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Espacio Central

Sede de Málaga de la ELP

La formación del psicoanalista es ética

José Antonio Naranjo Mariscal

Málaga

 

 

Si cada caso llama a un analista a inventar su cura –lo que descarta la cura tipo-, entonces, tampoco hay formación-tipo, porque la formación tiene la dimensión del uno por uno1, y eso en tanto en cuanto no hay una "teoría de la formación", como se señalaba en el Documento del Comité de Acción sobre el control de Octubre del '2000.

La formación es un recorrido: es el análisis, y los seminarios, y las lecturas, y las exposiciones de casos, y el control. Pues bien todo eso lleva la marca de la relación del sujeto al Otro, la marca sintomática que dibuja los meandros del deseo y la certeza de la pulsión. De esto depende su recorrido, su duración. Por ello la formación es efecto, y no causa, y dejará la estela del síntoma…en la Escuela.

Que no haya aun "teoría de la formación" no significa que no podamos, aunque fuere por negativa, decir algunas cosas. Así, por ejemplo, si se aborda desde el saber, nuestra formación no es algo exterior ni acumulativo. La formación no se reduce a la in-formación. Por contra, su especificidad consiste en que cambia al sujeto –es su trans-formación- no por añadido sino por borramiento del conocimiento -lo que un colega llamaba "perder el conocimiento". La formación si se quisiera académica y positivista, dejaría fuera lo que importa: la causa de cada uno.

Sin reglas previas, sin cursus preestablecidos, pero no sin lógica. Una lógica obtenida, sin embargo, après-coup. Lógica de un recorrido más o menos azaroso, más o menos decidido, como efecto de la mencionada posición del sujeto respecto a su deseo y a lo real. Y es por ello que podemos afirmar que la especificidad de la formación analítica no estriba en la episteme -que desde luego la incluye-, sino en la ética que la sostiene.

Si con Lacan aceptamos que "hay un real en juego en la formación del psicoanalista" entonces, la formación analítica es la forma que cada analista encuentra para tratar ese real, en tanto la forma de abordar lo real define la ética de cada sujeto. Por tanto, la formación es la prosecución de la clínica...por otros medios, en tanto lo real no se trata solo en diván, y la creación de la Escuela como concepto, supone la puesta en marcha de un simbólico hecho para tratar el real especifico de la formación de los analistas. Y lo mismo que Lacan pensó la Escuela desde el discurso analítico, alejándose con ello de las "pirámides" freudianas, la formación del analista ha de pensarse con arreglo al decir analítico, tal como Lacan lo dejó escrito en "El atolondradicho".

Y a la hora de abordar lo real lo podemos hacer de dos maneras: por el automaton de la repetición, o por la tuche de la transferencia.

En un primer momento Freud decía que la transferencia era la repetición del pasado, igualando equivocadamente ambos conceptos. Tomado por este sesgo, la relación a la Escuela y a la causa analítica, sería repetición. O sea, en la Escuela, en nuestra formación, repetimos, en tanto lo que de la Escuela aceptamos, tanto como lo que de ella rehusamos, sería repetición de una aceptación y un rechazo íntimos y primarios. Dicho de otra manera, no son los aciertos o desaciertos de la Escuela, lo que determinaría nuestra transferencia a ella, sino lo que "llevamos dentro" y que respecto a ella, repetimos.

Desde este punto de vista, no hacemos mas que repetir en nuestra formación por vía de nuestra posición sintomática. Posición que nos llevará a esta actividad y aquél control, y nos alejará de este seminario y aquél congreso. Y como la repetición es sorda, ni se entera ni pregunta, lo que lleva a no interrogarnos por nuestras aceptaciones y rechazos, lo que nos deja bajo su férrea ley, la férrea ley de la repetición. Desde luego que no basta con interrogarse por nuestros sies y noes, pero es un paso ganado plantearnos, por ejemplo, por el lugar desde donde los proferimos. Sería ésta una ética que usaría la formación como defensa, poniéndola al servicio de la repetición, en tanto protección frente a lo real, donde lo real se serviría de la repetición para volverse imposible de escribir.

Por tanto, si repetimos en nuestra formación, nos engañamos, porque la repetición, tan cercana a la causa…la desconoce. Y es lo que nos permitiría a los analistas desconocer e incluso negar lo real en juego en nuestra formación.

Pero, afortunadamente, no está solo la repetición, hay también la transferencia. Y ocurre que la transferencia no es exactamente igual a la repetición. Si a la repetición le basta con repetir, acertando respecto al goce, pero fallando respecto a lo real, la transferencia, por contra, "muestra", en tanto, remedando a Lacan, la podemos definir como "la dis-puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente". La transferencia acierta donde la repetición fracasa. La transferencia, causa. Es lo que dice J.-A. Miller: que la transferencia es la tuche de la repetición, o sea, que por una contingencia, algo encuentre su posibilidad de escribirse2.

Por tanto, en la formación como en el análisis, la transferencia puede usarse contra la repetición, porque esta está al servicio del autismo subjetivo –Lacan coloca la repetición del lado de la alienación, mientras que aloja a la transferencia del lado de la separación3 . Para aquél que quiera romper el círculo cerrado de sus repeticiones, la transferencia es la oportunidad. Porque la transferencia añade al saber de la repetición, el vacío de la causa. La repetición es el nombre de nuestro tonto no querer saber de la causa -lo que le igualaría a la ciencia en tanto la ciencia predica un no pensar para ser. Ciencia y repetición, las dos son igualmente ciegas porque las dos se basan en las continuidades, en lo que hace ley.

Por contra, el psicoanálisis busca la causa en las discontinuidades, en lo que funciona como tuche para el sujeto. Por eso, si nuestra formación ha de ser permanente, no podrá ser "continuista". Aprovechemos las discontinuidades en nuestra formación para analizar ahí donde somos, en tanto el psicoanálisis postula, que somos ahí donde no pensamos. Digo "aprovechar" en el mismo sentido en que una contingencia de la vida se puede aprovechar en el análisis. ¿Acaso Lacan no dice que la transferencia es lo que liga la contingencia con lo imposible? Dicho de otra manera, una contingencia puede volver posible lo imposible de escribir. Para la ciencia lo real se demuestra por lo necesario, para el psicoanálisis, por contra, lo real puede llegar a escribirse por el encuentro. Bueno o malo, poco importa en este sentido, porque lo que importa es que la interpretación sea dichosa, y será dichosa si atraviesa el fantasma, o sea, si va contra el pasado y su poder, para alcanzar un tiempo anterior al fantasma4.

El análisis es necesario, pero no suficiente, porque queda darle una dirección a la causa analítica. Y la formación es la manera que encontrará cada analista para hacer con la causa, más allá del análisis. Si las formaciones son del inconsciente, la del analista es de la causa, pues causada está.

Análisis, control, enseñanza: ternario de la formación del psicoanalista, con algo que nos parece común a los tres.

Primero, el control mostrará la alienación o la separación del practicante respecto a su inconsciente, lo que determinará el horror o su decisión en el acto analítico a la hora de confrontarse a lo real. ¿El peligro? Que el horror nos lleve a la psicoterapia.

Segundo, el análisis necesita en un primer momento producir lo imposible, para dar lugar después a una nueva forma de arreglárselas con él.

Y en tercer lugar, la enseñanza dirá si lo real ha tomado el relevo del inconsciente como causa del saber, si lo ha sustituido. La fuente del inconsciente se seca en un análisis cuando el matema de la cura es extraído. Pero esto no es el fin: producto de un análisis, el analista puede volverse productor de un nuevo saber cuando tome a lo real como causa...inagotable. Es por eso que J.-A. Miller dice que la enseñanza es la prosecución del análisis…cuando éste ya ha terminado.

Cuando la servidumbre, cuando la alienación al inconsciente ha terminado, lo real puede ser encarado de una manera más directa. Más directa que lo que la repetición asegura y tan directa como lo que la transferencia hace posible, porque a fin de cuentas la formación del analista es deudora de la transferencia de cada analista a la causa.

Y es por ello que, parafraseando a Lacan, podemos decir también que: "De nuestro formación como analistas, somos siempre responsables".

 

NOTAS

1.- Cura y formación del analista están relacionados por Lacan en "Variantes de la cura tipo".

2.- "Un, deux, trois, quatre", J.-A. Miller, neuvième cours. Inédit.

3.- "Un, deux, trois, quatre", J.-A. Miller, neuvième cours. Inédit.

4.- "Un, deux, trois, quatre", J.-A. Miller, neuvième cours. Inédit.

 

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