la suma de los ángulos del triángulo sin tener que repetir la acción cada vez) "En le fondo toda la ambición de la Etica de Spinoza es saber a partir de la causa, lo que confiere justamente un eco spinozista al nombre causa freudiana". Pero en esta nuestra causa, la carencia, la falta, sí existe; es una realidad positiva: la castración en particular y después la privación, la frustración. Este modo de conocer por la causa se orienta para el filósofo, a la consecución de un estado de beatitud, que sería el modo más perfecto de satisfacción. Lacan ubica el goce como una satisfacción. Es su concepción central en la Etica del Psicoanálisis. Es una satisfacción, pero alejada de la beatitud porque no causa placer. La referencia matemática que Spinoza ubica a la hora de saber por la causa orientó a Lacan en aquello de que cada uno es un matema y alentó a que se le conociese, en particular, el matema del fantasma fundamental, que condiciona tantos avatares en la vida de cada sujeto. Conocer por ende, este saber sobre un modo de satisfacción, como lo es el de la pulsión, que viene a condicionar todo lo que un sujeto es "capaz de entender". Subrayamos el párrafo final de este apartado: "Cabe agregar que en el psicoanálisis, la satisfacción no es equivalente al saber" El Inconsciente y la Alhambra Comenta Miller que a la hora de fundar su Escuela, Lacan habría soñado con analistas que fueran de algún modo "justos" spinozianos (aquellos que por saber desde y sobre la causa, tendrían más perfección). Esta perseverancia lacaniana es también compartida con Spinoza a la hora de una postura ética y el hecho de fundarse en un no ceder; en perseverar en su ser. En psicoanálisis se formula como un no ceder en su deseo o en la causa de su deseo. Quizá este saber haría factible la relación del banquete de los analistas con la ciudad de los hombres libres que cita Spinoza. Pero Miller señala la dificultad de los analistas en lo que llama la enfermedad laboral y los estragos que produce. Este párrafo merece una detención especifica para convocar a una muy seria reflexión. Tanto porque opina que los analistas "se creen obligados a respetar el fantasma y el síntoma de cada uno (Digo el fantasma y el síntoma como un compuesto que traduce el modo de gozar)" Recuerda la perspectiva que tenía Lacan respecto al Pase y que era suponer que la interpretación del síntoma y el atravesamiento del fantasma permitían una desvalorización de estos términos "y de ningún modo su santificación". Se propone al no-analista como aquel que podría fundar una transmisión, dado que no estaría aquejado de lo expuesto. Volvamos al hecho del saber. Cuando Lacan formula su definición del inconsciente, lo hace como un saber, un saber hecho de correspondencias de palabras; de significantes. Partiendo de esta concepción Miller hace una cuestión acerca de qué es el saber analítico: ¿es el inconsciente como saber, o es el saber de los analistas sobre el inconsciente cómo saber? Considero que este es otro momento para fecundar el mismo interrogante. Ahora retomamos la referencia inicial a la Alhambra como el inconsciente. De ella se han escrito y especulado de muchas maneras, con muchas teorías y al igual que el inconsciente "es susceptible que todo se interprete a tontas y a locas" dice Miller. Pero hay un otro saber, el ejemplo de los arquitectos, en el que se privilegia un fundamento matemático, un conocer desde la estructura y "aquí está el saber adecuado al inconsciente" excluido de la especulación imaginativa. En cuanto a este saber , decimos que busca responder al interrogante sobre la relación sexual. Las respuestas son del orden de una invención y se clasifican como neurosis, perversión y psicosis. Son respuestas en el lugar donde no la hay. La Formación Si bien el inconsciente sostiene que no hay relación sexual, lo hace sin saberlo "y dice siempre lo mismo... porque no lo sabe!". Y aclara Miller que en este saber también se encuentra algo; se encuentra una repetición. "La tesis freudiana traducida por Lacan de que el inconsciente trabaja para el goce, es lo que comparten Spinoza, Freud y Lacan; esto es, la conexión del saber con la satisfacción". Aquí debemos plantearnos que tipo de "bodas" realizan el goce y saber. Lo que sí queda claro, es que para los tres, no se da el pensamiento que en el saber no se buscaría más que el saber mismo. "Lo extraordinario es que se pueda pensar -ironiza Miller". Ello da pie para reflexionar sobre el uso de esta posibilidad de saber por saber que parece denotarse en el discurso universitario; pero es notorio que el matema del propio discurso universitario devela el designio del amo oculto en el lugar de la verdad. Sería en la ciencia donde sí se daría un saber por el saber mismo "Y cueste lo que cueste!" Este saber sería una voluntad, al que, teniendo en cuenta la indicación freudiana, habría que equiparar a la pulsión de muerte.
Las referencias bibliográficas siguientes son adecuadas para la ampliación conceptual de lo expuesto: - LACAN, J. Seminario XI, "Los Cuatro Conceptos..." En Barral Editores 1977 y Paidos. Cap. I "La Excomunión", pág. 16 y Cap. XX pág. 278. - LACAN, J. Seminario VII "La Etica del Psicoanálisis". En ed. Paidos. Cap. XIII al XVIII. - SPINOZA. "Etica". En ed. Aguilar. - SPINOZA. "Correspondencia". En ed. Aguilar. - MILLER, J. A. "Los seis paradigmas del goce". En " Freudiana" Nº 29 - ALBIAC, G. "Spinoza El amor dei intellectualis; el deseo". En Colofón Nº 12
|
|