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Espacio Central

Sede de Granada de la ELP

ESCUELA - CONCEPTO - FORMACIÓN

María José Olmedo

 

 

Voy a tratar de esbozar la relación existente entre la formación del psicoanalista y la Escuela que garantiza de dicha formación. Para este propósito me remito al texto de los Escritos "La situación del psicoanálisis ..." en donde Lacan afirma que la calidad del psicoanalista depende de la situación del psicoanálisis y ésta a su vez tiene que ver con la asociación que lo representa y lo transmite.

En este texto Lacan denuncia la lamentable situación del psicoanálisis en el 56 en el sentido de la degradación de los conceptos freudianos y la falta de aportaciones novedosas hasta esa fecha.

A lo largo de este Escrito hace un recorrido por los hitos de la teoría psicoanalítica, haciendo hincapié en que los términos freudianos "satisfacen las exigencias del concepto ya que son idénticos a la estructura de la relación analítica y a lo que se capta en ella, es decir el significante"; los califica de conceptos poderosamente articulados entre sí y que no responden a un saber intuitivo.

En su crítica a la IPA señala que a pesar de la clave que da Freud a propósito de la subordinación de la función imaginaria a la determinación simbólica, el psicoanalista se adentra cada vez mas en la relación dual; así como que las formas del ritual técnico se valoran más en función de la degradación de los objetivos. Añade que la deficiencia teórica apreciada en la doctrina nos muestra el defecto de la enseñanza.

Lacan hace referencia también a que la entrada a la comunidad analítica del momento se hacía a partir del psicoanálisis didáctico y que es en el seno de éste de donde surge la teoría del fin del análisis a partir de la identificación con el yo del analista.

Lo dicho hasta ahora querría enlazarlo con las aportaciones de Miller en El banquete de los analistas a propósito de su intención de querer transformar la noción de Escuela en un concepto fundamental del psicoanálisis y mostrar que responde a la estructura de la experiencia analítica, tratando de indicar las marcas que hacen de la Escuela un concepto analítico fundado en la clínica del fin de análisis. Clínica del fin de análisis que difiere radicalmente de la propuesta por la IPA.

 

En el texto del 56, en ese recorrido que hace de los conceptos, Lacan describe el marco teórico de la teoría psicoanalítica retomando así los objetivos y los procedimientos que le son propios.

En este sentido destaca los dos preceptos: la regla fundamental de la asociación libre y la actitud que le corresponde a esa regla, la atención flotante (entendiendo el término flotante como igualdad de nivel y no como fluctuación), poniendo en evidencia estos preceptos el papel fundamental del discurso del sujeto y de su escucha.

Marca la diferencia entre materialismo naturalista y materialismo freudiano "el cual lejos de despojarnos de nuestra historia nos asegura su permanencia bajo su forma simbólica, fuera de los caprichos de nuestro asentimiento".

Destaca insistentemente que los efectos del inconsciente se han dado a conocer desde el origen en el lenguaje, entendiendo la noción del inconsciente como la exterioridad de lo simbólico con relación al hombre y calificando a dicha noción como el principio mismo de l a experiencia freudiana.

En este sentido sugiere que se imponga al analista una formación en la problemática del lenguaje, arbitrándole los rudimentos que le permitan distinguir entre significante y significado; calificando al psicoanálisis como el único capacitado para imponer al pensamiento la primacía del significante sobre el significado. Considera a la sobredeterminación simbólica como un hecho de sintaxis y que a su vez su estudio "permite reducir lo que la experiencia psicoanalítica entrega de datos positivos", en contraposición a la mántica.

Así pues la técnica del psicoanalista se ejerce sobre la relación del sujeto con el significante, en contraposición al malentendido fundamental de la relación de comprensión "¡cuídense de comprender!" exclama.

Hasta aquí el texto del 56, pasando a retomar el último punto de mi introducción a propósito de las aportaciones de Miller en cuanto a la Escuela entendida como un concepto fundamental. Tengo que decir que cuando me aproximé a esta idea a partir de la lectura de "El banquete de los analistas" fue algo que me llamó poderosamente la atención. ¿Por qué la Escuela como concepto? El mismo Miller advierte que no es algo que caiga por su peso, que hay que quererlo.

Pues bien para avanzar con este punto sigamos enmarcando y para ello me remito someramente al "Acto de fundación" donde la Escuela es definida por un objetivo de trabajo que se hace en nombre del deber y la verdad; es un llamado a los trabajadores decididos como organismo donde se debe:

  1. Cumplir un trabajo.
  2. Dispensar una formación.
  3. Asegurar una reconquista del Campo freudiano (recuperar aquello que se perdió en la degradación de los conceptos denunciada por Lacan en el 56).

¿Cuál es la formación que debe dispensar la Escuela?

La introducción de la Escuela como concepto hasta el año 64 era algo inédito y Miller destaca que dicha introducción es una consecuencia de la relación establecida por Lacan entre el psicoanálisis puro y la enseñanza del psicoanálisis. Son tres los principios que Miller distingue como elementos que forman parte del concepto Escuela:

  1. El autorizarse a sí mismo (analista como supuesto).
  2. El que a cada analista le corresponde reinventar y hacer avanzar el psicoanálisis.
  3. El que la Escuela puede y debe garantizar que un analista proviene de su formación.

 

La orientación que nos propone para avanzar en esta cuestión es determinar las marcas que hacen de la Escuela un concepto analítico en la clínica del fin de análisis.

El principio "autorizarse a sí mismo" nos indica que el analista es un supuesto; Miller precisa que "lo propio de la Escuela de Lacan no es saberlo todo, sino, justamente, no saber la definición del psicoanalista". Insiste en que hay que distinguir entre funcionar como analista y ser analista, distinción entre la función y el ser en la que se basa el procedimiento del pase; el pase como clínica del fin de análisis.

Para Lacan el momento de concluir de un análisis y el instante de verse analista son las dos vertientes que constituyen el pase.

Todas estas cuestiones nos dan luz a propósito de la Escuela que propone Lacan.

¿Satisface las exigencias del concepto como dice Lacan en el 56, responde a la estructura de la relación analítica y de lo que se capta en ella?

¿Qué formación debe dispensar la Escuela?

Tanto la multiplicidad de lugares de la Escuela como la diversidad de modos de elaboración producen un efecto que tiene un valor de formación.

El efecto de formación esperable, según apunta Miller, consiste en la posibilidad de poner a un sujeto en condiciones de operar como analista.

En la formación del analista no se trata tan solo de una adquisición de saberes sino de una transformación subjetiva, lo que problematiza la verificación de su transmisión. El aprendizaje precede a la formación verdadera que no consiste en otra cosa, según Lacan, que en "ignorar lo que se sabe". A su vez Miller destaca la transformación inédita que se produce en los saberes exotéricos en función del análisis del sujeto, y a partir de ahí, como dice Lacan, "confrontar lo que resulta de su propio análisis: es decir no tanto para qué ha servido (su propio análisis) sino de qué se ha servido éste..".

La antinomia iniciación esotérica/enseñanza exotérica, nos remite a la Escuela de Lacan de analistas y no analistas como lo que permite distinguir entre iniciación y transmisión.

Así pues, el efecto de formación según Lacan (considerando como centro de la formación del analista su propio análisis) no es solo poner al analista en condiciones de practicar el análisis, sino de enseñarlo y hacerlo progresar, así como de analizar la comunidad misma de Escuela.

 

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