| Espacio Central Sede de Granada de la ELP La transferencia de trabajo Javier Garcia Orcero Granada, 18 de Mayo de 2001 |
Estoy feliz por el hecho de haber sido invitado, por el Secretario de la Sede de Granada de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP), Juan Carlos Ríos, a participar en este delicioso Banquete de los analistas. Feliz, igual o más que en la anterior participación (sobre el Enquiridión), y eso porque también en este Banquete "se juega el destino de la Escuela", en tanto se trata en él de una "apuesta por llevar el trabajo de Escuela más allá de los impasses inherentes al grupo analítico... un grupo siempre fundado en su propia imposibilidad lógica". Felicidad entonces, y cierta satisfacción también, al comprobar (como acaba de reseñar Jesús Ambel) la enormidad del trabajo ya "transferido"; no hay mas que ver las resonancias granadinas de este Banquete de Miller, envidia de los colegas de otras latitudes, que nos remiten al año 1989. Bueno, el tema que me ha tocado desarrollar es: La transferencia de trabajo. Lo haré del siguiente modo. Me he limitado a seguir las preguntas de Miller, acerca del tema, en El Banquete de los Analistas, pero no he encontrado ni mucho menos todas las respuestas a esas preguntas. De ese modo, y con el objetivo de intentar obtener, con la participación de ustedes, algunas luces, repasaré dichas preguntas según el propio hilo que creo lleva Miller en su seminario. Hay también alguna referencia a las conferencias de Miller en Granada ese año, y poco más.Entre ciencia y religión. Partimos, como lugar común, de la formulación siguiente: La Escuela está fundada en la transferencia de trabajo (Cf. p. 174). A partir de esta formulación surgen las preguntas de las que hablaba, que son las siguientes: 1º.- ¿Qué se transfiere? 2º.- ¿Quién transfiere? 3º.- ¿A quién lo transfiere? 4º.- ¿Cómo se produce esa transferencia? 1º.- ¿Qué se transfiere?, o también, ¿de qué tipo de transmisión se trata? "La tesis de la transferencia de trabajo apunta a la transmisión de lo que el psicoanálisis enseña" (p. 172), a la transmisión del saber psicoanalítico, a la transmisión del inconsciente, en tanto el inconsciente es "un saber que trabaja" (C-p. 28). "La pregunta sobre la transmisión del saber psicoanalítico encuentra [entonces, dice Miller] una primera respuesta, si se admite la definición lacaniana del inconsciente como saber" (C-p. 22). Esa definición, según Miller, exige "distinguir el saber psicoanalítico del saber de los psicoanalistas" (C-p. 17), "supone no confundir saber con conocimiento, porque hay saberes sin conocimiento" (C-p. 22), como efectivamente lo es el saber psicoanalítico del inconsciente. Y hay también otros saberes concebibles, como el saber de los psicoanalistas, un saber "de tipo matemático, un saber de la estructura, de su objetividad" (C-p. 24), un saber con conocimiento que podría intercambiarse felizmente. Sin embargo, "entre los psicoanalistas, el intercambio de saber no funciona, porque lo que intercambian en general son maniobras institucionales... Por eso, para Lacan, la función del no analista fue central en lo que llamó la Escuela. Es debido a la necesidad de una transmisión exotérica y no esotérica" (C-p. 31). Bien. "El saber psicoanalítico es el inconsciente,... que es un saber de la articulación de los significantes" (C-p. 17), un saber de correspondencia entre las palabras (C-p. 22). Es "un saber que no se define por el conocimiento, porque el conocimiento es un saber que se sabe" (C-p. 17), cuando el inconsciente es un saber que no se sabe. El problema con el que nos encontramos entonces es "la forma en que se transmite ese saber inconsciente" (C-p. 24). Miller (y aquí entramos en el tema) formula "el camino, que no es el del trabajo de transferencia nombrado por Freud, sino al que Lacan se refiere como una transferencia de trabajo, [a saber] que el trabajo mismo sea transferido" (p. 172). La expresión transferencia de trabajo se explica "a partir del hecho de que hay un trabajo que se transfiere" (p. 180). Es el trabajo mismo el que "constituye el objeto de la transferencia" (Übertragung en alemán), cuyo sentido original es el de pasaje, desplazamiento. Lo que "pasa" en la expresión transferencia de trabajo es, justamente, el trabajo; "transferencia de trabajo es pase de trabajo" (p. 181). Con otras palabras. "Transferencia de trabajo significa que [en esa transmisión de lo que el psicoanálisis enseña] no basta con transferir los resultados, las conclusiones, los contenidos; ni siquiera alcanza con transferir el matema... Por supuesto, hay [en esa transmisión] una transferencia, incluso [llega a decir Miller que] el matema es la posibilidad de una transferencia integral de la letra" (p. 173). O también podríamos decir que de lo que se trata es de "transferir un estilo". Miller dice que "tratándose de transmisión, hablar de estilo es hablar de transferir trabajo, de transferir un estilo de trabajo... Transferir un estilo significa que no se transfieren los contenidos, no se transfieren las fórmulas,... transferir un estilo equivale a transferir trabajo" (p. 173). Y como veremos luego, "la tesis de la transferencia de trabajo versa asimismo sobre la transmisión del deseo de saber, con el trabajo que implica" (p. 175). 2º.- ¿Quién transfiere? En una Escuela de psicoanálisis, donde hay psicoanalistas (lo son la mayoría), los que transmiten el saber analítico son los analistas. La transferencia de trabajo, dice Miller, parte en primer lugar de los analistas, pero no en tanto analistas. Porque, ¿el analista, trabaja? "El analista no ocupa el lugar del trabajo en la experiencia analítica" (p. 182), sino que esa posición la ocupa el analizante. Entonces, si bien el analista no trabaja en la experiencia analítica, el hecho es que puede haber transferencia de trabajo, en tanto "la tesis de la transferencia de trabajo no apunta a él en su función en la experiencia analítica... sino [que apunta] a su función en la enseñanza del psicoanálisis, que lo sitúa en una posición homóloga a la del analizante" (p. 174). "El trabajo en cuestión... [en la transferencia de trabajo, es] el del analista, pero de algún modo como analizante, como enseñante" (p. 182). "La tesis de la transferencia de trabajo en el fundamento del concepto de Escuela no concierne al analista en tanto amo sino como trabajador" (p. 174). 3º.- ¿A quién lo transfiere? Miller hace a lo largo de todo el texto una comparación de la Escuela con la Ciencia y con la Religión, "un tema persistente en el que hay que detenerse", dice (p. 180). Esto recuerda el Capítulo 1 de Lacan en el Seminario XI, donde sitúa al psicoanálisis "entre ciencia y religión". Esta comparación está en el centro del problema de la transmisión, en saber si esa transmisión se hace del modo en que la realiza la religión o mas bien al modo en que la efectúa la ciencia, o de un modo que no sea ninguno de esos dos. Tenemos que, por un lado "el psicoanálisis se parece a una iniciación [del tipo de las de la religión], porque se transmite de uno en uno" (p. 170). Y como Miller señala, de un modo tajante (Cf. la dogmática), "la enseñanza del psicoanálisis sólo puede transmitirse de un sujeto a otro por medio de la transferencia... el saber sólo se transmite por Eros" (p. 172). Pero también señala Miller que, en Televisión, Lacan "habla de transmisión a todos, por medio del matema", y cuando se pregunta sobre si los resultados en la experiencia analítica pueden fundar una ciencia positiva, Miller recuerda que Lacan respondió en 1948 que sí: "Sí, si la experiencia es controlable por todos" (p. 171). El problema es, dice Miller: "¿Cómo pasar del uno por uno al todos? ¿Cómo pasar de la experiencia analítica, cuyo fundamento es no hablar mas que a uno solo, a enseñar algo, a tener ciertos resultados, a la enseñanza para todos? ¿Cómo se transfiere eso a todos?" (p. 171). Y dice: "En este lugar se incribe la tesis de la transferencia de trabajo", que plantea la transmisión, ya que no de un sujeto a todos, al menos de un sujeto a otro o a otro o a otro, esto es, como parece que dirá después Miller (aunque yo no lo entiendo del todo), "una transmisión por recurrencia de lo que el psicoanálisis enseña" (p. 171). 4º.- ¿Cómo se produce esa transferencia? O también: "¿Qué se necesita para que el trabajo se transfiera?" (p. 173). Ya hemos apuntado que la tesis de la transferencia de trabajo incluye la pregunta sobre la transmisión del deseo de saber. Miller enseña que esa pregunta acerca de ¿cómo puede, el psicoanálisis, transmitir el deseo de saber?, es una pregunta que "renueva la problemática del fin del análisis" (p. 175). Para transmitir el deseo de saber (con el trabajo que implica), lo primero sería, dice, que el analista trabaje. Sólo de ese modo "no nos encontraríamos, en el corazón del final del análisis,... una transferencia de pereza sino de trabajo" (p. 176). Lo que Miller va a indicarnos ahora, si he leído bien, es que el final del análisis es completamente distinto según encuentre su solución: a) por el lado de la identificación, es decir, por el lado de la transferencia analítica; b) en segundo lugar, los finales de análisis en términos de liquidación de la transferencia o de caída del sujeto supuesto saber; c) y en tercer lugar, los finales de análisis por el lado de la transferencia de trabajo. Esta indicación de Miller, que vamos a desarrollar ahora, nos permite distinguir perfectamente la transferencia de trabajo de la transferencia analítica: "la trans-ferencia analítica descansa en lo que el otro sabe y, [además], ... se hace para otro" (p. 176), mientras que la transferencia de trabajo se hace para los otros (uno u otro u otro), "para todo el mundo, incluso para los que aún no están" (p. 177). Es decir, la transferencia de trabajo no se dirige al saber supuesto del otro, sino que se dirige al no saber, a la falta en el Otro, se dirige al significante del Otro tachado, S(% ). En la tesis de la transferencia de trabajo, entonces, precisamente, "se trata de saber qué se hace con S(% )". Lo que Miller dice que tendríamos que ver es, ni más ni menos, si "puede extraerse de S(% ) la consecuencia del trabajo", si podría darse el caso de que, al final del análisis, se obtuviera "un sujeto que se vale de S(% ) para un trabajo, sobre el fondo de su ignorancia y de que el Otro no sabe. Para eso, si la Escuela es lo que debe ser, [ese sujeto] se enlaza a ella. [Y desde entonces, para él], consiguientemente, la causa analítica es un lazo indisoluble" (p. 177). Identificación, Exducción, Inducción. Como vengo de decir, Miller distingue tres categorías de la teoría del final de análisis: "la primera la de la identificación,... la segunda la del desengañado [luego la llama de la exducción]... y finalmente, en tercer lugar, el analista lacaniano... el engañado, el incauto, el analista exducido que asume la inducción de volver a la Escuela" (p. 188-9). Vamos a verlas, para ir terminando. La primera categoría de la teoría del final de análisis es la de la identificación, y hay que tomarla por el lado de la transferencia analítica. Esta categoría se basa en que la transferencia, que para Lacan es "un asunto de amor y de saber" (p. 191), se define (en el psicoanálisis, a partir del analista como Sujeto supuesto Saber), como "cierta relación con el saber que es causa del amor" (p. 191). De ese modo, la primera de las tres categorías se sustenta en el amor al saber. Y lo que sostiene ese análisis al final no es el deseo de saber sino el amor al saber "como transferencia y como trabajo de transferencia" (p. 189). Miller nos hace entender que ese tipo de sujeto, "al vérselas con el saber ignorado del inconsciente, responde con amor... el amor de transferencia" (p. 190). Ese es el lado típico de la transferencia analítica, que es la transferencia como amor. En efecto, el saber ignorado, S2, "tiene efecto de amor, [en tanto que ese saber] es lo que le da sentido a S1, que representa al sujeto" (p. 191). De ese modo lo normal es que esta categoría de la identificación se exprese en la forma: "me gustaría ser como mi analista" (p. 187). Pero Miller mismo señala que esa categoría, más que un final de análisis, es la prueba misma de que el análisis no ha concluido. Se trataría entonces, dice Miller, de situar, "en la perspectiva de la suposición de saber que instituye la transferencia, la desuposición de saber en el final del análisis" (p. 190). Dado que se definió la transferencia como una suposición de saber (que descansa en el saber supuesto), se concluye que en el final del análisis hay caída del sujeto supuesto saber y así "se puede calificar el final del análisis de desuposición de saber" (p. 189). "Desuponer el saber es la oportunidad de... estar en una relación explícita con el saber, que ya no pasa por el amor" (p. 190). En efecto, si el sujeto entregado a la experiencia le supone el saber al otro, y ama ese saber supuesto, ahora que ya no le supone más saber al otro es cuando puede llevar el análisis a su término (en ese final de análisis que produce un analista, que transforma en analista al sujeto), es decir, puede desear saber lo que suponía que el otro sabía. El verdadero final de análisis, "el pase, está justamente más allá del amor al saber... [está allí donde] comienza el deseo de saber, que pasa por el trabajo para producir saber... Se trata de pasar del amor al saber al trabajo por el saber" (p. 191). "En el pase todo reside en la emergencia de una relación con el saber que ya no tendría efecto de amor, pues el que tiene ese efecto es el saber escondido, ignorado, supuesto... [mientras que aquí se trata] de un saber a cielo abierto, enseñable a todo el mundo" (p. 192). En este punto nos enseña Miller la diferencia entre la enseñanza y la práctica del psicoanálisis. "En el análisis, el saber [supuesto] sirve de inducción al amor... En la enseñanza, en cambio, [el saber expuesto] debe inducir al trabajo" (p. 192). Una variante interesante que señala Miller (y que nos recuerda casos concretos) es "cuando para un sujeto el saber ya no es inducción al amor (a la transferencia)... y tampoco al trabajo... [entonces] puede ocurrir que sea inducción al odio" (p. 192). Ahí "se forja el odio al saber a cielo abierto...[y en cuanto que Miller encarna] una voluntad de trabajo del saber a cielo abierto, puede explicarse..." [dice], el odio que algunos sienten por él. Pero él sigue siempre proponiendo para la Escuela "la disputa a cielo abierto" (p. 192-3). Entonces, segunda teoría, la teoría de la exducción. Miller nos dice que, "al concepto de identificación, como la conducción del otro al mismo", se le puede oponer otro, "un ideal, un valor, que llamaría de exducción... cuyo objeto sería conducir al analizante fuera del análisis" (p. 184). "En el psicoanálisis hay un objetivo exductivo, y en realidad tal vez sea esto lo que debemos teorizar" (p. 184). "Las teorías de la exducción... del final del análisis... hacen hincapié en lo que lleva al sujeto fuera de la experiencia analítica y se oponen, por ende, a las teorías de la identificación... [en tanto estas teorías de la exducción llegan a afirmar que] el final del análisis lleva a un fuera de la transferencia" (p. 187-8). Basándose en que Lacan definió la transferencia a partir del sujeto supuesto saber, y apostando por que la desuposición de saber (que ocurre al final del análisis) es homóloga a la liquidación de la transferencia, estas teorías no conciben otro final de análisis posible mas que el sujeto desengañado, en "esta forma de exducción que conduce fuera de la transferencia y del saber al mismo tiempo, especialmente del supuesto saber del amo" (p. 188), y concluyen que la necesaria desuposición de saber debe redoblarse con un fuera de la transferencia. Así que, si bien "toda la problemática del pase está sin duda atrapada entre la identificación y la exducción" (p. 186), lo que Miller nos dice es que Lacan no propone para el final de análisis ni una teoría de la identificación, ni una de la exducción, sino que propone una teoría de la inducción (p. 188). Lo que pasa es que en su aspecto inductivo el pase presenta un problema, que Miller formula así: "¿por qué alguien que hizo la experiencia de un análisis y vió el poco de ser del analista en el final querría permanecer en el psicoanálisis dirigiendo curas?" (p. 187). Miller se pregunta ¿cómo es posible que "habiendo pasado por un análisis y visto disolverse la ilusión de la transferencia... después de haber percibido que la captura del deseo no es mas que la de un deser... y habiendo verificado el deser del analista... vuelva a esta experiencia para hacerse cargo de ella?" (p. 187). Yo, personalmente, tengo que decir que esto lo entiendo bien poco. Transferencia de trabajo Para terminar digamos que (orientando la lectura de Lacan) Miller propone como el fin en el análisis la teoría de la inducción. En ese sentido, la transferencia de trabajo puede ser considerada una inducción, y hay que saber distinguirla bien de la identificación y de la exducción. (Y a partir de esto podemos sacar ejemplos de casos particulares que conocemos todos). Entonces: Primero: inducción no equivale a identificación, por mucho que parezca que volver al análisis como analista sea equivalente a volver a identificarse con el analista de uno. Desde luego, hay parentesco entre inducción e identificación (en la línea de considerar la identificación como "fundamento de todo lazo social", p. 181), y por tanto pensar que también "la inducción tendría que terminar en la identificación; [y que] en definitiva, [también] la transferencia de trabajo sólo sería imitación del Uno" (p. 183). Pero la inducción se distingue de la identificación porque no es lo mismo identificarse con el analista en la cura que identificarse con él en la enseñanza. El objetivo de la enseñanza de Lacan es la inducción al trabajo; es el trabajo de la inducción al trabajo. Y no se trata de una identificación, sino de un pase, lo que implica en primer lugar que se ha producido ya cierta salida de la transferencia en el sentido del fin del amor al saber; es decir, que "en el pase hay siempre, sin duda, un aspecto exductivo" (p. 189). Segundo: si el fin del análisis contempla necesariamente un aspecto exductivo, debemos poder distinguir claramente inducción de exducción. "La salida de la transferencia es el fin del amor al saber; pero es un error creer que es el fin del saber. Al contrario, es el final de su culto"... "Es el final del culto al saber ignorado, que descansa en el horror al saber. Desde esta perspectiva el amor al saber no es mas que el velo del horror al saber, es decir que la transferencia es el velo de la represión" (p. 193). O sea, dice Miller, "tanto lo que cae en la vertiente exductiva como lo que se adquiere en la inductiva concierne al saber"; se trataría de dos aspectos de la misma cuestión, un aspecto en menos y un aspecto en más. "El aspecto en menos [de la vertiente exductiva]... es el horror al saber, y lo que se gana [en la vertiente inductiva] es el deseo de saber" (p. 189). Finalmente, dice Miller, "el pase... es solidario de una teoría de la transferencia fundada en el saber, en la que el pasaje del amor (y del horror que conlleva el saber) al deseo de saber, debe estar acompañado de un pasaje del saber supuesto al saber expuesto. Y la exposición del saber es el verdadero nombre de su desuposición" (p. 194). Y más adelante, casi con las mismas palabras: "la teoría del pase como salida de un análisis es solidaria de la teoría de la transferencia a partir del sujeto supuesto saber, y no traduce una simple liquidación de esta ni del saber supuesto, sino [que traduce] el paso del saber de un estado de suposición a un estado de exposición... [con lo que], correlativamente, la transferencia también se invierte, va del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo" (p. 197). Tercero: De ese modo, la teoría lacaniana del pase se convierte para Miller en un "elogio del analista inducido, aquel que vuelve a la comunidad" (p. 195). "Así, la cara positiva del pase es el deseo de saber ¡como trabajo! Y no es un deseo que viene solo sino que, como todo deseo, es el deseo del Otro. Por eso hace falta una transferencia de trabajo... [Así es como], al final del análisis, se plantea la cuestión del deseo de saber como pulsión de saber" (p. 193). A vuestra salud. Por la parte de la transcripción, Javier García Orcero.
J-A. Miller, Capítulos IX, X y XI de El Banquete de los analistas, del 24 y 31 de enero y del 7 de
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