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Espacio Central

Sede de Granada de la ELP

MODALIDADES DE LA FORMACIÓN

Adolfo Jiménez Hernández

 

 

A partir del conocido aserto lacaniano; "no hay formación del analista, hay formaciones del inconsciente", dicha formación –sobre la que parece recaer el "no hay" de la relación sexual– se presentaría entonces bajo la forma de lo imposible (que haya).

Pero, como también repite insistentemente Lacan, toda su enseñanza no tiene otro objetivo que la formación de analistas. A lo que responde, en consecuencia, la fundación de una Escuela que la dispensara y comprobara el surgimiento del analista. Esto es, a partir de dicha formación.

Formación necesaria, por lo tanto, en el sentido de no cesar de escribirse y en el hecho de que no puede ser que no la haya ...para conseguir un analista.

Y aun mostrándose necesaria (como el propio análisis, requisito de formación) ¿Podrá decirse de ella (como del análisis personal) que tampoco es suficiente?

En el seno de esta paradoja de imposibilidad necesaria habrá que despejar qué formación cabe como posible.

Mas, para acceder a la modalidad lógica de la formación del psicoanalista, revisaremos antes las diversas modalidades de formación que el psicoanálisis ha ofrecido en su historia.

Comenzando por Sigmund Freud(1).

I. Con Freud:

Freud fue el primer psicoanalista y también el único durante un tiempo. Formado en su propio análisis e impelido por un deseo que llamó pulsión de saber (Wissentrieb), comenzó recomendando entrar en la experiencia que acababa de abrir mediante el "autoanálisis" de los sueños propios. Experiencia a la que atribuía tal poder de convicción, que la consideraba capaz de vencer la inicial resistencia al nuevo procedimiento.

Cuando empezó a congregar partidarios, creó la Asociación Internacional de Psicoanálisis "...para evitar los abusos que sabía habían de cometerse a la sombra del psicoanálisis en cuanto éste adquiriese popularidad. Debía existir entonces una organización revestida de autoridad suficiente para delimitar el campo de nuestra disciplina y declarar ajenos a ella tales abusos". Asociación creada pues con fines inmediatos de colegio profesional, que hizo publicar la lista de sus miembros reconocidos (primera lista de analistas), y con perspectivas de organizar en ella –y garantizar– la formación del psicoanalista: "en las reuniones de los grupos locales que compondrían la asociación internacional se enseñaría la práctica del psicoanálisis, y los médicos que aspirasen a ejercerla podrían seguir así una preparación, quedando garantizada, en cierto modo, su posterior actividad".

Lo que, sin embargo, no pudo contrarrestrar las inevitables fricciones y desavenencias entre sus alumos como consecuencia, aclaraba, de "las dificultades particularmente grandes de la enseñanza práctica del psicoanálisis". Concluyendo en razón que tampoco el terapeuta era inmune a las resistencias contra el psicoanálisis, consideró por tanto que así como el tratamiento psicoanalítico, "debe vencer las resistencias que el aparato psíquico impone a lo inconsciente", del mismo modo,"el psicoanalítico tampoco habrá de tolerar en él ninguna resistencia". Razón por la cual el análisis personal, pasó de ser conveniente a obligatorio.

Pero el proyecto de una formación encomendada a los grupos locales hubo que esperar a 1921 en que se creó, gracias a Max Eitingon, el primer "Instituto de enseñanza" adscrito a la Policlínica Psicoanalítica de Berlín. Lo que no impidió que en Viena se manifestaran discrepancias con el Instituto de Berlín. Aunque, para entonces, "el Comité de los Siete Anillos" había tomado las riendas de la asociación, restableciendo el principio de autoridad y "descargando" así al fundador de preocupaciones que lo distrajeran de su labor docente e investigadora. En ese ínterin, se había creado la figura del "análisis didáctico" –y, correlativamente, de la orden de los didactas.

En "Sobre la enseñanaza del psicoanálisis en la Universidad" (1918) Freud reconocía que, para su formación, el analista puede prescindir de ella –la universidad– puesto que "...la orientación teórica que le es imprescindible la obtiene mediante el estudio de la bibliografía respectiva y, más concretamente, en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como por el contacto personal con los miembros más antiguos y experimentados de las mismas. En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos"(2).

En "Análisis profano" (1926), escrito como se sabe en defensa de los analistas no médicos, a raíz de una denuncia recaída sobre Theodor Reik, aclara Freud que tampoco la formación médica capacita a nadie para ser analista, siendo más adecuada una formación en letras y ciencias del espíritu (una universitas literarum): "está por crearse el plan de enseñanza para el analista; sin duda habrá de comprender temas de las ciencias del espíritu, de Psicología, Historia de la cultura y Sociología, así como de Anatomía, Biología y Genética. Hay tanto que aprender en estos terrenos, que es justificable omitir de dicho programa cuanto no guarde una relación directa con la práctica del análisis y sólo contribuya indirectamente, como cualquier otro tipo de estudio, el adiestramiento del intelecto y de la capacidad de observación sensorial. (...) Por cierto que se trata de un ideal, pero de un ideal que puede y debe ser realizado. Con todas sus insuficiencias juveniles, nuestros institutos de enseñanza representan ya el germen de semejante realización".

Destaquemos también de paso que, para la concepción freudiana, la terapéutica no es más que una aplicación del psicoanálisis, distinguiendo –antes de Lacan– el psicoanálisis "científico" (psicología pura), del "terapéutico" (aplicación a la medicina). Así lo recuerda en "Historia del movimiento psicoanalítico" (1914) cuando rememora la creación de la I.P.A.: "Los fines de la asociación se concretaron –quiere decir, por escrito– en la forma siguiente: «Estudio y promoción de la ciencia psicoanalítica fundada por Freud, tanto en su calidad de Psicología pura como en su aplicación a la Medicina...»". Y todavía insiste en "Análisis profano" (1926): "...yo mismo propugno el valor autónomo del psicoanálisis y su independencia de la aplicación a la Medicina. [...] Por razones prácticas hemos adoptado la norma -que incidentalmente también rige en nuestras publicaciones periódicas- de separar el análisis médico de las aplicaciones del psicoanálisis. Esta distinción, no obstante, no es correcta, pues en realidad la línea de división corre entre el psicoanálisis científico y sus aplicaciones, tanto a la Medicina como a terrenos no médicos.» (El subrayado es nuestro).

Lacan tomará Freud a la letra cuando funde su Escuela.

II. Después de Freud:

Y nadie mejor que Lacan para hablar de la situación del psicoanálisis y la formación del psicoanalista después de Freud. Pues lo hizo en 1956 con motivo del centenario de su nacimiento. Un Lacan que, tres años antes, y por disputas relacionadas con la formación, ha sido apartado de la dirección de la Sociedad Psicoanalítica de París, dando lugar a la escisión de 1953.

De manera que, en "Situación del psicoanálisis y formación del analista en 1956" empieza distinguiendo "la situación verdadera", esto es la que sería verdaderamente psicoanalítica (freudiana), de la que denomina "la situación real", es decir la entonces existente, hasta tal punto rebajada "...que ninguna noción nueva ha sido introducida en él desde Freud, [salvo] el recurso tan obligado para servir en él de explicación para todo propósito que se ha hecho ya trivial, o sea la noción de frustración".

Junto a una degradación de los conceptos en su uso des preceptos de los que da toda una relación: "transferencia", "resistencia", "regla analítica", "atención flotante"... Por no hablar de las expresiones entonces de moda (y por tanto demodées) de "agotamiento de los fantasmas", "regresión instintual", "desarme de la defensa", "esponjamiento de la angustia", "liberación de la agresividad", "identificación con el yo fuerte del analista", "manduración genital", "dinámica de la relación de objeto", "objetividad", "situación hic et nunc"... expresiones todas que tienen en común tomar lo imaginario como modelo de lo real.

Desconocimiento de la determinación simbólica del inconsciente y de la sintaxis de las pulsiones. Deficiencia de la doctrina que tiene su repercusión en una técnica que desconoce que su acción sólo se ejerce "sobre la relación del sujeto con el significante". Desconocimiento de la estructura(3).

Y eso a pesar de que, como hemos visto, Freud recomendaba una formación que comprendía los estudios filológicos antes que los biológicos.

Con lo que, sumergido en la relación dual imaginaria del análisis didáctico y con el objetivo –más patente que en cualquier otro– de una identificación al yo del analista, "la formación dada" al candidato dista de ser "la formación válida" requerida. «Pues no olvidemos –recuerda Lacan– que la entrada en la comunidad está sujeta a la condición del psicoanálisis didáctico, y hay ciertamente alguna razón para que sea en el círculo de los didácticos donde la teoría que hace de la identificación con el yo del analista el fin del análisis, haya tomado nacimiento».

Organizada como una Iglesia "porque Freud así lo quiso" (para asegurarse el mantenimiento de su pensamiento aunque más no fuese que como divinas palabras), la formación se vuelve iniciática y la jerarquía –que coincide con el grado que Lacan denota como "Suficiencia" (miembro titular)– se alcanza por reproducción imaginaria: Sociedad de Amos a la que el aspirante aspira: «...desde el momento que las Suficiencias están constituidas en Sociedades y que su elección es cooptativa, la noción de clase se impone y sólo puede aparecer en aquella donde se ejerce su selección a condición de envolverla con alguna oposición a la suya».

Esa otra clase, la de los aspirantes (o miembros adherentes), recibió de Lacan el nombre de "Zapatitos" (petits souliers) cuya traducción literal ("zapatos chicos"), nos parece mejor para remedar la incomodidad e impaciencia de quien le aprieta el zapato... pero no puede quejarse. Ya que es a partir de su docilidad de donde podrá alcanzar el reconocimiento de su suficiencia («un buen analizado no hace preguntas»).

A esta serie Lacan añade las "Beatitudes", grado excelso de satisfacción de las "Suficiencias" de quienes son portavoces, y que son quienes deciden en la Sociedad del acceso a la jerarquía. Promoción silenciosa donde la Palabra no tiene lugar y el estándar evita la sorpresa. Glorificación de la autonomía del yo para la felicidad de las masas.

III. Con Lacan:

Habiendo tomado a Lacan como explorador de las desviaciones postfreudianas, hemos comenzado a palpar cuál es la vía de su retorno a Freud: la formación del analista debe comenzar por la de su instrumento, la palabra, y por la lógica del inconsciente: la combinatoria significante. Preparándolo así para su función de partenaire del inconsciente.

Pero antes, en 1949, cuando redacta el reglamento de la Comisión de enseñanza de la Sociedad Psicoanalítica de París, Lacan era estrictamente freudiano en su proyecto sobre la formación del psicoanalista.

Consecuentemente a ello, desde su primer punto anuda en el candidato resistencias y transferencia, análisis, enseñanza y formación:

1. "El conocimiento y el ejercicio del psicoanálisis exigen una experiencia de su materia específica, que son las resistencias y la transferencia; esa experiencia sólo se adquiere, en primer término, en la posición de psicoanalizado."

"Por eso el psicoanálisis llamado didáctico es la puerta de entrada a una enseñanza en la que la formación técnica dirige la inteligencia teórica misma."

En el segundo expone el programa y la responsabilidad que asume la institución:

2. "Experiencia didáctica, análisis bajo control y enseñanza teórica son sus tres grados, cuya responsabilidad y homologación asume la Sociedad Psicoanalítica."

"Sin la experiencia que efectivamente la funda, toda puesta en juego de los determinismos psicoanalíticos es incierta y peligrosa y sólo puede garantizar que esta experiencia sea efectiva su trasmisión regular por sujetos expertos."

Y en el tercero apoya la garantía en la continuidad de una tradición freudiana:

3. "Esto sólo lo puede garantizar, en Francia, la Sociedad Psicoanalítica de París, cuyo reclutamiento se identifica con la formación, tal como la forjó una tradición continua desde los descubrimientos constituyentes del psicoanálisis; es decir que se admite en ella como miembro adherente a quien satisfizo dicha formación, y como miembro titular a quien es capaz de transmitirla en el psicoanálisis didáctico."

Más tarde, tras la escisión, señalará la resistencia del analista en los efectos imaginarios de una relación dual donde el yo del analista se presenta como "medida de la realidad" ("El psicoanálisis y su enseñanza", 1957). Impasse que impedirá al análisis llegar a su fin.

Por lo que preconiza, en contraposición, una teoría del fin del análisis concebido –en la mejor tradición freudiana– como restitución de una cadena simbólica cuyas tres dimensiones, a) de historicidad ("de historia de una vida vivida como historia"), b) de servidumbre significante ("de sujeción a las leyes del lenguaje, únicas capaces de sobredeterminación") y c) de relación intersubjetiva ("de juego intersubjetivo por donde la verdad entra en lo real"), indican las vías en que el analista debe formarse(4).

Recuérdese que las disputas en la Sociedad Psicoanalítica de París estaban en relación con la "desviación" que la enseñanza de Lacan suponía para la formación de los candidatos (y, por qué no decirlo, los celos por la mayoritaria adhesión a ella que los más jóvenes manifestaban). De manera que su excomunión incluía la descalificación específica de esa formación con la paradoja, señalada por él, de que bastara que los miembros por él formados adjuraran de su persona, para que dicha formación pudiera ser válida.

Y de forma que, cuando después de dicha excomunión funda su Escuela, lo hará en ruptura con la tradición –tanto tiempo respetada– en cuanto a la autorización del analista. Ésta surge de su propio surgimiento según el principio enunciado en su "Proposición..." de que "el analista se autoriza por él mismo", es decir a partir del acto analítico y del deseo que lo habita. Y la formación que su enseñanza dispensa, la formación de la Escuela, está destinada a reconocer la marca de ese deseo como deseo del analista.

Es aquí donde queríamos interrogar la formación que no hay, la del analista. Pues no la hay en el sentido de que un analista no produce formaciones, ya que, en eso, debe estar advertido de su inconsciente: porque el analista actúa a la inversa del inconsciente.

En cambio, la formación que hay, no puede ser otra que la de la Escuela (la formación lacaniana) aunque los analistas no estén en ella en formación, o precisamente por eso. Porque si el producto del análisis es un psicoanalista desidentificado, los analistas lo son de uno en uno –en su acto.

Desidentificación a la que apunta la formación posible si definimos lo posible en el sentido lacaniano de lo que cesa de escribirse... en el inconsciente.

IV. Después de Lacan:

La contraexperiencia de la Escuela de la Causa, supuso un apuesta de posibilidad a favor de la formación de la enseñanza de Lacan. Y, con ella, sus seguidoras –Escuela Una todas ellas– están consagradas a esa formación. La formación que la Sociedad Psicoanalítica de París quiso negarle a Lacan.

Por eso, cuando alguno de sus miembros ha vuelto a poner en duda dicha formación, lo que hacía no era sino repetir la excomunión de Lacan, la denegación de su enseñanza. Negación tan falaz en su día como la recientemente producida en París.

Lo que justifica, para nosotros, la reciente cólera de Jacques-Alain Miller que no podemos dejar de alabar. Pues no se trata de una ofensa o un menospecio dirigido hacia él o hacia nosotros, se trata de la repetición del rechazo a Lacan de 1964 referido de nuevo a su capacidad de formación y revestido sin embargo de la aceptación de su persona –ahora que no está– pero no del objeto de su enseñanza: el analista lacaniano, el único que ha dado prueba científica –es decir, trasmisible– de su ser analista.

Terreno en el que no podemos ceder por constituir lo más preciado de la enseñanza que nos legó. La apuesta por el Pase.

Más allá de cualquier consideración sobre su persona (incluso cuando su destino haya sido de fuga), la nominanción de AE designa que un analizante ha dado pruebas de su pase como acto analítico, esto es de su pase de analizante a analista: de que su autorización –a diferencia de las que una sociedad podría conceder– no ha sido una autoritualización.

Probablemente, fuera de ellos también los hay, es un hecho(5): "...pero es así porque fucionan".

Lo aseguraba Lacan en la "Carta a los italianos" y hemos aprendido a leer en ese "porque funcionan" a los AME; pero esa función "...sólo hace probable la ex-sistencia del analista". Probabilidad suficiente para la garantía, pero ya conocen la continuación: "...que las posibilidades sean grandes para cada uno, las deja para todos insuficientes".

El debate sobre la formación tiene, para la Escuela Una, el objetivo de que esa posibilidad llegue a hacer la prueba de sus límites en cada uno.

* * *

Notas:

1.- La historia comprueba que estas modalidades fueron produciéndose a golpes de crisis, tal como recientemente nos lo ha mostrado –incluso matematizado– Graciela Brodsky a partir de la encuesta EOL/NEL.

2.- He aquí el "trípode freudiano" señalado también por G. Brodsky: análisis personal, enseñanzas y control.

3.- La cita completa de Lacan es: "Como la técnica del psicoanálisis se ejerce sobre la relación del sujeto con el significante, lo que ha conquistado de conocimiento no se sitúa sino ordenándose alrededor". Indicación de 1956 ("Situación..."), que no deja de resonarnos con la expresada en su continuación de 1967 ("Proposición..."): «...lo no sabido [participio pasado: lo que no se sabía y se ha conquistado] se ordena como el marco del saber» [rodeando el saber por conquistar, el saber inconsciente].

4.- Recordemos la conclusión de Lacan en este artículo: "Todo retorno a Freud que dé materia a una enseñanza digna de ese nombre se producirá únicamente por la vía por la que la verdad más escondida se manifiesta en las revoluciones de la cultura. Esta vía es la única formación que podemos pretender transmitir a aquellos que nos siguen. Se llama: un estilo." (El subrayado es nuestro.)

5.- Reténgase a este propósito que Lacan califica la facticidad bajo el modo de lo contingente.

 

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