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Espacio Central Sede de Granada de la ELP El andaluz distraido Jesús Ambel Burgos Granada, 18 de Mayo de 2001 |
Al comienzo de esta intervención muestro mi alegría porque hace un año se creara la ELP y porque aquel acto haya provocado que exista este Espacio Central" de la Sede en Granada de la Comunidad andaluza de la Escuela. Desde entonces, participo en la puesta en marcha de una serie de iniciativas que coloco en la estela de renovación del entusiamo que la cita de Madrid me produjo y que contribuye a tener una base de trabajo de Escuela en la ciudad. Si me paro a pensarlo, creo que han bastado una serie de citas y una serie de temas comunes con otras Sedes de la ELP para que ese trabajo tenga una orientación precisa: estoy advertido de mis costumbres. Especial importancia tiene, en mi opinión, este "Espacio central" que hemos calcado de otras Sedes de la ELP. Lo pienso como un lugar de encuentro en el que llevar el trabajo de Escuela más allá de los impasses inherentes al grupo analítico, un lugar para el saber expuesto en el que abordar los temas de la Escuela de la que formo parte y también una provocación a formular algunos de los problemas actuales de la formación del analista en nuestra comunidad y en nuestra ciudad. Para ese trabajo de formulación que me he impuesto esta tarde, he tomado como referencias el curso de J-A Miller sobre "El banquete de los analistas", su "Intervención sobre el mutualismo" y el reciente texto sobre "La Escuela sujeto". Voy a comenzar por plantear un hecho (en psicoanálisis, los hechos son hechos de palabra). Es cierto que trabajamos el mismo texto que en otras latitudes, que hemos puesto en marcha, con renovadas energías, actividades que sostenemos con transferencia de trabajo (dar lugar al trabajo de otros). Es igualmente cierto que asistimos a encuentros y jornadas con los colegas de otras latitudes, pero es un hecho también que en el vector que enlaza nuestra Sede con la ELP falta algo. El problema, desde mi punto de vista, no es que algo falte (porque la falta es la condición del deseo). En psicoanálisis pensamos que no es la falta la que hace "de la vida un infierno", lo que hace daño es el excedente. Para poder pensar este problema de lo andaluz en nuestra Escuela, mi punto de partida va a ser una definición que nos proporciona J-A Miller en la página 77 del "Banquete": "una formación es una empresa de dominación del goce a partir de un saber". Entiendo entonces como un ejercicio de formación este intento de formular, de llevar al saber algo de lo real en juego en mi formación como analista. Planteada la formación de los analistas como una empresa, podemos pensar que toda empresa está orientada por una política. Miller señala que la política del Campo freudiano en estos años ha venido marcada en términos de facilitar la transferencia de la tecnología del pase. El pase estaba precisamente en cuestión (en los primeros años 80) al comenzar mi andadura psicoanalítica. En el torbellino psicoanalítico parisino me dejé orientar por el esfuerzo de J-A Miller (y de otros) por recoger la joya del pase de la cuneta en la que otros lo habían tirado. En esos años, aquí, en Andalucía y en Granada, era la época de los Seminarios de Oscar Massota, de Sara Glasman, de Germán García y el tiempo de las primeras fundaciones (la Biblioteca de Granada se creó en 1983). Tiempos también de nuestras primeras presencias en la ciudad (las actividades en el Centro artístico y las Jornadas del 1985 en la Escuela de Enfermería) y de nuestros primeros encuentros andaluces (Jornadas de 1987 en Málaga). Era la época de contar cuántos éramos y dónde estábamos (la Coordinadora del Campo freudiano en Andalucía) y también el tiempo de proseguir el análisis personal... Ese trabajo andaluz, aquel entusiamo, ese tiempo, esos lugares, son los antecedentes de que pudiéramos formar parte, en los primeros años 90, de la Escuela Europea de Psicoanálisis, la Escuela necesaria para que la demostración de la lógica de una cura fuera posible y su Grupo "andaluz" contingente para que con sus "estudios" nos formáramos como analistas. Me propongo pensar los diez años que van desde esa fecha hasta la creación de la ELP (2000) precisamente ahora que ya no hay Grupo andaluz de la EEP. Y me propongo pensarlos a la luz de lo que está sucediendo, ahora, con lo "andaluz", para ver si un movimiento de retroacción puede ayudarme a formular las dificultades que hemos tenido y actualmente tenemos con ese real de nuestra formación como analistas y aprender algo, en consecuencia, sobre la articulación por venir de las tres Sedes andaluzas de la ELP, de nuestra Escuela nueva. La costumbre puede conducirme a pensar los hechos en el orden de lo mismo. Pactos, ruptura de pactos, parroquias, aliados, traiciones, acusaciones de dejar caer las cosas, propagación de rumores allende las instancias de la Escuela, búsqueda de aliados exteriores que alivien del malestar interior, fortificaciones al cobijo de los Seminarios del ICF, sentirnos miembros de la Escuela de allí pero obviar la de aquí..., sigamos... podemos seguir, es la costumbre. Podemos hacerlo. De hecho, cada uno puede sustraerse o puede pensarse ajeno a estas nuestras costumbres que hoy nombro. Pero si las nombro es porque también son las mías y porque estoy dispuesto a conversar con ustedes sobre estos asuntos que nos competen y que tienen que ver con nuestra formación como psicoanalistas. Me ocupo, en fin, de estos asuntos, los nombro, trato de formularlos, porque hago el esfuerzo de pensar nuestra Comunidad y nuestra Sede en relación a la sesión analítica en vez de pensarla desde una perspectiva profesional o sociológica como si fuéramos miembros de una profesión liberal agrupados para defender nuestros intereses y rivalizar entre nosotros. Propongo que nos dejemos sorprender pensando algo diferente. ¿Por qué no ponernos a trabajar sobre lo andaluz a partir del discurso analítico? ¿Por qué no pensar que "lo andaluz" es uno de los nombres con los que se presenta para nosotros, aquí en Andalucía, la imposibilidad lógica del grupo analítico? Creo que si pensamos nuestro andaluz y granadino banquete de analistas en términos del fin del análisis entonces la cuestión se vuelve seria. Y podemos preguntarnos con propiedad por la experiencia de Escuela en esta historia de 10 años y hacer un esfuerzo para formularla, precisamente, en tanto ejercicio de formación en psicoanálisis. ¿Por qué no pensar las cosas, por ejemplo, a partir de preguntarnos qué han producido estos años de psicoanálisis en Andalucía y en Granada? Se trata, lo sabemos, de una experiencia analizable como lo es toda experiencia de Escuela que se refiera a la enseñanza de Jacques Lacan. Una experiencia analizable, como nos indica Miller, en términos de "represión y en términos de sorpresa, con interpretaciones après-coup, actings-out, sus alienaciones y sus separaciones". Se podrá así ver, por ejemplo, cómo nos hemos defendido del inconsciente durante estos años hasta llegar a este momento en el que la forma que adopta esa defensa se puede nombrar, según creo, en términos de represión de lo andaluz. Sostengo que, en la actualidad, el sujeto analítico andaluz está deprimido. Hace poco más de un año (justo antes de la Creación de la ELP) fue testigo mudo de una crisis (desatada precisamente en una conversación sobre lo andaluz) que vino a poner la guinda en el delicado equilibrio de la realidad (transferencial) andaluza. Se actualizaron, de esa forma, las líneas de tensión de siempre presentes en su imaginario colectivo: rebajó a nivel geográfico y personalizó la dialéctica entre lo uno y lo múltiple, contrapuso el saber supuesto y el saber expuesto (en beneficio del primero) y constató que "todo estaba permitido". Las instancias vacilaron entonces, en un ejercicio de descalificaciones y llamadas desesperadas al Otro conciliador y los andaluces tomamos, según la costumbre, la decisión de regresar, de recluirnos, de fortificarnos en grupos y subgrupos locales como modo de hacer frente a lo insoportable que de siempre había estado en juego en nuestra formación analítica (lo real es lo que se repite). De hecho, lo "andaluz" dejó de servir para comerciar con la Escuela y con el Otro social. El saber dejó de ser inducción al amor y lo fue al odio. Un año después de aquel acontecimiento traumático, la cuestión es que el sujeto analítico andaluz se niega a luchar, todavía. Tenemos una rémora con respecto a la política de la ELP que ya ve cómo otras comunidades y sedes emprenden con entusiamo el trabajo por realizar. Una rémora que se pone de manifiesto no sólo al nivel de la gestión (les recuerdo que el GEA-EEP todavía no está disuelto a nivel jurídico) sino también (y esto es lo más importante) al nivel de la transferencia de trabajo en relación a la política de Escuela que implica el pase: se instala lejos, muy lejos, la verificación del trabajo, el control de lo que hacemos y la formulación de sus resultados. Para ese espacio de debate que abren los documentos de la EU, por ejemplo, se nos queda corto el ámbito de una Sede. Es como si el pase de todos los días fuera un asunto que se dirimiera siempre fuera, ya sea en Paris, en Madrid o en Barcelona... Como si aquí, todavía, todo pudiéramos permitírnoslo con tal de llegar "con fuerza" a las reuniones nacionales donde argumentar nuestro odio contra los colegas que no nos prestaron su apoyo en la guerra civil... La ausencia de Comunidad andaluza de la ELP también se nota, tras un año de funcionamiento local, a la hora de la definición y de la ejecución de una nueva política del psicoanálisis en las ciudades, porque no se han formulado las consecuencias que para cada ciudad tuvo la crisis andaluza del año pasado. En la ciudad de la Alhambra, por ejemplo, hemos regresado a los tiempos de la "división granadina". Se han producido no pocas manifestaciones de descalificación y de odio y la represión de lo andaluz es aquí más feroz si cabe, con el peligro cierto de enrocamiento de la mitad de nosotros en uno de nuestros recursos como modo de protección frente a lo inmombrable. El retorno de las costumbres no ha impedido, sin embargo, que las actividades nos convonquen, que trabajemos en ellas, que seis nuevos socios nos acompañen o que una nueva hornada de estudiantes y profesionales participen continuadamente en las actividades de la Sede. Me consta que estamos haciendo un esfuerzo para abordar el problema como corresponde a analistas que llevan tiempo de análisis y han aprendido, por lo menos, a hablar. La división granadina no es un obstáculo serio a la transferencia de trabajo si hacemos el esfuerzo de considerar que es el objeto a el que la produce. Lo andaluz está ahí, a la vuelta de la esquina esperando a que, de nuevo, lo abordemos como corresponde. Si durante diez años (1990-2000) el grupo andaluz se ha beneficiado de las mejores energías libidinales de los granadinos (con consecuencia limitadoras para la propia ciudad), es hora de formular, en una doble labor de análisis, nuestros pecados originales en la propia ciudad (la exclusión de la clínica y la excesiva expansión sin control en la cultura universitaria) de manera que esa tarea analítica de formulación permita, a la par que los colegas de otras ciudades, levantar la represión sobre el significante andaluz que nos nombra para la Escuela y relanzar nuestro deseo. Si como señala Miller, la pulsión de muerte se encarga de deshacer el conjunto para que los elementos se dispersen, hagamos el esfuerzo de analizar cómo volver a relacionarnos con algo de lo real de nuestra formación sin necesidad de reprimir un significante que nos representa ante la ELP, mas allá de la demanda de que nos lo impongan por decreto (no hay, en esta Escuela, "una ley de formación"). No estoy proponiendo una renuncia sin más al goce oscuro que encubre la formación del inconsciente que hoy nombro, propongo su análisis, propongo pasarlo al saber. "El psicoanálisis necesita psicoanalistas para existir, psicoanalistas bien orientados que contribuyan a ello, o que al menos no se opongan a su crecimiento", dice Miller en la página 302 del texto que hoy nos convoca. La orientación la precisé al comienzo de esta intervención: se trata del pase. También podemos pensar que hay pase cada vez que se produce una subjetivación après-coup. "Todo consiste en saber, nos indica Miller en la página 129, si se pasa de lo indecible al matema o si se permanece en la fascinación del agujero; si uno se hace el distraido, cuando justamente se trata de elaborar lo que se puede decir de eso y transmitirlo". Este es mi trabajo en este Espacio Central de la Escuela, en este espacio tan nuevo y tan alejado de nuestras costumbres. Se trata, queridos colegas, de un asunto que compete a la formación del analista y que no podemos abordar desde la represión, en una Escuela lacaniana. |