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Espacio Central
Sede de Granada de la ELP DEL TROPIEZO AL CAER EN LA CUENTA Juan Carlos Ríos |
A sabiendas de lo que falta para seguir a Séneca cuando explica que la utilidad de la obra escrita es por servir para elaborar las lecturas y sintetizar las ideas (1). Tomo estas palabras como la orientación y consecuencia lógica al trabajo que realizo en un cartel de nuestra Escuela bajo el rasgo de "la formación del síntoma". El interés del malentendido intentaré mantenerlo en estas líneas pues así se manifiesta al pretender hablar de la formación del síntoma en un espacio dedicado este curso a la formación del analista. El título me vino despertado por la serie que Miller abrió con la oposición de síntoma a otro término. Siguiendo este ejemplo, tomo aquí a la "formación" como la x enfrentada al síntoma. En 1995 Miller decía en Buenos Aires, como él mismo señala, en tono provocativo "Adiós al significante". Dos años después explica en su conferencia sobre "El analista-Síntoma" que lo dicho era un intento de introducir el dedo de San Juan y apuntar hacia un más allá que complementa en el 97 con un "Bienvenido al Síntoma" (2). Al final de esta conferencia se le pregunta a Miller que por qué dice que el analista debería aguardar a que el síntoma incomode. Y responde: "¿Por qué esperar hasta que un síntoma se declare para el sujeto? Porque si no sería actuar en el discurso del amo, es decir, con la idea de lo correcto" (3). Calado por estas palabras me intereso entonces por "La formación del síntoma". La importancia de la formación del síntoma puede parecer obvia pero lo que quiero destacar es que el interés por este tema viene también de mi práctica. En el 99% de los casos que veo la demanda que recibo llega con un malestar y se espera que mi formación sepa quitarlo. Si uno está del lado de la psicoterapia bastará con proponer los mil y un sentidos posibles aptos para obturar los malestares, pero si hay (deseo del) analista la vía de la transferencia deberá conducir estas quejas, este dolor, hasta convertirse en síntomas ahora dirigidos a un Otro, "no el dolor, no la queja, sino el síntoma como analítico, en cuanto formalización en el campo del Otro" (4). La palabra "Síntoma" es presentada por Corominas en su diccionario etimológico como tomado del latín tardío sympôma y este del griego sumpôma "coincidencia", derivado de "caer juntamente", "coincidir", y este de "caer". El Symptoma, en el "diccionario de Autoridades" está recogido como voz médica fundamentalmente, como señal preternatural (fuera o más allá de lo natural), o accidente, que sobreviene a alguna enfermedad, por la cual se puede formar juicio de su naturaleza o calidad. Yendo a contrapelo de la indicación de Séneca cuando dice que en lo escrito se debe ocultar todas las ayudas recibidas y mostrar solamente lo propio realizado, continuo recordando como Miller en la primera página de "La envoltura formal del síntoma" señala que la noción de síntoma, en cierto modo, responde a la noción de armonía. Lo que funciona en buena armonía y anda bien, llegado el caso tropieza, hay accidente. El síntoma aparece entonces como falla en el funcionamiento que desarregla o destruye esa armonía. Si Freud dio varias teorizaciones sobre el síntoma: como mensaje a ser cifrado, como sustituto para la satisfacción frustrada o como transacción ante un conflicto psíquico, lo que reveló como señala Miller en "El analista síntoma"- fue que los síntomas se podían interpretar, descifrar, y que se obtenía de eso una verdad fundamental del sujeto. Así, cuando decimos que tal cosa hace síntoma estamos hablando del síntoma-verdad, del límite al que Lacan lleva la palabra síntoma al hacer "coincidir" síntoma y verdad. La borrosidad dice Lacan en el sujeto por fin cuestionado- que conserva el síntoma es por representar alguna irrupción de verdad. Y añade que si tomamos las cosas materialisticamente, verdad y síntoma están hechos de la misma pasta. Apura Miller esta referencia de Lacan proponiendo que "la verdad se presenta siempre bajo la forma del síntoma, bajo la forma de un elemento perturbador en lo real". Hasta aquí el límite, el síntoma-verdad. Pasar el límite señala Miller- implica el salto que hay que dar para pasar del síntoma como falla, accidente o caída al síntoma como funcionamiento (6). Freud en las "Conferencias de introducción al psicoanálisis", concretamente en la que lleva por título "Los caminos de la formación del síntoma" dice que la modalidad de satisfacción que el síntoma aporta tiene en sí mucho de extraño pues la satisfacción se presenta más bien como un sufrimiento (7). Lacan también dirá en el seminario V que este síntoma es paradójico. Y Miller precisará esto diciendo que "el síntoma no es una falla de funcionamiento sino que es un funcionamiento, y no se opone a lo real como un elemento perturbador sino que se ubica en la misma dimensión de lo real". Este síntoma no pide nada a nadie nos recuerda Miller, o como nos dijo Vicente Palomera en este espacio "El verdadero síntoma, ese que no se toma en análisis, no hace signo a nadie. En verdad, el verdadero síntoma satisface al sujeto. El síntoma es un mensaje cifrado. En su estado natural, es decir, fuera del análisis, es un mensaje congelado, sustraído de la comunicación, sustraído del intercambio con el otro porque condensa goce, Se puede escribir así: S1 (condensa goce, no pide nada a nadie, no lleva a nadie a pedir análisis)". Por este camino, la apuesta, el acto, para que algo del síntoma pueda descongelarse de buena manera es la formación del síntoma como analítico. Eric Berenger precisa este punto diciendo que o bien el síntoma es sometido a una falsa objetivación, o bien se incluye en la estructura que hará de él un síntoma analítico (8). Miller en "El síntoma charlatán" señala la formula lacaniana de las formaciones de los síntomas situándola en el grafo del deseo ($<>?a) --> s(A) como la incidencia del fantasma en el mensaje del Otro. Si las formaciones del inconsciente se descifran, se leen, tienen un sentido (9). El síntoma-verdad estaría aquí incluido como la formación del inconsciente por excelencia, por el contrario el síntoma congelado, mudo y pulsional de Freud en "Inhibición, síntoma y angustia", es destacado por Miller al plantear que Freud mismo lo había percibido al darse cuenta de que el síntoma no tenía solamente significación descifrable sino también relación con lo real "Freud había visto ya que detrás del síntoma había fantasmas fundamentales y que detrás de estos había una fijación, algo inmóvil, una inscripción imborrable de un primer encuentro con el goce". Este síntoma que resiste al decir ¿qué quiere decir? Si se me permite la frivolidad diré que lo que quiere decir en primera instancia es que está "muy agustito". Lo primero que nos dice Miller es que para que este callado y sordo síntoma hable, lo primero es pensar que el síntoma es capaz de decir algo, y luego en un segundo tiempo descifrarlo. Lo que determina entonces al síntoma como analítico es, así lo señala Miller, es un fenómeno de creencia (10). Hace falta creer en el síntoma como en una entidad que puede decir algo nuevo. La formación del síntoma como analítico sería entonces el trabajo de conducir el síntoma congelado y sustraído a la comunicación hasta el calor que la creencia en él mismo permita que éste, el síntoma, quiera decir algo. Miller denomina a este síntoma mudo como "síntoma-goce", y en este caso ya no es como el "síntoma-verdad" una formación del inconsciente. El síntoma-goce, entonces, no es una formación del inconsciente sino que es un medio de la pulsión (11). Miller lo dice muy simpáticamente al explicar que si se lee a Freud con las gafas e Lacan no podemos dejar de ver como el sujeto satisface y vuelve a satisfacer una y otra vez la exigencia pulsional a través del síntoma. Y lo dice bien claro con la parodia que hace de la frase de Clausewitz: "el síntoma es la continuación del goce por otros medios (12). Conviene no olvidar y así lo recuerda Lacan- que el síntoma en sentido analítico no es signo sino nudo (13). El síntoma analítico nos dice- tiene que ver con algo instalado en lo subjetivo y añade que no puede ser resuelto por ninguna forma de diálogo razonable. En esta misma dirección, Lacan dice en el seminario II que el nivel propio de síntoma analítico está descentrado y que por tanto "sólo cederá ante una intervención que recaiga sobre este nivel descentrado. Toda intervención que se inspire es una reconstitución prefabricada, forjada a partir de nuestra idea del desarrollo normal del individuo y que apunte a su normalización, fracasará" (14). No me voy a detener en ello, pero estas palabras de Lacan me hacen eco con otras de Miller citadas al comienzo y que han constituido la provocación para este trabajo: Hay que esperar a que el síntoma se declare pues si no actuamos como amos, es decir, con la idea de lo correcto. Por último reseñar muy brevemente un texto de Antonio Di Ciaccia que aparece en "La envoltura formal del síntoma" y que lleva por título "El síntoma, del signo al significante". En este texto se plantea que el síntoma no es un signo de una afección o enfermedad sino una expresión para ser leída. Y el punto que me interesa destacar es cuando señala que "sólo por el significante de la transferencia se constituye el síntoma como analítico y se hace demanda dirigida al Otro. Pero aún será preciso que intervenga la función del deseo del analista para que el síntoma se precipite en una escansión que pueda mostrarse operativa". O como dice Miller, el trabajo consiste en llevar al síntoma al límite donde se vuelve agudeza, donde es cálculo. Pongo punto y seguido a este trabajo, pues está en curso de elaboración dentro de un cartel, con un enigma que aún no he logrado descifrar: por qué Lacan en el seminario V (p.243) dirá que al último texto de Freud, aquel que no pudo terminar pues se le cayó la pluma de las manos, y que llevaba por título "La división del yo en el proceso de defensa", Lacan propone traducirlo por: La división, o Fragmentación, del yo en el mecanismo del síntoma analítico.
Notas:
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