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Espacio Central

Sede de Granada de la ELP

La Escuela como concepto y como experiencia

Juan Carlos Ríos

Granada, 18 de Mayo de 2001

 

"Una vez que estaba durmiendo vino uno que me robó el goce..." 1

J-A Miller

Una marca de este curso de Miller, de este banquete,2 es la consideración de que "es posible establecer la política institucional de Lacan a fin de extraer lecciones para el futuro (279)". Emplazados estamos a trabajar sobre el pensamiento y la experiencia de Freud y Lacan para darle su verdadero peso y lustrosas consecuencias.

La Escuela, dice Lacan en el 69, es uno de los niveles con los que ha intentado hacer que haya psicoanalistas que no sean imbéciles.3 No se trata con la Escuela de atraer a la gente hacia un agujero de escuela. Se trata, según plantea Miller en la página 214, de querer hacer de la Escuela un concepto del psicoanálisis válido para nosotros. Puesto que hay lacanianos con y sin Escuela, se trata -añade Miller- de examinar en qué medida la Escuela responde -o no- a una necesidad de estructura. ¿Qué escogemos al elegir la orientación lacaniana?

Si Miller plantea (p.38) que este "Banquete" está edificado sobre la transferencia, yo recibo un primer envite cuando leo que el concepto lacaniano de Escuela provocó una singular "virulencia clínica", es decir, que el empujón que Lacan da al psicoanálisis con su concepto de Escuela fue nocivo y perjudicial para la salud y las buenas costumbres al plantear su Escuela con los no analistas dentro. Siendo precisamente la inclusión de los no analistas lo que distingue a una Sociedad de una Escuela. La cuestión de fondo que puede leerse es que frente al precepto de la iniciación Lacan produce la Escuela como concepto, así lo leo en la pág. 41 cuando se advierte de la posibilidad de reducir el psicoanálisis a no se más que una iniciación.

Por otra parte el encuadre político es que la creación de la Escuela freudiana de París está asociada a la puesta en cuestión del Nombre del Padre, en particular, del Nombre del Padre Freud (p.126). Miller lo dice muy claro: "Lacan levantó su Escuela fuera del padre" (p.125), y lo dice también muy fuerte "... el deseo de Freud en el psicoanálisis no era el deseo del analista" (p.126), tanto que cabría preguntarse ¿el deseo de Freud en el psicoanálisis no era ir contra la represión? ....

Pero por qué levantar su Escuela fuera del Padre. ¿Qué obstáculo era el padre? Si sabemos que Lacan (así lo señala Miller en Comentario del seminario inexistente, p. 15) presenta el nombre del padre como el principio del método clínico y como el factor decisivo en la conducción de una cura. Cito a Miller en el texto referido: "...reconocer, ... distinguir el padre simbólico, el padre imaginario y el padre real implica las consecuencias más fuertes en la conducción misma de la cura". Entonces edificar su Escuela fuera del padre no quiere decir obviar lo señalado sino -como aclara Miller (p.130)- ir más allá del mantenimiento religioso de los términos empleados por Freud. Se trata -si no me equivoco- de pasar del amor al saber al trabajo por el saber (p.190), es decir que la formación de su Escuela y la introducción del concepto de Escuela en el psicoanálisis (p.205) "es precisamente una consecuencia de la conexión entre el psicoanálisis puro y la enseñanza del psicoanálisis, de la identidad de estatuto del psicoanálisis didáctico y de la enseñanza del psicoanálisis, del hecho de que esta enseñanza pasa por la transferencia de trabajo" (Ver trabajo de Javier García).

Si nos fijamos en el Acto de Fundación (21 de junio de 1964) la palabra trabajo aparece unas veinte veces4, por el contrario no hay mención alguna a nada que defina al psicoanalista ni a la habilitación de éste. La palabra clave entonces en esta institución -nos dice Miller en la página 207- es trabajo. "La Escuela apareció en el campo freudiano como un espacio destinado a poblarse en nombre de un trabajo... es una llamada a los trabajadores decididos, y la Escuela misma es definida por un objetivo de trabajo, no cualquier trabajo, sino del que se hace en nombre del deber y la verdad, y esto implica resistir y criticar los compromisos de este deber y las desviaciones de esta verdad".

Aquí es donde entra en escena nuestro conocido pequeño grupo de trabajo, el cartel. Miller lo sitúa con todo rigor recordándonos (p.207) que "en el Acto de fundación... de la Escuela todo el acento está puesto en establecer sobre qué institución descansa la Escuela. No descansa sobre jurados ni sobre colegios; el único órgano verdaderamente especificado como órgano de la base es el cartel, que se define como pequeño grupo de ejecución de trabajo".

Y el segundo envite, que sigue siendo el primero pero dicho de otra manera, que recibo en este banquete es descubrir que el padre está muerto desde siempre y que casi podría decirse que somos hijos del concepto de Escuela de Lacan. Leo en la 208: "No hay una palabra de este "Acto de fundación" para formar una Escuela de analistas, sino se trata, por el contrario, de una Escuela de analistas y de no analistas. Es lo que implica el concepto mismo de Escuela, y es lo único que permite distinguir entre iniciación y transmisión. Si es necesario haber compartido la misma experiencia para saber lo que significa, se está en la iniciación o, en todo caso, nunca se puede probar que no se está allí. Solo tiene su oportunidad la transmisión si se dirige a aquellos que no compartieron la misma experiencia; de modo que la invitación de Lacan es a "quienes, psicoanalistas o no, se interesan por el psicoanálisis en acto"

En la página 233 Miller va a señalar que la palabra concepto le parece justa, en tanto que la Escuela como concepto designa un apresamiento, una captura en un espacio cerrado que se puede representar en un círculo sobre papel. El concepto de Escuela produce una división, un adentro y un afuera. Miller lo explicita en la página 235, señalando como "para saber si fulano o mengano debía pertenecer a la Escuela había que ver si estaba decidido a comprometerse en un trabajo concerniente al campo abierto por Freud".

La Escuela como concepto incluye, según señala Miller en la página 239, tres nociones elementales, a saber: a cada analista le corresponde reinventar el psicoanálisis (Lacan 1978), el analista se autoriza a sí mismo y, la tercera noción elemental que la Escuela como concepto debe incluir es señalada en la página 241, a saber, que la Escuela "puede e incluso debe garantizar que un analista proviene de su formación", piensa Miller que esta Escuela si no diera garantías no se ajustaría al concepto lacaniano de Escuela.

Se nota que entramos en el terreno de las desigualdades (la desigualdad introducida por las letritas AP, AME, AE), venimos de la igualdad de los trabajadores decididos y ahora se asoma la Escuela como experiencia inaugural. Miller descompone el doble tiempo de la creación de la EFP en la páginas 216-218 para mostrar la estructura: primeramente la Escuela del "Acto de fundación", la Escuela de la igualdad; y en segundo lugar, la "Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela". Y la cuestión que plantea Miller es un problema político sumamente importante: cómo ir del concepto de Escuela hacia el matema o cuasimatema, es decir, "¿cómo pasar de la igualdad a un estado de desigualdad, y que todo el mundo lo acepte?" (Ver trabajo de María José Olmedo)

Miller lo plantea en la página 218 con una pregunta: "¿Cuál es exactamente la desigualdad que introduce?" y ahí nos encontramos con letritas: AP, AME, AE. Es decir que "esos que hace un rato eran trabajadores en adelante son clasificados según el lugar que ocupan en la experiencia psicoanalítica, lo que significa que se tiene en cuenta algo distinto que el trabajo".

Es decir que la Escuela (p. 257) concebida como concepto, concebida en su estructura lógica paradógica (p.249), como el conjunto de los que no pertenecen a ningún conjunto (p.256), es una experiencia que Lacan llama experiencia inaugural. Así podemos leer en el "Acto de fundación", apartado siete, "De la Escuela como experiencia inaugural" lo siguiente: "A quiénes puedan interrogarse sobre lo que nos guía, les revelamos su razón. La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto al otro sino por las vías de una transferencia de trabajo. Los "seminarios", incluido nuestro curso de Altos Estudios, nada fundarán si no remiten a esa transferencia. Ningún aparato doctrinario, y en particular el nuestro, por propicio que sea a la dirección del trabajo, puede prejuzgar sobre las condiciones que serán su resto."

Vemos entonces como las desigualdades, las diferentes letritas, los distintos títulos, devienen según la relación de cada cual con la experiencia analítica (p. 220). Y este sentido puede leerse en la "Proposición..." cuando señala, por un lado, que la Escuela garantiza que un psicoanalista surge de su formación y, por otro, el analista que quiere esa garantía deberá "volverse responsable del progreso de la Escuela, volverse psicoanalista de su experiencia". Miller en la página 269 lo aclara al plantear que los psicoanalistas de la Escuela son psicoanalistas de la experiencia de la Escuela, es decir, algunos que podrían hacerse cargo de la causa analítica.

La Escuela está hecha entonces para alojar esta causa, y en el concepto de Escuela está la noción de una colectividad de un género nuevo que sea adecuada para el discurso analítico en tanto aloja la causa analítica, es decir, que la Escuela deber permitir al analista sostener su posición en el discurso analítico (p. 265 y 259).

Y para que no nos despistemos Miller nos lo ilustra convenientemente (p. 262): La IPA -nos dice- convierte el "a" de la posición del analista en significante del analista, hacen de "a" "S1", por el contrario, del lado Lacan, no la sociedad de los amos sino la Escuela de los trabajadores convierte el "a" en "S2". No identificación del lado del analizante ni identificación del lado del analista, se trata de que la Escuela como experiencia (p. 261) "nos obliga a distinguir entre lazo y grupo, y nos ofrece la noción de un lazo distinto del grupo, lo cual conduce a reflexionar sobre la posibilidad de que la Escuela sea un lazo que no daría grupo".

Si el plan IPA (p.301) era y es hacer girar la manivela de la práctica y pare usted de contar. El plan Lacan es salvaguardar el psicoanálisis y -como lo indica en el "Acto de fundación"- hay un deber que le toca al psicoanalista en nuestro mundo, es decir, que el plan Lacan incluye ocuparse de ese deber dando cuenta del inconsciente allí dónde no se espera.

Como el psicoanálisis no es una experiencia inefable (383) ni misteriosa, su saber no puede ser inciático, ni enseñarse por las vías del goce5. Es de nuevo la materialidad del significante quien nos da la vía y orienta, pues la Escuela producida como efecto del significante6 tendrá mucho que decir en la formación de los psicoanalistas.

Para concluir señalar que la Escuela como "concepto" y la Escuela como "experiencia" aseguran no eludir dos preguntas fundamentales: ¿Qué es un analista? y ¿qué es el psicoanálisis?. Y el punto que creo resume y condensa estas dos cuestiones lo encontré en la página 219, cuando Miller dice "la escuela es coja". Por un lado tendríamos -así me lo recordaba Adolfo Jiménez- que no hay más causa que de lo que cojea, es decir que la Escuela cojea en tanto no tiene una respuesta estándar a las dos cuestiones planteadas más arriba. Por otro lado si lo leemos junto obtenemos que "la escuela escoja". Aquí entraría de nuevo la cuestión que planteaba al principio ¿Qué escogemos al elegir la orientación lacaniana?, cuestión que hoy respondo con otra pregunta: ¿En qué medida la elección de Escuela determina la calidad del psicoanalista?7

 

NOTAS

1.- Jacques-Alain Miller, "Comentario al seminario inexistente", pág. 41.

2.- Jacques-Alain Miller, "El banquete de los analistas", todas la páginas indicadas en el texto.

3.- Jacques Lacan, "De otro al Otro". Seminario inédito, clase del 15 de febrero de 1969.

4.- Ver la sesión de apertura de "La Escuela y su psicoanalista" -primer Seminario del Campo Freudiano en Andalucía- llevada a cabo por J-A Miller el 27 de octubre de 1990.

5.- Jacques Lacan, "... o peor". Seminario inédito, clase del 10 de mayo de 1972.

6.- Jacques-Alain Miller, "Teoría de Torino acerca del sujeto de la escuela".

7.- Pregunta formulada a partir de lo planteado por J. Lacan en "Situación del psicoanálisis en 1956", página 442 (Escritos I): "Pues si hemos podido definir irónicamente el psicoanálisis como el tratamiento que se espera de un psicoanalista, es sin embargo ciertamente el primero el que decide de la calidad del segundo".

 

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