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Espacio Central
Sede de Málaga de la ELP EL AE DEL BANQUETE DE LOS ANALISTAS * Hilario Cid Vivas Málaga |
Esta conferencia se enmarca por una parte en el contexto de una serie de reflexiones sobre la formación de los analistas con miras a nuestro próximo Congreso, así como con el texto de referencia para estas reflexiones, texto elaborado a partir del Curso de J.A. Miller de 1989-90 que lleva por título "El banquete de los analistas". Diremos de entrada que respecto a la formación del analista Lacan fue tajante: "No hay formación del analista, sino formación del inconsciente". Pero no debemos olvidar que si para Freud la formación del inconsciente por excelencia es el sueño, Lacan pone el acento sobre todo en esa formación del inconsciente que es el Witz, el chiste. Y no podemos no tener en cuenta que Lacan toma como modelo del pase precisamente al Witz, al chiste. ¿Es el resultado del pase, o sea el AE una formación del inconsciente? No creo que podamos llegar hasta ahí. Pero sí podemos ver que hay una línea de trabajo en Lacan que haría cercano lo que podríamos entender por un analista formado en el sentido lacaniano con un AE. En efecto, para Lacan el AE en el analista en tanto tal. Es decir, el analista que se ha formado, en el sentido de producido a consecuencia de un análisis. En este sentido el analista formado es igual al analizado. Pero atengámonos a lo que nos dice J.A. Miller en este curso que comentamos. El AE es el eje de la reflexión de J.A. Miller durante ese año académico. No puede ser de otra manera, porque el concepto de Escuela implica la pregunta sobre qué es el psicoanálisis y esta pregunta implica a su vez la de qué es un analista. Es el desarrollo de toda la lección tercera que Graciela Brodsky ha titulado "El deseo del analista". La pregunta clave, no sólo de este tercer capítulo, sino de todo el curso es ¿qué es un analista? Es una pregunta fundamental, una cuestión de primer orden en el psicoanálisis de orientación lacaniana, porque el pivote de la Escuela de Lacan será esta pregunta. Y es que sólo a partir del no saber es posible una elaboración de saber. Por tanto, partimos con J.A. Miller de la pregunta sobre lo que es un analista. Esto es esencial para saber lo que es la Escuela, pues como digo la pregunta de qué es un analista viene de la pregunta sobre el psicoanálisis. Hay una primera dificultad para captar lo que es un analista, puesto que definir al analista supone identificarlo y el discurso analítico se caracteriza por ir en sentido contrario, en sentido de la desidentificación, produciendo S1. Podemos dar ya una definición del analista. Si el analista, como dice Lacan es el producto de un análisis, es por tanto aquél que se ha desembarazado de los significantes amos que lo identificaban. Tenemos aquí una definición que es paradójica puesto que definir es identificar y aquí tratamos de definir a aquél que precisamente no es susceptible de ser definible. Nos aparece pues la paradoja de Russell. Pero antes de seguir adelante, digamos que tratamos de definir al analista no por su parecer, es decir no porque parece actuar como un psicoanalista, o sea que lo es en tanto que funciona como analista, por su práctica, sino se trata de definir al psicoanalista independientemente de su práctica, no por su parecer, sino por su ser. Eso quiere decir que un analista es el producto de un análisis. Además de esta identificación negativa, de esta definición por su falta de identificación, tenemos que Lacan hace una identificación positiva del analista. Llamamos analista a aquél que tiene el deseo del analista. Esta definición del analista, está en ese escrito de 1973 llamado Nota italiana. (1) Es hasta tal punto una identificación, que Lacan la llama "marca". (2) Es más es una condición, pero una condición absoluta, "pues no hay analista más que si ese deseo le adviene"(3). ¿Cuál es este deseo? El deseo de saber, dice Lacan. La definición de Lacan del analista es la de aquél que tiene el deseo de saber. Ahora tenemos toda la problemática sobre qué es un analista desplazada al deseo de saber. Lo primero que podemos decir del deseo de saber es que es un deseo. No es un saber, sino un deseo, un querer saber. Y querer saber es justamente lo opuesto a no querer saber, que es uno de los nombres de lo que Lacan llamó Verdrängun, represión, y que Lacan llama en ese texto de la Nota italiana "horror al saber" (4) para poner el acento sobre el pathos con el que se muestra su fundamento mismo, es decir la castración. Si el analista se define por el deseo de saber y el analista es el producto de un análisis, el análisis, más allá de cualquier terapéutica, es una experiencia de saber. En realidad, el que el análisis sea una experiencia de saber es el fundamento del pase, que se basa en la ambición de Lacan de hacer del pase una experiencia equiparable a la ciencia, una experiencia transmisible para todos. El análisis considerado como experiencia de saber implica que se van depositando toda una serie de significantes hasta un momento en que fuese posible extraer la ley que da razón de la secuencia de esos significantes. Es un recorrido que iría desde A hasta A tachado, siendo la ley S (A) tachado. En otras palabras, es obtener la fórmula, el denominador común, la ley, que explica por qué los significantes que determinaron mi existencia fueron tales y se relacionaron entre sí de tal manera. J.A. Miller siguiendo a Lacan toma como paradigma la invención del número transfinito por Cantor. Es todo el capítulo XX. En el fondo, el S(A)tachado, la ley de la serie, es, como demuestra J.A. Miller, el objeto (a). Esto con respecto al saber, pero, lo sabemos, el psicoanálisis no es solamente una experiencia de saber, también es una experiencia de deseo. Por lo tanto la expresión de Lacan, el deseo de saber, hace una sutura entre estos dos elementos heterogéneos que son el saber y el deseo, articulando de esa manera el psicoanálisis como experiencia de saber y el psicoanálisis como experiencia de deseo. Para Lacan, el saber no es más que una articulación significante sin sentido. Esa es la definición lacaniana de saber. El deseo sin embargo nos remite a toda una serie de conceptos que tienen que ver con el significado, con el sujeto, con la verdad. La verdad no es más que una significación que produce en el sujeto esa especie de certeza, una significación producida por los significantes. Pero el deseo implica lo que conocemos con el término de modificación subjetiva. Hablar de deseo al final de análisis implica lo que se llama la clínica del final de análisis que no son otra cosa que las modificaciones subjetivas que se han producido. Entonces hemos dicho que S(A) tachado solamente es posible al final del análisis, porque lógicamente obtener la serie de todos los significantes se logra al término al que podemos llegar, porque no podemos y al mismo tiempo no tiene más sentido ir más allá. Pues igual que este matema del significante de S(A) tachado que da razón de por qué se produce así y no de otra manera la articulación de los significantes que da razón de la existencia de ese sujeto, al igual el deseo de saber emerge únicamente al final del análisis. Lo mínimo que podemos decir es que no es posible -con esta definición- el deseo de saber sin un análisis, el deseo de saber es lo que se produce al final de un análisis, al menos según Lacan. Es importante porque es un concepto que es inédito e inexistente fuera de un psicoanálisis. La tesis de Lacan es que en el lugar del horror al saber adviene el deseo de saber. Ese sería el mecanismo íntimo de la producción de un psicoanalista. ¿Por qué se produce un psicoanalista? Porque allí donde hay horror de saber, cuyo sustrato es la castración, la verdad del sujeto, un no querer saber, que además sólo es posible cernirlo, captarlo como propio de cada uno, separado del de todos, allí donde hay eso al final de un análisis adviene el deseo de saber. Pues bien, la modificación subjetiva que se produce en el análisis implica que allí donde hay horror haya saber. Lo cual si lo pensamos no implica otra cosa que asumir la castración. Incluso J.A. Miller lo plantea, y esto me parece lo más complicado de este Curso, por el lado de la pulsión. En el fondo se trata de intentar comprender por qué Lacan se hace esa pregunta de saber qué pasa con la pulsión cuando se atraviesa el fantasma. Escribamos la fórmula del fantasma $à a. Y escribamos también la pulsión en tanto voluntad de goce, teniendo en cuenta que las pulsiones se fundamentan en el horror a la castración, y fundamentalmente en el horror de saber lo que pasa con el otro sexo, y más concretamente con el sexo Otro. (6) Puesto que la pulsión gira en torno al objeto (a) que resguarda la castración tendríamos a/-j Y como la verdad del sujeto es la castración, tendríamos que el final del análisis implicaría, al menos en teoría una cierta modificación de esos matemas. Así podríamos escribir que el matema a/-j se transformaría en a/S2, es decir en el lugar del horror al saber, el deseo de saber escrito como Wissentrieb, como pulsión de saber. Esto me parece realmente fuerte, porque en cierto modo implica una ganancia epistémica al goce pulsional. Allí donde se gozaba adviene un saber. De hecho es la tesis de Lacan en Televisión, que ese desciframiento implica un desciframiento de goce. ¿Hasta qué punto es posible una modificación pulsional y hacer de esta modificación pulsional un saber que sea efectivo para el psicoanálisis? Esa creo que es en el fondo la pregunta que J.A. Miller rescata de Lacan. Por eso J.A. Miller puede hablar de subjetivación del objeto a (7), incluso de subjetivación de la pulsión. (8) Expresión que puede ser una paradoja, ya que Lacan definió la pulsión como acéfala. Pero si hay algo que debe obtener el analizante al final de su análisis es que él habla también ahí, en la pulsión, y es por lo tanto responsable de la pulsión. No es sólo pues asumir la castración, que podríamos escribir S(A) tachado, sino también asumir qué habla en la pulsión, lo cual sería el mecanismo más íntimo del cambio del horror de saber en el deseo de saber: a/j ----> a/S2 Pero tenemos además que precisamente a/S2 es la posición del analista. Por eso J.A. Miller puede hablar de subjetivación del objeto a, porque en un análisis se iría desde el discurso de la histeria hasta la obtención, la sustitución de a en ese lugar. A nivel subjetivo esa transformación puede nombrarse ser en desecho. Sostener la posición de ser un desecho. En realidad, un análisis transforma a un sujeto en alguien que es capaz de saber que lo que le espera al final de un tratamiento psicoanalítico es ese ser el desecho de la operación, y además poder sostener esa posición de desecho (desecho-amo). Saber ser un desecho es otro de los nombres del deseo del analista. Porque esto es lo que hace posible la operación analítica. Saber ser un desecho implica sostener la posición conveniente el tiempo suficiente para que el analizante prescinda del analista. ¿Cómo se entiende esto desde el lado de la transferencia y por tanto del lado del sujeto supuesto saber? Del lado del analizante tenemos que la transferencia en tanto que amor que se dirige al saber es una demanda de amor. Ahí donde el analizante demanda amor el analista responde con el deseo de saber que en este nivel no es otra cosa que el deseo de que tú analizante sepas. ¿Sepas qué? Sepas obtener ese saber que si bien no es otra cosa que significación, es un saber inconsciente que encierra la verdad de lo que eres. Y es que el deseo de saber apunta a la verdad, por eso no es el deseo de la ciencia, a la cual y con toda razón la verdad le importa un pito. Tampoco es el ansia de verdad de la docta ignorancia que se sostiene sobre el deseo de no saber. Se trata de un deseo inédito, de un deseo que deposita un saber (imaginario, es cierto) en el lugar de la verdad. Es por tanto el motor mismo de la experiencia analítica, lo que la hace posible. Después de todo, ¿ con qué nos encontramos?. Nos encontramos con que un analista es el que hace posible un psicoanálisis. Y precisamente eso es lo difícil: hacer posible un psicoanálisis.
Notas: *Intervención en el Espacio Central de la sede en Málaga de la ELP sobre La Formación del Analista, el jueves 18 de Abril de 2002. Transcripción de Blanca Fernández.(1). J. Lacan, Note italienne, en Autres écrits, pp. 307-311. Édition du Seuil, Paris, abril 2001. (2). Ib., p. 308. (3). Ib. (4). Ib. (5). J.A. Miller, El banquete de los analistas, p. 379, Ed. Paidós, Argentina, 2000. (6). Ib., pp. 276-277. (7). Ib., p. 402. (8). Ib., p. 423.
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