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Espacio Central

Sede de Granada de la ELP

La Escuela como concepto

María José Olmedo

Granada, 18 de Mayo de 2001

En El banquete de los analistas, Jacques-Alain Miller propone construir los fundamentos del concepto Escuela y de esa manera darle la dignidad de lo necesario; se propone examinar hasta qué punto la Escuela responde a una necesidad de estructura. A su vez destaca que el término Escuela, hasta el año 1964, era algo inédito en psicoanálisis, y que la introducción del mismo es una consecuencia de la conexión establecida por Lacan entre el psicoanálisis puro y la enseñanza del psicoanálisis.

En ese curso, Miller pretende transformar la noción de Escuela en un concepto fundamental del psicoanálisis y mostrar que responde a la estructura de la experiencia analítica.

Trata de indicar las marcas que hacen de la Escuela un concepto analítico fundado en la clínica del fin de análisis.

Para conseguir ese propósito Miller plantea su hilo argumental a partir de lo que Lacan fijaba como condición de pertenencia a la Escuela, es decir una promesa de trabajo.

x pertenece a E <-> T(x)

E = {x, x, x, x,...}

T(x) -> "a"(x)

Así pues, para poder pertenecer al conjunto Escuela basta con ser un trabajador decidido, tener un proyecto de trabajo; a su vez ser un trabajador decidido implica que ese sujeto se pueda decir analista. El hecho de que la Escuela no obstaculice el que alguien se nombre analista, le hace decir a Lacan que el analista es un supuesto y que la fórmula "el analista solo se autoriza a sí mismo" es un principio del concepto Escuela; principio implícito ya en el Acto de fundación en el año 64.

Miller ubica al acto psicoanalítico en el vasto campo del "autorizarse a sí mismo", campo que se extiende a cualquier parte donde haya invención (poesía, filosofía, arte,...). En este sentido refiere que la noción de Lacan de que "a cada analista le corresponde reinventar el psicoanálisis", está incluido en el principio del autorizarse a sí mismo y que ambos forman parte del concepto Escuela.

Avanza en su desarrollo planteando que el que la Escuela pueda y deba garantizar que un analista proviene de su formación; también forma parte del concepto Escuela y que es de eso, de que el analista que se autoriza a sí mismo proviene de su formación de lo que garantiza la Escuela. Lacan distingue dos garantías, la dada y la demandada; así como una doble relación con la práctica analítica: a posteriori y a priori.

El AE, nombrado por el procedimiento del pase a partir del testimonio de su propio análisis, tiene que hacer una demanda de hacer el pase, entendido como prueba de capacidad. La novedad de Lacan es que su método permite detectar al analista a priori, independientemente de su práctica. Así pues, para Lacan, el momento de concluir un análisis y el instante de verse analista, son las dos vertientes que constituyen el pase.

Por el contrario, el AME es un título otorgado por la Escuela, destacando al analista regular en su práctica, al que dio sus pruebas. Es una habilitación a posteriori, es el analista del momento de concluir. Es una garantía sin riesgo (también sin invención), al contrario de la garantía del pase que es arriesgada y del orden de la conjetura según Miller.

La existencia de la Escuela para Miller implica una gran paradoja a la que se aproxima a partir del discurso analítico y de los siguientes argumentos:

  1. El pase concebido como una caída de las identificaciones del sujeto.
  2. La teoría de la identificación en Freud como lo que permite la constitución de los grupos humanos.
  3. El predicado i(x) como equivalente a decir que el sujeto está identificado ("es identificable" dirá Miller en otro momento); y como otra manera de escribir S1/$.
  4. En esta perspectiva, el fin de análisis entendido como una desidentificación, como condición de que el analista pueda funcionar como tal.
  5. La noción de que el analista opera con su deseo, entendido como una incógnita, significa que es capaz de hablar sin identificarse.

Siguiendo el hilo argumental de Miller, y partiendo de la definición del final de análisis por su objetivo, es decir, desidentificar al sujeto, se puede concluir:

  1. Estar identificado le permite al sujeto formar parte de los grupos.
  2. Un analista es un sujeto que ya no está identificado.

Esto plantea una paradoja, salvo que se demuestre que ser analista no es una identificación. Según Miller, son tres las posibles soluciones para el sujeto cuyas identificaciones han caído al final de un análisis. La tercera vía es la que indica Lacan: la posición del analista orientada por el objeto a como elemento refractario a la identificación. Distingue dos modalidades en esta tercera vía:

  1. Desde la posición de a identificarse con el desecho, asumir la posición cínica pura. Posición calificada por Miller como la del nuevo amo.
  2. Ante la emergencia de este nuevo amo, la vía que propone Lacan es la Escuela, ser miembro de ella bajo la égida del trabajo. En lugar del amo solitario y cínico la propuesta es la del trabajador.
    La paradoja del concepto Escuela es proponer una identificación para el desidentificado. La definición ampliada de la identificación, donde están incluidos los tres niveles en una escritura única, le permite a Miller hacer de la identificación una condición de pertenencia a un conjunto.

i = {S1/$, a--a', $<>a} (Fórmula ampliada de la identificación)

i(x) <--> x pertenece a E

[Léase iota en lugar de i]

Ahora bien, el final del análisis pone en tela de juicio los tres niveles de la identificación. Con la negación del predicado i(x) resume las diferentes fórmulas del sujeto resultante de la experiencia analítica.

El sujeto modificado en este sentido por la experiencia analítica es analista independientemente de su práctica. Hay un signo de equivalencia entre la negación del predicado i(x) y el predicado a(x); siendo a el predicado analista que es la negación de todo lo que hay dentro de i, de la fórmula ampliada de la identificación.

De las fórmulas anteriores se deduce: a(x) <--> x no pertenece a E, x no pertenece a ningún conjunto. Fórmula que traduce la imposibilidad del grupo de los analistas.

La paradoja es concebir a la sociedad analítica como conjunto de analistas. Una de las soluciones que propone Miller no solo no resuelve la paradoja sino que la pone en evidencia y consiste en definir "el conjunto de los que no pertenecen a ningún conjunto": E*.

x no pertenece a E <--> x pertenece a E*

De esta manera el conjunto Escuela posee la estructura de la paradoja de Russell. Este conjunto diferente llamado Escuela no permite concluir que haya allí un analista, sino algo del orden de una incógnita: ?(x).

Luego, esta fórmula: x pertenece a E* <--> a(x) "¡Está por verse!", dice Miller.

Suponer este nuevo tipo de conjunto implica, en términos lógicos, que no sea segregativo y que incluya a los a y a los no no a. Miller define a la Escuela como el espacio donde se discute el predicado a y esto solo se puede hacer con la condición de que el no analista esté en la Escuela y no sea exterior al analista.

Miller distingue el funcionamiento de la Escuela del de una sociedad, donde uno sabe con quién se trata. En la Escuela no se está tan seguro; no hay un predicado compartido, sino el peligro de un predicado que siempre se puede discutir. Precisa que lo propio de la Escuela de Lacan no es saberlo todo, sino justamente no saber la definición del psicoanalista. Insiste en que hay que distinguir entre funcionar como analista y ser analista, distinción entre la función y el ser en la que se basa el procedimiento del pase.

Siguiendo con su argumentación lógica, afirma que, de manera implícita, funciona un rasgo identificatorio, y que a ese nivel lo que Lacan ofrece a los miembros de la Escuela, es la identificación con el trabajador: x pertenece a E* <--> T(x), x es un trabajador decidido, uno que trabajará, no que trabajó.

Destaca la necesidad de distinguir entre grupo y lazo social para que el discurso analítico alcance su estatuto. Recuerda que el discurso analítico funda un lazo sin grupo, sin obscenidad imaginaria a --> $, lazo que no se funda en una identificación del lado del analizante ni del lado del analista.

Concluye Miller diciendo que la experiencia analítica es el ejemplo que nos obliga a distinguir entre el lazo y grupo, lo que ofrece la posibilidad de que la Escuela sea un lazo que no daría grupo.

 

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