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Espacio Central

Sede de Málaga de la ELP

Comentario al capítulo VII "Los cuatro conceptos"

José Antonio Naranjo Mariscal

Málaga - 2001

 

La introducción de este cap. está dedicada a un trozo de la historia del psicoanálisis: la participación de Lacan en el congreso de Mariembad, donde conoció a Goebbels, el paso de Freud por París y la decisión de Lacan de no ir a conocerlo.

Pero ya en el primer epígrafe del cap. la historia se hace presente: Miller "comenta los comentarios" sobre los inicios de su relación con la hija de Lacan -¡a estos detalles esa historia del psicoanálisis se ve obligada a descender!

Desde aquí se esboza la forma que Freud tuvo de concebir la institución que legaría a los analistas: la IPA se articula alrededor del padre, padre que Freud no pudo sobrepasar ni en la teoría ni en la práctica, tanto clínica como institucional. Es por ello que Lacan dirá: "Sostenemos que las sociedades existentes se fundan en ese real. Partimos del hecho, que parece perfectamente plausible, de que Freud las quiso tal cual son".

Es ahí donde el deseo de Freud, deseo no analizado, se plasmó. Si Freud asentó su institución en el padre, Lacan quiso la suya extra padre.

Pero para sobrepasar a Freud, Lacan no dejó de alentar y practicar un retorno a Freud, como momento necesario: no hay separación sin pasar previamente por la alienación. El deseo de Freud, pues, no era el deseo del analista. La –x- no estuvo preservada.

Si Lacan fijó el psicoanálisis entre religión y ciencia es porque es necesario pasar por el padre, como en la religión, para pasar de él, como en el ciencia. Si cuestionamos el estatuto científico del psicoanálisis, lo que no podemos cuestionar es que es, al menos, una práctica, ya que delimita un campo, campo que lo es de una experiencia.

No sólo confluiría con la religión, sino con la mística, en tanto en esta está presente el agujero. La diferencia es que en la mística es un puro indecible, del que se goza, podemos añadir. El agujero es zona erógena en Freud, y en Lacan es el lugar de lo real, real que como hors-sens busca un significante, que como el insulto, trataría de alcanzarlo. Pero en el psicoanálisis, no se trata de insultar a lo real, sino de hallarle un matema –de ahí que la Iglesia haya llevado mal el saber de la ciencia, en tanto la Iglesia siempre intentó preservar ese agujero, o mejor, taponarlo con un plus de sentido.

Hablamos de la alienación y separación porque la tarea de Lacan no fue la de la repetición de lo mismo freudiano, sino un esfuerzo por hacer matema de los conceptos freudianos. Se trató de superar el tabú al padre, de mutar los conceptos del padre...de la buena manera, haciéndolos matemas: es lo que el epígrafe 2 llama "La metáfora lacaniana".

Y es en el epígrafe 3 donde J.-A. Miller se hace cargo de lo que da título al capítulo que nos tocó comentar. Aborda los sagrados conceptos freudianos, esos cuatro conceptos fundamentales. De este epígrafe 3 y del 4 extraemos algunos puntos.

Primero.- La transferencia no es la repetición, como el inconsciente no es el ello.

El inconsciente es sintaxis, por lo que Lacan en una primera etapa lo igualó a la repetición. Es estructura, combinatoria presubjetiva, el discurso del Otro, es automaton. ¿Y el sujeto? Lo que no marcha, tropieza.

Segundo.- Lo anterior no se entiende si no se diferencia el inconsciente como saber, S2, y el inconsciente como falla, temporalidad, $, como sujeto.

Tercero.- La dimensión del inconsciente como sujeto introduce la dimensión ética en psicoanálisis: la $ supone que no todo está en el discurso del Otro, que el sujeto juega. No hay solo una ontología –lo que es-, sino una preontología, el querer ser, la ética.

Tercero.- Que la repetición entendida como el automaton, entendida como retorno de los signos, está animada por lo que falla. En otro seminario Miller dirá: "¿Lo nuevo de Freud? Toujours la même chose". Hay repetición porque no se alcanza lo que una vez fue. No se repite el pasado. Es la falla como causa: la repetición no encuentra lo que busca repetir.

Cuarto.- ¿Por qué repetición y transferencia no son lo mismo? Porque la repetición es del orden del uno, y la transferencia del orden del dos: pone en acto la realidad sexual del inconsciente, que no es otra que el (a). Lo que la repetición falla, la transferencia lo trae en bandeja...solo que tapado.

En otro lugar J.-A. Miller dice algo que hace punto de capitón de lo anterior: la repetición es el funcionar del inconsciente para protegerse de lo real, su forma de no querer saber.

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