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Espacio Central

Sede de Sevilla de la ELP

FERENCZI. CONFERENCIA DE MADRID, 1928

María José Gómez Delgado

 

 

Sólo unas notas sobre esta Conferencia de Ferenczi utilizada para la segunda exposición de un ciclo de extensión dedicado a la formación del analista que se iniciaba con la cuestión del análisis laico y terminará con la proposición 9 de octubre pasando por El Instituto de Berlín

¿Por qué ahora esta Conferencia de Ferenczi?

Porque en ella encontramos un Ferenczi fresco que plantea con sencillez pero con firmeza no sólo lo que implica la formación del analista sino las múltiples cuestiones que en ella se encardinan. Porque presenta el tema en el que por fortuna estamos inmersos las múltiples Escuelas de la AMP a partir de la insistencia que JA Miller manifestara en el Segundo Encuentro en Argentina y de lo que ha implicado para todos nosotros el banquete de los analistas. La formación de los analistas ha sido objeto de un continuado trabajo en estos dos últimos años y con esta conferencia hemos querido señalar sus orígenes .

¿Podemos arriesgarnos a decir que Ferenczi es el primer analista que plantea esta cuestión de la formación de los analistas? Al menos sí, puede decirse que es el primero al presentarlo de una forma clara y contundente, recogiendo fielmente la preocupación que su maestro y analista venía manifestando desde el final de la primera década. Freud se venía preguntando por el futuro de su descubrimiento. Habían empezado a surgir las primeras disensiones, Adler y especialmente el distanciamiento teórico de Jung. ¿Qué iba a pasar con el psicoanálisis?

La clase médica, tan indiferente e incluso abiertamente contraria desde el principio, empezaba a mostrar un inquietante interés por la práctica analítica. El problema, en efecto, empezaba a ser la práctica por quienes no poseían la preparación adecuada pero también resultaba especialmente preocupante como pudiera hacerse la transmisión de la teoría. Ferenczi viene a decirnos que la base para abordar estos y otros problemas estribaba en dar un valor primordial a la formación de los analistas ya que estos iban a ser en última instancia ejecutores y transmisores.

Con "los miércoles de Viena" se había iniciado el intento de agrupación de los analistas practicantes, lugar de discusión pero también medio de control, manifestado por la obligatoriedad de participación de los asistentes. Le seguiría la Asociación Vienesa y posteriormente, no muy lejana en el tiempo, se constituía la Asociación Internacional de Psicoanálisis así como el Comité Secreto con la pretensión de poder establecer un control interno de la propia IPA. En toda esta dinámica institucional Ferenczi había estado directamente implicado como brazo ejecutor de Freud. El objetivo era proteger la doctrina analítica de los que la practicaban y así mismo de quienes empezaban no sólo a aceptarla sino a considerarla de interés. Había que proteger el psicoanálisis ahora no ya de los enemigos sino de los que empezaban a considerarse especialmente amigos.

"El enfant terrible" del psicoanálisis fue la persona adecuada para llevar a cabo esta lucha defensiva ya que había presentado desde el principio una posición de obediencia respecto a Freud. Como expone Vicente Palomera en su artículo Actualidad de Ferenczi (Freudiana, nº 33) en relación a la traducción de la palabra "godillot", la trasferencia de Ferenczi se jugó en la posición del fiel proveedor, de soldado que sirve fielmente al superior. Ferenczi se había situado en una posición pasiva como objeto de goce del Otro con el cual se identificaba. El supuesto de la transferencia de Ferenczi explica, tal vez, el tono de esta Conferencia.

En 1928 se empezaba ya a marcar el límite de esta íntima relación que sin embargo Ferenczi no se resignaba a perder. Véase la carta dirigida a Freud el 17 de enero de 1930, año y medio después de este evento y tres años antes de su muerte. En dicha carta trataba de explicar la situación en la que se encontraba la relación entre ambos, haciendo constar que el problema no era otra cosa que conflictos de emociones y posiciones. Primero Freud había ocupado para él, el lugar del maestro venerado, su modelo y más tarde ocuparía el lugar del analista. Le viene a criticar que en su accidentado análisis no había sabido manejar la transferencia especialmente en su aspecto negativo. Si bien al mismo tiempo que le expresaba su queja solicitaba retomar de nuevo la intimidad perdida.

Es también curiosa la posición de Freud frente a este discípulo y el lugar que ocupaba para él en la defensa del psicoanálisis. Así, cuando Ferenczi se aísla para trabajar en su diario, le escribe diciendo con tono de padre autoritario, "debe salir de esa isla de sueños que habita con fantasías de niño, y una vez más unirse a la lucha por la humanidad".

En esa posición subjetiva pasa Ferenczi gran parte de su vida, difundiendo el deseo de Freud, haciéndose eco de su preocupación, trasladándola a los diferentes medios y abordando los grandes temas que iban interesando al movimiento analítico.

Si nuestro interés en este ciclo era iniciar el tema desde sus orígenes, esta Conferencia de Ferenczi se nos ofrecía además como un hecho de esos comienzos que ocurría precisamente en este país hace 74 años.

En la España de los años 20 ya se conocía el psicoanálisis, hay de ello múltiples indicios en la obra de pensadores y científicos y un ejemplo es la traducción de Ballestero de la obra de Freud. Citamos, como hecho anecdótico, el estreno de una pieza teatral en mayo de ese mismo año que había sido escrita y dirigida por el torero Sánchez Mejía basada en las manifestaciones del inconsciente. En ella se habla de sueños, lapsus y síntomas haciéndose mención expresa de la teoría psicoanalítica. Sin embargo no había surgido hasta el momento movimiento alguno para constituir una institución analítica y a ello aludirá Ferenczi instando a la constitución de un grupo en torno a Ballestero.

De los diversos abordajes que podrían hacerse de esta conferencia, dado el objetivo de nuestro ciclo, se enfocó de una manera sencilla siguiendo algunas de las preguntas con las que Ferenczi va ordenando su exposición y mediante las cuales presenta en un breve espacio de tiempo las cuestiones básicas del psicoanálisis en ese momento de su historia.

La primera de estas preguntas referida al modo en que puede enseñarse el psicoanálisis remite a la reflexión que había hecho Freud en 1919 mediante su artículo ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?

En el desarrollo de su respuesta pone de manifiesto como el modelo de enseñanza universitaria no podía responder a las necesidades que implicaba la formación de un analista. El conocimiento psiquiátrico, necesario por otra parte, no era suficiente. Un analista necesitaba además una amplia formación humanística así como la aportación de la teoría analítica por los miembros experimentados de las Asociaciones. No obstante seguía faltando algo que no podía ofrecer ese tipo de saber expresado y recogido por los textos o por la experiencia. El analista necesitaba adquirir "otro saber" referido a los procesos psíquicos y al cual únicamente podía accederse mediante el análisis propio. La formación específica del analista pasaba, pues, por la experiencia personal del diván.

Para acceder a los complicados procesos de un paciente era preciso acercarse al propio material psíquico y así dice Ferenczi "y para que este saber se torne convicción hay que pasar por la experiencia personal, es decir por un análisis personal". El análisis propio se había convertido ya en requisito sine qua non para constituirse como analista y elemento imprescindible para acceder a la Asociación Internacional de Psicoanálisis.

Estaba partiendo Ferenczi de una diferencia radical respecto del saber. Saber universitario, saber terapéutico y un saber introducido por el psicoanalista que concernía a la verdad y que marcaba justamente en esos momentos "la causa freudiana".

No obstante en este proceso de formación aún era preciso otro aspecto. Completada su formación al profesional se le permitía iniciar una práctica pero esta debería hacerse bajo control. ¿Se está refiriendo Ferenczi al control de la técnica? ¿o quería decir algo más? Lo que no cesa de inscribirse actúa aún después del análisis y ello afecta a la práctica. El control no es sólo cosa de principiantes. El control, una cuestión bien actual.

Al dónde y al cómo sigue el quién. ¿Quién podía aspirar al título de psicoanalista?

Entresacamos un párrafo de esta Conferencia, "Pues uno de los extraordinarios descubrimientos del psicoanálisis es la pervivencia en nosotros, en estado rechazado, de los diversos modos de reacción infantiles y primitivos de la psiquis". No se trataba de que el analista debiera llegar a la neurosis para poder actuar respecto a la del paciente sino que debía partir de ella. Así pues ¿Quién podía entonces aspirar a ser psicoanalista? Esta pregunta implica dos connotaciones en función de la diferencia de saber:

- Desde la exigencia de un saber, que ahora podemos llamar referencial, todo neurótico en principio podría aspirar a dicho título. Todo neurótico, claro está, que tuviera conocimiento de su neurosis, que hubiera llegado al análisis de su neurosis infantil. Es ese saber referencial el que parecía ya en ese momento capacitar al analista.

- Desde la titulación universitaria requerida que viene a poner de manifiesto un punto de capital importancia, "la cuestión del análisis laico". La práctica de los no médicos sería el caballo de batalla de Freud hasta el final de su vida y de lo cual presenta un detallado análisis en el artículo escrito dos años antes de esta Conferencia ¿Pueden los legos ejercer el análisis?. Cuestión, por cierto nada lejana a la práctica actual.

Ferenczi está apostando por el análisis profano. Si era el propio análisis lo que permitía el advenimiento de ese otro saber y ello lo que daba lugar a un analista, la titulación universitaria de la que se partiera no debía ser relevante. Como Freud, no estaba marginando a los médicos respecto de la práctica analítica, sino defendiendo más bien, al psicoanálisis del poder de la clase médica como en otros momentos esta protección debió ejercerse respecto de los propios analistas.

¿Dónde podría hacerse este tipo de formación puesto que no eran válidas las universidades? Hará una breve referencia a las diversas asociaciones vinculadas a la IPA y organismos dentro de las mismas dedicados a la formación expresamente, un ejemplo era el Instituto de Berlín que marcaba ya la diferencia entre Asociación e Instituciones docentes.

Finalmente trata de analizar la dificultad existente para que el psicoanálisis fuera aceptado en determinados medios sociales, indicando que fueron precisamente la universidad y la psiquiatría quienes inicialmente ofrecieron mayor resistencia. No había sido así en el sector de las artes y las letras que, en efecto lo habían defendido de los sectores científicos aunque en esos momentos, final de los años 20, se apreciaban ya posiciones de colaboración. Así mismo abundando en la posición inicialmente optimista de Freud, Ferenczi considera la facilidad que tendrían la mayor parte de los medios sociales y profesionales para integrar la teoría analítica y favorecerse con ella.

Sólo hemos hecho un breve resumen del amplio material de estudio que ofrece esta exposición del Dr. Ferenczi haciendo hincapié en el valor actual de las diferentes cuestiones que en ella expone que dejan entrever la anticipación de una serie de temas que para el psicoanálisis de hoy siguen siendo objeto de estudio, de investigación y por que no de preocupación, preocupación que nos legó Freud y en la que la enseñanza de Lacan nos ha sostenido.

Lacan con el concepto de Escuela pone en la historia psicoanalítica un punto de progreso que iba a operar respecto de la herencia freudiana, rompiendo con la posición de la IPA cuya finalidad estaba centrada en una posición interiorista de salvaguarda asfixiante de la pureza del psicoanálisis.

Para Lacan la razón institucional va del psicoanálisis al psicoanalista de la Escuela y como se comprueba en la proposición 9 de octubre, pretende sacar el psicoanálisis del encierro que puede suponer la experiencia misma. Y aquí y ahora, en nuestro momento actual, la existencia de la Escuela Una sigue confirmando esta posición permitiendo desarrollar la orientación que marca JA Miller utilizando la enseñanza de Lacan para dar a las cuestiones freudianas la formalización adecuada a las exigencias que la situación actual de la cultura exige.

Del origen a la actualidad en un asunto en el que estamos inmersos los analistas del siglo XXI.

 

 

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