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Espacio Central

Sede de Granada de la ELP

Introducción a El banquete de los analistas

José Luis Chacón

Granada, Marzo 16/2001

         

 Tratando de guardar las formas del estilo milleriano, he elegido para esta presentación varios puntos a desarrollar o, al menos esbozar, con la intención de poder establecer después un tiempo para el banquete entre nosotros que no sea simplemente tomar cervezas. Tiempo para el simposium que etimológicamente significa beber con alguien, tiempo también para el intercambio de pareceres sobre la Escuela y los psicoanalistas. Un espacio –central- en donde puedan oírse muchas y diferentes voces, como una gran conversación.

Como Miller dice, no se puede agradar a todo el mundo, menos aún si se trata de una Introducción. Por ello es posible que alguna de las cosas que otros pensaban decir en sus intervenciones, estén adelantadas hoy. Confío en que se trate tan solo de esto: una introducción, un brindis de este simposium, de este banquete, antes de comenzar.

Para ello propongo varios puntos:

  1. De los significantes
  2. Del texto y los contextos
  3. Las escansiones
  4. El deseo del analista
  5. La interpretación y el acto analítico.

Punto 1. De los significantes. Como todos sabéis, el título de este Curso es una doble alusión Platón-Lacan puesto que éste lo había tomado para referirse a la transferencia y el ágalma; pero Miller también, y ya desde las primeras páginas, propone otros posibles títulos que hubieran servido: Divagaciones, creo que IX, tomando como punto de partida la muerte de Lacan. Toma esa responsabilidad que le ha dejado el vacío, el silencio, esa falta, desde 1981 fecha en la que recomienza su Curso. Pero también podría haberse titulado Comvivium, Simposium, Comer, beber, amar, como la película de Wayne Wang, o la Jauría de los analistas (Pág 153) o esa devoración implacable de los analistas por los analistas mismos. También banquete, de banquetto para sentarse, hace referencia a esas tres patas de las que en el Campo Freudiano se hablaba en aquellos años en torno a finales de los noventa: La Escuela, El Instituto del Campo Freudiano y la red de Bibliotecas. Pero también otras tres patas que ya Lacan había propuesto anteriormente: Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y recensión del Campo Freudiano.

El banquete, en fin, es el título elegido para referirse al Grupo no totalizable de los analistas. Miller llega a decir (Pag.13) que podría ser el síntoma de los analistas. Como sabéis el prefijo "symp" significa "con" por lo que simposium, como ya he dicho, remite a beber o brindar y comvivium a vivir juntos, estar juntos pero síntoma es "volver a caer con", la coincidencia. Síntoma, pues, de algo que se consume.

Existen también, desde las primeras páginas, múltiples alusiones a la obra de Erasmo, Dante, Moliére, Sade, Shakespeare, Pitagoras y Spinoza pero sobre todo, hay dos banquetes diferentes en Psicoanálisis: el banquete de Freud y el banquete de Lacan (Pág 21): el de Freud es un banquete totémico. Como señala Ton Vienes en él abundan "las palabras no dialógales: fórmulas rituales, frases murmuradas, expresiones sin sentido y letanías. En él se practica una degradación general de la palabra porque lo importante pasa por otro lugar: la devoración del cuerpo del padre muerto que garantiza la identificación con el grupo. Se trata en este caso de una identificación al grupo bajo la ley de la culpa, identificación esta que pone freno al ejercicio del amor, del odio o la ignorancia."

El banquete de Lacan prescinde del Padre muerte a condición de saber valerse de él. La identificación al grupo es un real, en donde lo éxtimo ocupa un lugar central. El esfuerzo institucional de Lacan, que nunca llegó o pudo poner en practica en su integridad, fue el de trastocar completamente las relaciones entre dentro y fuera, a partir, precisamente, de topologías. Intentó poner el afuera en el interior mismo de la Escuela y hacer del dentro algo exterior. De ahí que Miller llegue a decir en su curso que la Escuela es muy importante para dejarla solo en manos de los analistas. Llamando así a los no analistas a que ocupen un lugar que será fundamental. Pero también advirtiendo a los A.E. que están convocados al banquete para hablar y recuperar el vínculo de la causa con el tiempo lógico. Dice Vicens " Al AE le compete encontrar los significantes válidos para la causa en el discurso de la época".

Punto 2: al que he llamado Del texto y los contextos en el que no pretendo ser exhaustivo pero si señalar algunos de los aspectos que subyacen en el desarrollo del Curso que nos ocupa entre Noviembre de 1989 y junio de 1990. Miller considera esta fecha clave para repensar de nuevo y en voz alta, a cielo abierto como dirá más tarde, el Psicoanálisis puro y el pase. Ese es el sentido de lo que apunta Silvia Tendlarz en Freudiana nº 30 sobre la lucidez de Miller para vislumbrar la dialéctica inherente a la comunidad analítica, que desembocará en la preparación del próximo Encuentro Internacional Bruselas 2002. Yo voy un poco más lejos: Creo que eso ya estaba presente en las Jornadas Ornicar? que se celebraron en Barcelona en el año, creo 80, aún en vida de Lacan. En el primer número de la revista Ornicar? en castellano ya fueron elegidos, entre múltiples artículos, los que hacían referencia al pase, al fin de análisis y las diferencias que se pueden advertir entre Freud y Lacan en torno a este punto. Muy tímidamente pero ahí están. Se trata, pues, posiblemente de discusiones del núcleo de jóvenes en los que Lacan confiaba que a finales de los ochenta se reunían con él para establecer cual sería el futuro de la Escuela y el Psicoanálisis. Más de veinte años en progresión, desde entonces, hasta la creación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y la Escuela Una para no moverse de lo que es el corazón del psicoanálisis, el ombligo de la Escuela, el problema central de la política del analista: el deseo del analista y su acto.

Volviendo al Curso, hemos de decir que comienza justo unos días antes de la reunión del Consejo de la Escuela para tratar el asunto de Gerard Pommier. No sé si vosotros recibisteis misivas de Pommier. Desde hacía meses, tal vez más de un año o dos, del comienzo de este curso de Miller, Pommier se dedicó a remitir cartas a todos aquellos que estuviésemos en no sé que mailing. En ellas difamaba a JAM por lo que, según él, había sido una utilización más que inadecuada, contra su persona, de un secreto, un material, de análisis de un español, un catalán, que más tarde en la crisis abierta con Colette Soler, y el debate suscitado en torno al fin de análisis y el pase, estaría en el ojo de huracán. Según Pommier, esa persona habría denunciado, bajo secreto de análisis, que él preparaba un complot, la organización de un grupo ajeno al Campo Freudiano en Valencia. Lo cierto es que el banquete de los analistas en Valencia no cesa de inscribirse. Se siguen produciendo comilonas pantagruélicas que solo bajo la atenta mirada de E. Laurent cesaron o se redujeron. Las próximas Jornadas de la ELP que se celebraran allí es un buen momento para verificar lo bien que se come allí...

Pero, además, Pommier ya había escrito un libro publicado en castellano y tuvo cierta incidencia en su difusión en España. Más tarde otro publicado en Francia en el que difamaba a la familia de Miller trató de ponerlo a la venta en la librería de las XVII Jornadas de la ECF celebradas en París, creo, en el Otoño de 1988. Pommier monta en cólera derribando el puesto de la librería y es desalojado del edificio. Se propone enviar una nota a la prensa que nunca llegaría a publicarse por deseo expreso de él mismo. Pommier es convocado para el 13 de Noviembre de 1989 por el Consejo de la ECF.

No es extraño, pues, que JAM en su estancia en Granada y en las propias Conferencias de la Alhambra, hiciera referencia a la manzana de Eva, el Pommier de la discordia, y en sus paseos por los jardines del Partal ironizara o mostrara su furia y preocupación. Pero, lejos de ser un ajuste de cuentas con Pommier u otras personas, de lo que se trata en este Curso que nos ocupa es de proseguir una clínica del discurso analítico que había esbozado Lacan y nunca llegó a poner en práctica. Se trata, en fin, de una investigación, una reflexión iniciada ya en vida de Lacan como apuntaba antes, sobre los analistas entre sí que hace solidaria la política del analista con la cuestión del fin de análisis. En mi opinión Miller pone en acto la política esbozada por Lacan sobre el fin de análisis y el pase en la Escuela.

 

JAM hace, precisamente, su pase en Granada. En esa Sala espléndida que de alguna manera tenía que ver con su entrada en el discurso analítico: Le fou d´Elsa y el Seminario XI. Frente a aquellos que lo llamaban el yerno de Lacan, el padre de los nietos, el heredero, marido de la hija... Miller, que durante muchos años habló en plural, de manera especial junto a E. Laurent y otros, comenzó a hablar en primera persona.

En ese contexto, a primeros de Diciembre, escribe y pone en circulación, Acero el abierto. Allí expone claramente que la crisis de la Escuela es una crisis de los fundamentos que no requiere su disolución sino la renovación del pacto inicial. Dice Miller: "Hemos entrado en la Escuela por Lacan, hemos permanecido en ella sin él. Esta es la matriz de la crisis".

Punto 3. Las escansiones. Propongo, a partir de los puntos anteriores, las siguientes fechas y actos como escansiones en la reflexión sobre la Escuela y el Psicoanálisis:

1963. Expulsión/Excomunión de Jacques Lacan de la IPA.

1964. Seminario interrumpido sobre los Nombres del Padre del que solo dio una sesión. Desarrollo del Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales. Por recomendación de Louis Althusser, JAM asiste al Seminario y hace diversas intervenciones en él. En este Seminario, como ya he señalado y todos conocéis, hay alguna referencia a Granada a través del poema de L. Aragon con el que prácticamente Lacan inaugura el Seminario. Término acuñado de Reconquista del Campo freudiano tomado posiblemente de esa obra.

1964. Tan solo tres días antes de concluir el Seminario está datado el Acto de Fundación.

1973. Casi diez años después, se publica el Seminario XI, texto establecido por JAM. Es el primer Seminario editado con el visto bueno de Lacan.

1980. Acto de disolución de la EFP y comienzo de la ECF. Publicación de la Carta para la Causa Freudiana.

En este mismo año se celebran las Jornadas Ornicar? en Barcelona a las que me he referido. Se publica Ornicar? en castellano con las referencias aludidas.

1981: En septiembre, y debido a un cáncer de colon, fallece Jacques Lacan. Que había desarrollado junto a sus incondicionales además del establecimiento del Seminario? Mi opinión es que unos años antes de su muerte se puede constatar en Lacan -y en el círculo que configurarían la ECF- un deseo por construir la Escuela que retomaría el Campo dejado por Freud a los infieles: de ahí el concepto de Reconquista del Campo Freudiano, la figura de Judith que comienza a tomar cuerpo a partir del Encuetro en Caracas, etc... Por todo ello Lacan depositó toda la confianza en Miller no solo por lo que respecta al discurso sino también al grupo.

1990. Se abre un debate en Francia que luego se traslada a Italia y, en cierto modo, a España, sobre la legislación que autoriza el psicoanálisis. Después de diez años, la ECF entra en crisis y se refunda a la vez que se crea la EEP.

 

Como sabéis el Curso de Miller comienza a partir de la muerte de J. Lacan en 1981. El banquete es dictado justo antes de la refundación de la ECF y de la creación de la EEP. Casi diez años más tarde establecerá otro significante, otra divagación, Política lacaniana (1997/8), y un año más tarde la AMP y la Escuela Una. En el 2000 la creación de las Escuelas en Italia y España.

Punto 4. El deseo del analista. Un deseo inédito. Al comienzo del curso, JAM comenta que es a partir de un vacío, aquel que le ha dejado la ausencia física de Jacques Lacan, lo que ha hecho que tome la palabra, que dicte, de nuevo, su Curso. Se trata de sostener un discurso que se pregunta por el deseo del analista, por el concepto mismo de Escuela. Quién sostiene el Curso sino los propios asistentes?. La escucha, el amor,... el lazo social. Sin embargo resalta la paradoja porque se trata de aunar el grupo, los analistas, y algo que, por el mismo efecto de discurso, no pueda llegar a darse por completo. Así, en las primeras líneas de su Curso, Miller habla de aquello que le es insoportable en su relación con el Psicoanálisis. Siempre se está solo con relación a la causa analítica, por eso tal vez esas referencias al Lacan del año 1964 pero también al mismo Freud por aquello que tanto le gustaba decir: "Vivimos, como soñamos, solos". Solos estuvieron Lacan y Freud, rodeados de canallas. Por ello JAM ironiza en su Curso llegando a decir que la IPA fue un aparato de contención de los psicoanalistas para impedirles que perjudicaran al propio psicoanálisis. Pero como Miller

decía un año más tarde de las Conferencias de la Alhambra, retomando a Lacan, e identificandose con Carlos V y su proyecto europeo, venció el discurso. Venció el deseo del analista que no retrocede frente a lo insoportable que es, precisamente, que no hay relación: que el Otro está tachado, que no hay Otro del Otro, que no hay relación sexual.

Así, pues, el analista está solo frente a la causa, frente a su propio objeto causa del deseo. Y no obstante se encuentra junto a otros analistas en grupo. Lo peor? Los analistas contra el mismo psicoanálisis (Pag11/12). Por ello el eje de este Curso es el deseo del analista, un instrumento del psicoanálisis que no puede refugiarse en lo indecible. Dice Miller: "el final de análisis tiene que ver con el agujero pero hay que saber si se pasa de lo indecible al matema o se permanece en la fascinación del agujero y si uno se hace le distraído, cuando justamente se trata de elaborar lo que se puede decir de eso y transmitirlo". (Pag 128/129)

Pero, como decía Platón, y nos recuerda Miller, la virtud no se enseña. Entonces ¿que se puede transmitir? El deseo,... el deseo inédito que aparece en análisis, el mismo hecho de no retroceder... Es necesario, pues, verificar que pueda haber transmisión y eso es, precisamente, el pase.

En esto coinciden la ética del Psicoanálisis y la ética de Spinoza. No -claro está- en el pase sino en "perseverar en su ser" (Pag 72). "Lacan -dice Miller-formula un eco: no ceder en su deseo o no ceder en la causa de su deseo, lo que significa: ¡Objetos matemáticos, sobre todo, no tengan alarma! "

(Pag 72) y en la Asamblea de la ECF del 2 de Dic. de 1989 en la que se votó por la suspensión de G. Pommier "¿Más allá del fantasma es posible que el psicoanálisis no fuera indigno del hombre justo de Spinoza? Aunque no sea sostenible por nosotros..." (Uno x Uno7/8). No es extraño, entonces, que Miller equivocase la correspondencia, al venir a Granada. Miller estaba trabajando en Spinoza cuando cometió un lapsus. Este lapsus le sirvió para testimoniar, en cierto modo, su pase del que todos fuimos testigos.

5.La interpretación y el acto analítico. La interpretación apunta al acto analítico y, por excelencia, este es el de al destitución del Sujeto supuesto saber. La caída del velo de las identificaciones, el atravesamiento del fantasma fundamental y la identificación a algo que es del orden de lo real: la identificación al síntoma como irreductible. El deseo de saber sostiene el acto analítico.

Lacan, como señala Toni Vicens en la reseña que hace de este Curso, nos mostró que el análisis de cada cual se acaba: es al análisis finito: Por otro lado está el análisis que no cesa nunca: el de la Escuela. La Escuela es el auténtico analizante del discurso analítico. El discurso del analista pone la causa a analizar la Escuela.

El acto analítico, el pasaje de analizante a analista, ha de estar en todo análisis que se precie de tal: De este acto han de dar cuenta los AE. Son analistas de la experiencia que hace la Escuela en tanto afectada transferencialmente por la causa analítica. La causa, como real, dice T. Vicens, es anterior a la ley, es la abertura misma de lo real. El discurso de la ciencia nos exige un ejercicio de saber que traduzca ese real a términos de ley que, como tal, siempre será no-toda porque está atravesada por los desfiladeros libidinales del significante. Esto es lo que Miller desarrolla en los cap. XVII y siguientes.

Este curso se centra en el deseo del analista, en el pase y en la Escuela que es del pase porque no se refugia en lo indecible. Pasar de lo indecible al matema y hacerlo trasmisible pero ¿para quién? Sin duda hay que buscar el lugar del psicoanálisis entre los otros discursos y de ahí la nueva apuesta por el Psicoanálisis puro, pero sobre todo ha de transmitirse al grupo. Sólo que el grupo y la causa a veces son contrarios. A veces, incluso, el grupo es contra el propio grupo, en contra de su propia causa, es el caso como señala Miller del banquete de los lobos al que ya he aludido. Toni Vicens llega a ser más radical: "la introducción de la causa, por su relación al psicoanálisis como particular, hace imposible el grupo". Dónde se encuentra la ley pacificadora del grupo? Tal vez la IPA ya lo hizo. Tal vez Freud ya se propuso como Padre muerto. Lacan, en cambio, a través del signif. N del P. Propuso una Escuela en la que puede prescindirse del padre a condición de saber valerse de él. Este es el saber, en mi opinión, presente en toda interpretación que apunte al acto y en este sentido hay una ética inherente.

Sin duda hay un imposible para que los analistas formen grupo pero imposible significa real. No retroceder. No retroceder frente a lo real en juego del grupo es la tarea de la Escuela. Creo que eso es precisamente lo que muestra Miller en este Curso: su figura no solamente es fundamental para el sostén del discurso de Lacan sino también la puesta en acto de la Escuela del pase y la transferencia de trabajo que, aunque Lacan pudo nombrarla y esbozarla, en ningún caso pudo volver a ella y articularla.

 

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