banq_6.JPG (8581 bytes)

Espacio Central

Sede de Málaga de la ELP

De la paradoja de la garantia a la causa y el discurso

Manuel Caro

Málaga

 

 

Los dos citados capítulos del curso de Miller, El banquete de los analistas, que se me asignaron para su comentario, se encuentran estructurados en diez apartados, cinco apartados por cada capítulo, y como sus títulos indican, sus argumentos respectivos son: La paradoja de la garantía y La causa y el discurso.

Comenzaré retomando el concepto Escuela, que J. A.. Miller va a elaborar en estos dos capítulos sus fundamentos para finalmente elevarlo a la dignidad de lo necesario.

La tesis que vamos a seguir es: Que el concepto de Escuela no es sólo contingencia histórica sino que responde a la estructura misma de la experiencia analítica.

Esta tesis la verificaremos siguiendo las marcas que hacen de la Escuela un concepto analítico fundado en lo que podemos llamar clínica del fin de análisis.

Para progresar en esta tesis hemos de partir retomando la diferencia que estableció J.A.M. en él capitulo XII entre la Escuela y el psicoanalista de la Escuela, que marcaran los dos tiempos que precisó J.Lacan para llevar a cabo su Escuela y que seguiremos en sus dos siguientes textos: "El Acto de fundación de la Escuela, escrito en 1964, y la Proposición de 9 de Octubre sobre el Psicoanalista de la Escuela escrito en el año 1967.

Avanzaremos en la dirección propuesta, tomando los dos principios de funcionamiento de la Escuela y la cuestión de las garantías otorgada por ella, en tanto institución de derecho, a cada uno de los tres grados de analista que acoge, restableciendo así la desigualdad en la comunidad de trabajadores con tres marcas que señalan tres posiciones, dos de los cuales: AME y AE son los dos grados reconocidos por la Escuela, de los que dice: Él es analista, en un caso por su practica, y en le otro verdaderamente por su nominación por el pase. Respecto del tercero, que es una mención, la de AP la Escuela reconoce ese campo de la autodeclaración del analista, y le contesta con un: "Tú lo has dicho".

El Acto, momento inaugural de la fundación de la Escuela, se dirigía a los trabajadores decididos, no apuntará tanto a los psicoanalistas ni a la definición del psicoanalista, que se efectuará en el segundo de los Escritos citados. En este momento, el ingreso en la Escuela se efectúa por una promesa de trabajo, y por el hecho de pertenecer a ella en tanto trabajador, tiene la facultad de declararse Analista Practicante (AP), es decir, de autorizarse a sí mismo; lo que Lacan considera el primer principio de la Escuela.

Que el psicoanalista solo se autoriza a sí mismo, significa que el psicoanalista es siempre supuesto en tanto que el predicado ser analista está solo constituido en potencia, y para resolverse ha de situarse respecto al Acto psicoanalítico, el cuál se ubica en un campo en el que a cada analista le corresponde reinventar el psicoanálisis, que es el segundo principio de la Escuela. Un campo reservado al analista que realiza el pase, el Analista de la Escuela.

De esta Analista Practicante, la Escuela garantiza su formación, no garantiza que haya ahí un analista, pues como decíamos, el predicado analista esta solo constituido en potencia.

Del Analista Miembro de la Escuela (AME), la Escuela garantiza que en efecto funciona como analista. Es el analista del momento de concluir: Soy analista a partir de una serie, de un cierto número de datos que me avalan.

Del Analista de la Escuela (:E), el analista del instante de ver el que realiza el pase, es decir, el que pone a prueba el predicado ser analista, al lo soy, por que lo seré. Por la invención que realiza de ese predicado recibe la autorización, la garantía de la Escuela como analista le es otorgada no por las pruebas de su práctica, sino a partir del testimonio de la experiencia realizada como analizante. Es la resolución del predicado ser analista a partir del Acto Psicoanalítico. Es el modo adecuado de relación con la causa freudiana

 

Así pues, el momento de concluir de un análisis y el instante de verse analista es las dos vertientes que constituyen el pase.

Antes de desplegar estas dos vertientes del pase, sinteticemos los pasos lógicos que hemos formulado anteriormente al introducir el primer principios de la Escuela, puesto que formular la lógica del segundo principio exige desplegar estas dos vertientes del pase.

1º- Para formar parte de la Escuela a de darse que:

x Î E « T (x)

x designa el elemento cualquiera, el lugar vacío donde tal elemento particular puede inscribirse.

Si x equivale a T y este es un trabajador, se colige que x es un trabajador y en tanto tal forma parte de la Escuela.

2º- Por formar parte de la Escuela puede decirse analista, lo que escribimos:

T (x) ® < < a > > (x)

Si bien, este predicado, ser analista es solo supuesto.

Hemos introducido aquí la pertenencia de los psicoanalistas a un grupo al que hemos llamado Escuela, y todo grupo se conforma mediante la identificación, pues partiendo de los sujetos identificados Freud da cuenta de la constitución de los grupos humanos.

¿Qué es una identificación?.

Una identificación es lo que nos uniformiza, lo que conduce al sujeto a lo mismo y al amo; por el significante que lo represente (S1) y por este significante el sujeto puede ser conducido por la cadena significante, a cuyo funcionamiento Freud llamó inconsciente. Por tanto, estar identificado permite ser sujeto del inconsciente, y también sujeto del grupo.

Estar identificado, como el predicado i (x), se traduce por lo que hay de significante en la identificación, la relación S1

¾

$

Formulamos así la posición inicial del sujeto identificado a partir del Discurso del Amo:

 

 

S1

S2

$

a

 

Si en el pase se pone en tela de juicio la existencia y el funcionamiento del predicado analista, ¿qué podemos decir del producto del análisis?. J.A.M. parte de que el fin del análisis, el momento de concluir puede ser entendido como una desidentificación, el pase sería como una caída de las identificaciones del sujeto, legitimada por el esquema de J. Lacan del Discurso Analítico, donde en lo que produce este discurso figura el significante amo, operador de las identificaciones:

 

a

$

S2

S1

 

La posición del amo, en este discurso es a, y ese objeto a que es la posición del analista, es un elemento refractario a la identificación.

Un paso mas, el que el analista opera con su deseo, significa que habla sin identificarse, el emisor no se identifica, y a esto lo denominamos interpretación, es decir, una interpretación es un enunciado cuya enunciación no se deja identificar.

Aquí el inconsciente hace nudo con la interpretación, y es de este anudamiento de donde extraeremos el valor de la categoría Lacaniana del Sujeto Supuesto Saber.

Estar identificado permite ser sujeto del inconsciente y también sujeto del grupo y sobre todo, caer bajo su sugestión. Gracias a estar identificado al significante que lo representa el sujeto puede ser arrastrado en una cadena significante (S1, S2) a cuyo funcionamiento Freud llamó inconsciente. Por esto para Lacan el discurso del amo y el del inconsciente tienen la misma estructura.

Cuando el funcionamiento del inconsciente desfallece, permite la emergencia de las formaciones del inconsciente, en las que el sujeto que esta debajo hace reparar en él puesto que perturba, pese a la identificación, la articulación de la cadena significante.

Resumiremos la teoría de las identificaciones diciendo que permitirá al sujeto formular: sé quien soy y donde estoy. Por el contrario, cuando se producen las formaciones del inconsciente ya no se puede decir: se quien soy.

Por consiguiente, si lo propio de la constitución del grupo es la identificación, nos encontraremos, seguidamente, ante las paradojas de la Escuela como un grupo no-grupo, en el que sus miembros no estén atravesados por la identificación que uniformiza, que gobierna el funcionamiento del grupo, pues toda la estructura de la Escuela, que es coherente con el pase, está pensada para que ser analista no sea una identificación.

Hemos complejizado la paradoja, hasta el punto de resultar irresoluble, a no ser que demostremos que ser analista no es una identificación, o que resolvamos la paradoja por medio de una identificación.

¿Cuál sería esa identificación?. ¿Conque se identificaría el analista?. El analista se identifica con su propio vacío, consigo mismo como $, con su propia falta en ser.

Si la posición analista está en la posición del a del Discurso Analítico, cabe dos modalidades de posicionamiento:

 

  1. La posición cínica, que axiomatizaremos por el goce del Uno, el imposible del lazo amoroso, la posición de amo solitario.
  2. La posición del trabajador decidido que J. Lacan opone en ese lugar al amo solitario, Esta segunda solución que resuelve la paradoja, es la solución que aporta el concepto de la Escuela cuyos miembros se agrupan bajo la égida del trabajo, que es la identificación ofrecida por ella al desidentificado.
  3. De tal modo hemos respondido a las dos preguntas anteriores: A la primera por medio de la identificación del analista con el trabajador, y a la segunda con la identificación del analista a su propio vacío.

    Mas prosigamos el curso de la identificación, en el que se sustenta las paradojas de la Escuela respecto a otros grupos humanos.

    En el capítulo XIV J.A.M., desplegará la lógica de la escritura i (x) de la que se desprende la paradoja de la Escuela, formulando el recubrimiento de la identificación en tres dimensiones.

    1. Recubrimiento simbólico: Lo que hay de significante en la identificación, la relación que supone S1/$.
    2. Recubrimiento imaginario: Lo que la identificación tiene de imaginario en tanto esta condicionada por lo simbólico: a ®
    3. Recubrimiento real: Lo real de la identificación: ($ à a). El fantasma está en el principio de la identidad personal o identificación consigo mismo. El sujeto en su identificación simbólica $ se encuentra en relación con el plus de gozar como real.

 

Estos tres recubrimientos de la Identificación, están entre la función simbólica y los efectos imaginarios, lo que deja un resto, que es la angustia como vía de acceso a lo real, aquí como plus de gozar.

J.A.M. a partir de estos recubrimientos nos presenta la pareja formada por la identificación y la angustia.

Prosigamos con la paradoja, con los problemas lógicos que resultan de la definición que dimos de la identificación, en la segunda modalidad, la posición del trabajador decidido, para lo cual J.A.M. desplegará tres fórmulas posibles.

Primera formula: i (x) « x Î E

Respecto a esta primera fórmula, se nos plantea el siguiente problema lógico: El final de análisis pone en tela de juicio los niveles de la identificación, cuando se define este final como un franqueamiento del plano de la identificación, un más allá de lo imaginario o un atravesamiento del fantasma.

La primera respuesta que daremos al problema que introduce esta primera fórmula, es el paso desde i (x) a su negación

Resume las diferentes formulas del sujeto resultante de la experiencia analítica.

A partir del sujeto modificado por la experiencia analítica establecemos una equivalencia entre y a (x), lo que nos lleva a la siguiente formula:

Segunda formula: « a (x)

Alfa es aquí el predicado analista que J.A.M. define por la negación de lo que alojamos en i (x)

El que el sujeto, en tanto analista, no pertenece a ningún conjunto, traduce el imposible del grupo de los analistas, que implica que ser analista es estrictamente equivalente a no poder ser miembro de ningún conjunto, que constituirá la base de la siguiente formula:

Tercera formula: a (x) « x Ï E

La primera paradoja que se nos presenta con esta tercera formula, es la de la sociedad analítica concebida como conjunto de analistas. ¿En que condiciones es posible? Para responder a esta pregunta hemos de revisar las tres formulas presentadas en este desarrollo.

Para llegar a pensar una sociedad de analistas se debe desmentir en algún punto esa formulación anterior sobre el imposible del grupo de los analistas. Lo cual nos llevaría a formular la siguiente identidad: diríamos que solo si alfa (a ) es igual a iota (i ) puede haber sociedad analítica, y esto solo es posible con la condición de tomar el predicado alfa como identificatorio, esto es, reducir el predicado analista a un predicado como los otros que permite la identificación y la pertenencia a un conjunto.

Esta solución ya ha sido negada en su misma formulación, por lo que resulta necesario que continuemos buscando otra solución sobre la posibilidad de que la Escuela sea un lazo que no daría grupo.

Efectivamente, existe otra solución para esta dificultad que no resuelve la paradoja sino que la pone en evidencia: se trata de definir un conjunto E* como el conjunto de los que no pertenecen a ningún conjunto

x Ï E ? x Î E*

Ese conjunto es la Escuela que pose la estructura de la paradoja de Russell. Un conjunto que permitirá ser miembro sin identificarse e impediría afirmar que x es analista, pues el ser analista esta por verse

x Î E* ? a (x)

Sostener este nuevo tipo de conjunto supone, en termino lógicos, que no sea segregativo, que entre sus miembros haya alfa y no alfa, que el analista no es otro que el no-analista. La Escuela es el lugar donde se discute el predicado alfa, y solo se puede discutir con la condición de que el no analista esté en la Escuela y no sea exterior al analista. Esta alfa debe dar pruebas para satisfacer a los no alfa. Por tanto, la Escuela, contrariamente a las otras sociedades, no da seguridad del predicado sino que este siempre se puede discutir. Lo que interesa es un conjunto desnormalizado.

Retomamos la respuesta que dimos a la pregunta ¿Cuál sería esa identificación? Y que no es otra que la que J.Lacan ofrece a los miembros, la identificación con el trabajador. Que aquí se articula con el conjunto E* en tanto no segregativo y desnormalizado, produciendo la siguiente formula:

x Î E* ? T(x)

Detengámonos en la antinomia entre el analista en la experiencia analítica y el analista en el grupo que es la Escuela:

En la experiencia analítica el analista está en el lugar del amo pero al mismo tiempo no puede identificarse con él. Los dos lugares ocupados por el Analista y el analizante en el discurso analítico son: a. y $. La escritura a traduce su impotencia para identificarse con el amo, aunque ocupe su lugar. Esta posición supone que no hay significante del analista, y tampoco se lo puede definir como al sujeto, en tanto falta de significante, como un $.

El analista nos propone la paradoja del desecho en el discurso analítico, posición desecho-amo. Lacan le propone de manera irónica una identificación con el santo. Y entre la identificación con el santo, en la experiencia analítica y la que se establece con el trabajador en tanto miembro de la Escuela, hay un hiato, incluso una oposición ya que lo propio del santo es no trabajar, si bien esto no siempre es así, como por ejemplo en el budismo Zen.

Del lado de Lacan no encontramos la sociedad de los amos, sino la Escuela de los trabajadores, que convierten a en S2.

La escuela propone una identificación contraría a la IPA, se trata de un grupo analítico especial, un grupo no-grupo.

Para avanzar en el concepto de un grupo no-grupo hay que distinguir entre grupo y lazo social. El discurso analítico funda un lazo sin grupo, y en particular, sin obscenidad imaginaría,

a ? $ un lazo que no se funda en la identificación ni del lado del analizante, quien pone a trabajar las identificaciones y se desprende de ellas; ni del lado del analista quien opera desde un lugar donde no es identificable.

Reflexionemos sobre la posibilidad de que la Escuela sea un lazo que no daría grupo.

J.A.M. nos formulara una hipótesis a la que tratara mediante cinco argumentos demostrativos que niegan la hipótesis de partida.

LA HIPOTESIS a demostrar como no verdadera es: que el analista fiel al discurso analítico permanecería como a, miembro de ningún A. Que el estado propio del psicoanalista sería ser independiente y negarse a entrar en la disciplina de un conjunto.

¿Que decir de esta hipótesis?. El primer argumento para contrarrestar la idea de que la vocación propia del analista sería oponerse, rechazar cualquier captura de la épsilon de la pertenencia, es que ¡no se soporta! No se escapa a la pertenencia, y si se escapa al grupo formalizado, se cae en el puro efecto de grupo en su obscenidad.

El segundo argumento es: ¿Que significa mantenerse como puro a? Esta es una posición de didacta sin sociedad, es equivalente al fantasma de estar casado con el psicoanalisis. En otras palabras del desecho-amo se pasa al didacta desenfrenado.

Tercer argumento: Tan pronto como se funciona como analista, se deja de ser un puro a, puesto que se necesita la compañía de otro, de $. Tan pronto como se funciona como analista ya se está en el lazo social.

El cuarto argumento: Si el análisis produce un analista, ¿qué se hace con su producto?. La sola cuestión del fin del análisis impide cerrar el tema del lazo social, donde el analista está inscripto con su antiguo analizante transformado en analista.

Quinto argumento: El análisis como tal está ligado al saber analítico, y en este sentido hay un lazo epistémico, un lazo de saber, que impide la absolutización de la cura. El analista resulta de una operación de saber.

Lacan propuso a los italianos en 1973 crear un nuevo tipo de grupo analítico, donde los miembros solo serian reclutados por el principio del pase, por haberse presentado a la entrada diciendo: Concluí de mi análisis que soy analista. Se trataría de un grupo que sería auténticamente el conjunto de los productos del análisis.

La Escuela como lazo social no grupal asegura las condiciones de trasmisión del psicoanálisis y es el lugar donde el ex analizante puede afirmar: Soy analista, y donde se trabajará sobre ese dicho.

Por tanto, la Escuela es la instancia que asegura las condiciones de trasmisión del psicoanálisis, la perpetuación del lazo epistémico, y le permite al analizante poner a prueba su soy analista.

¿Que ocurre hoy con la relación con la causa analítica?

Hoy, nos dice Miller, se perdió el sentido de la causa analítica. La causa analítica está estrechamente unida al deseo del analista, impensable sin la función de dicha causa.

El deseo del analista se deduce de la estructura del significante: S/s. Cuando este esquema sirve de matriz a la comunicación se trasforma en D/d.

Lo que introduce propiamente el psicoanálisis es que propone un significante de interpretación, donde el deseo funciona al principio como una x. Nos remite a los otros, deja vacío el lugar del deseo.

El efecto x es equivalente al sujeto supuesto saber. También lo es el deseo del analista a partir del que el analizante se lanza y relanza en la asociación libre. Este deseo supuesto, es el deseo de que el analizante elabore un saber.

No obstante la represión define el nivel de la experiencia analítica. El deseo del analista se relaciona con la represión, tiene que ver en el otro con el horror al saber, va contra la represión, es contrario a un horror al saber. El deseo se mantiene porque pose una causa.

De un lado esta causa que sostiene el horror al saber es a, que encierra y sostiene la castración. Lacan agrega que la castración está protegida por el plus de gozar.

De otro lado la causa del deseo de saber es otro a. Sí al final de un análisis se afirma que se vuelve analista significa que donde estaba la causa del horror al saber emerge una causa de deseo de saber, lo que pone a este sujeto trasformado en condiciones de incitar a otro a trabajar para lograrlo. Esta inversión de causas del horror al saber al deseo de saber, es lo que permita a un sujeto funcionar como analista, a es lo que no pudo alojarse en ningún discurso. La Escuela está hecha para alojar esta causa.

Esta es la estructura de la Escuela: a ® $, que es igual a la del discurso analítico, y al fantasma sadiano. Sin a la Escuela es impensable. La causa analítica pone a sus miembros, a los miembros de la Escuela en el lugar del sujeto que trabaja. Una Escuela de trabajadores decididos es una Escuela de analizantes respecto de la causa analítica, la cual colectiviza pero no identifica. Solo a partir de esta estructura es posible entender que Lacan hable del psicoanalista de la Escuela, que podrían hacerse cargo del trabajo de la causa analítica.

Tras este recorrido hemos podido verificar la tesis de partida: La Escuela no es solo contingencia histórica sino que responde a la estructura misa de la experiencia analítica, enraizando así el concepto de Escuela en la categoría de lo necesario.

 

 

longobt.jpg (5886 bytes)