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EL TRAVELLING Y EL CANALLA: UNA CUESTIÓN DE ÉTICA José Luis Chacón Lafuente |
| "Como chiste se puede decir que el núcleo de la formación de los analistas consiste en curarlos del sentimiento de culpa: Eso es necesario en la cura, con el riesgo de producir canallas" 1 Jacques-Alain Miller
Hace algunos años, coincidiendo con el Seminario "La Escuela y su analista", durante el curso 1990/91, dirigí una pregunta a C. Soler referida a la salida de análisis cínica e incluso, a partir de una cita de J.A. Miller, la producción de canallas en el mismo análisis. Colette Soler me pidió en aquella ocasión que le enviase una formulación de esa pregunta a París e iniciamos una relación epistolar sobre ese tema. Años más arde el curso 1992/93, pude apreciar como en su Seminario titulado "Las variables del fin de la cura", realizado en la Sección Clínica de París, había incorporado algo sobre esta polémica que sostuvimos. En la Conferencia de clausura de las XI Jornadas Andaluzas de Psicoanálisis, el pasado año en Granada, Hilario Cid se preguntaba, siguiendo la enseñanza de Jacques Alain Miller, la eventualidad que haya análisis y sea pertinente ubicar el matema de la pregunta de Madrid como reactualización de la Nota a los Italianos. Considerado así, el pase a la entrada, desde una perspectiva freudiana, exigiría como condición para que hubiera análisis, "un recorrido que alcance una buena parte de lo que con respecto al inconsciente, hoy puede saberse" 2. Una vez que se vislumbra un cierto relanzamiento del deseo en la Escuela Europea de Psicoanálisis a través del significante Escuela Una y, como no, también a partir de la crisis abierta en el seno de la Asociación Mundial de Psicoanálisis hace ahora un año, y puesto que de alguna u otra manera se ha visto reflejada en Andalucía, creo pertinente reformular la pregunta que hice a C. Soler y reflexionar en voz alta, a cielo abierto, puesto que estamos debatiendo el futuro de nuestro Grupo y habremos de estar advertidos de esa posibilidad de tener en nuestro seno lo que Lacan llamó canallas y que J. A. Miller definió como "alguien que se inventa siempre disculpas por lo que hace. Alguien que se disculpa de todo"3. Es decir, creo que tratándose de producir el deseo del analista, debemos interpretar los errores y las repeticiones en el mismo Movimiento Psicoanalítico desde sus orígenes, para tener mayor rigor y una proximidad al pase en sus dos modalidades, puesto que ha sido este, y a veces a través de sus carteles, el núcleo de las crisis abiertas en las Escuelas fundadas por Lacan y ahora en la AMP. Cuando Lacan en 1978 declaró, levantándose y yéndose del Congreso de la EFP en Deauville, que el pase en la Escuela había resultado un fracaso porque lo que importaba de verdad era preguntarse "que es lo que puede pasar por la cabeza de alguien para autorizarse a ser analista" implicaba , de hecho, que lo que se dilucida en un análisis no es el cambio de objeto que pudiera producirse como resultado de la experiencia ,ni siquiera la revelación de la naturaleza del objeto en cuestión, sino que lo realmente importante es el despegue o el corte del sujeto con el objeto. Es por ello que el estatuto del inconsciente es ético. Porque la hipótesis del inconsciente implica necesariamente un sujeto. La ética es una obligación que no depende de lo necesario y, tratándose del psicoanálisis, es una orientación hacia lo Real que no permite elección posible4. La aparición de un deseo inédito de saber, el deseo del analista, es la condición misma no solo del dispositivo analítico sino también de la supervivencia del Psicoanálisis. Se trata, pues, de un trabajo orientado hacia lo Real y que implica el acto analítico. La ética es la del deseo " Wo Es War, soll Ich werden". Donde ello estaba, yo debe advenir. El pase no es más que la verificación de una nueva pulsión, de la aparición del deseo de saber. Sabemos del isomorfismo de la entrada y final de análisis y de ahí la pertinencia de establecer un pase a la entrada. Pero supongamos que, habiendo un recorrido y un saber adquirido, por tanto, y sin que llegue a producirse atravesamiento del fantasma ni mucho menos identificación al síntoma, en lugar del barramiento del A, en lugar del objeto a y el sujeto, el analizante se identifica, precisamente con A, con aquellas insignias de poder, con los significantes amos que conllevan un poder. Es una hipótesis. Pero de la que, en cierto sentido, había advertido Lacan cuando dijo " Todo canalla es querer ser el Otro"5. Tracemos un pequeño recorrido, un esquemático pero necesario trazado, aunque sea a modo de tesis para el desarrollo de esa hipótesis. Cada psicoanálisis lleva al sujeto, al analizante, hasta un punto en el que puede reconocer una incompatibilidad esencial de su deseo. Este atolladero es irreductible e implica enfrentarse a una lógica paradójica. Enfrentarse a esta paradoja del deseo depende, en última instancia, de un ética particular ya que los actos que dependen están marcados por esta contradicción. La Ética, haciendo un recorrido por la enseñanza de Lacan, consiste en orientarse en relación a lo Real y ello no permite elección 6 posible pero es la Ley la que delimita una Ética que rige la existencia del sujeto; esta Ética resulta del asesinato del padre, mito que fue trazado en "Totem y Tabú". Es la castración y su agente, es el deseo de la muerte del padre, en última instancia el que inscribe la culpa inconsciente en el sujeto. El Super Yo, como instancia moral, se presenta como identificación al Padre frente a la prohibición del goce igualitario que incluiría la Ética que se presentaría, por tanto, como homogénea al deseo. La ética es, pues la del deseo. De estos presupuestos parte Freud al establecer su fórmula: " Wo Es War, soll Ich werden" que Lacan lee como "Dónde ello estaba, yo debe advenir". La Ética, nada tiene que ver con la elección del bien o del mal y es por ello que Lacan puede establecer para el analista el bien decir sin indicar nunca donde está el bien ...pero tampoco el mal. No se trata, no obstante, de un problema insoluble porque si el analista interviene en el dispositivo en uno u otro sentido, el riesgo es que el análisis quede suspendido en un punto crucial. El analista debe encontrar la palabra justa. porque el silencio es a veces tomado por el analizante como una desaprobación. Si el sujeto elige el Mal: sufrimiento frente a la alienación del Bien y por ello permanencia del síntoma. Frente a ello el Acto analítico que apunta justamente al final, al atravesamiento del fantasma y la posible identificación al síntoma. Pero la vía del Mal es una primera respuesta del sujeto que asegura la existencia, aunque si bien el dolor del síntoma permite afirmarla, sigue siendo pasiva. Resta aún agregarle un acto para que el sujeto pueda reconocerse en ella. Todo acto comporta la cuestión de la Ley moral y es esta ley la que el analizante viene a cuestionar a través del alivio del síntoma que le asegura, de este modo, la transgresión. Cada sesión representa una búsqueda o una demanda un acceso libre al goce. Existe una diferencia ética entre el producto del saber inconsciente, el síntoma, del que el sujeto puede declararse inocente y el deseo sobre el cual el sujeto pretende actuar y del que responde mediante sus actos. De esta posición de sujetos siempre somos responsables, como afirma Lacan. Esta controversia mantiene una dimensión ética porque da al síntoma el sentido de la existencia. Este sentido es asumido por el analizante sin comprenderlo pero prosiguiendo en su análisis. El progreso del análisis supone, de hecho, el descubrimiento de los atolladeros del propio acto. No huye de su angustia y, además, la reconoce en relación con los Nombres del padre, su culpa, etc. Y es en función de la revelación de estos atolladeros que el sujeto advierte que el análisis le conduce a un punto diferente por el que comenzó su análisis: si lo comenzó para tener mayor acceso al goce o gozar plenamente, el transcurso de las sesiones, y tal vez próximo a su fin, lo puede conducir a la castración y el objeto a. No solo no era como lo pensábamos sino como nos lo temíamos: El sujeto ya sabe que es necesario actuar porque significa sus fantasmas y el posible atravesamiento del fantasma fundamental y el no actuar significa la permanencia irreductible del síntoma. Actuar en el fantasma, atravesarlo, significa una nueva paradoja ligada a las identificaciones de su puesta en escena ya que quien expone, se expone al riesgo de que su acto sea exitoso y por tanto la realización del incesto. El analizante debe, en estos momentos, identificarse con la causa de su deseo y así habrá de advertirlo el analista pero estos momentos de vacilación suponen que el analizante pueda identificarse también con aquello que determina la causa del deseo, es decir, con el Otro del discurso. Puede, entonces, elegir asumir, gracias a su análisis, la posición de poder de aquel que ya sabe qué es lo que determina al deseo. Y esta es la posición del canalla: ocupa un lugar nuevo dejando la propiamente ética de analizante para situarse en el lugar del Otro del discurso7. Esta posición, producto del horror a la castración y como retroceso del deseo de saber, es engañosa para el propio analista que creerá que su analizante está aún en análisis o, peor aún, que ha llegado a la conclusión de su análisis. No obstante, el saber adquirido en su análisis, a través de una ética propia al dispositivo, se convierte en la utilización, como poder, de ese saber. Creyendo haber dominado su deseo, se identifica con las insignias del poder que pudo localizar en su análisis. Y como estas insignias del poder no podrían estar vacías, un uso común sería el intento de dominio a los colegas, compañeros y amigos para continuar ejecutando los mismos fantasmas, pero a partir de una nueva posición afirmada en el saber adquirido. El canalla es como el estafador o manipulador que, afirmado en su análisis, sabe aprovecharse del deseo de otro no sólo en nombre de cierto saber adquirido, sino también por la consideración de analizado o analista que ese saber puede conferirle. Utiliza una función que comporta una ética, para convertirla en un instrumento de poder. Poder que será ejercido en un marco diferente de aquel para el que la función estaba destinada ( el campo analítico ). El canalla, es verdad, es una excepción aunque podemos encontrarlos en la historia del movimiento psicoanalítico y en la Escuela de Lacan. El canalla carece de culpa y responsabilidad tan siquiera en su posición de sujeto. La culpa para el canalla, es siempre de los otros. La responsabilidad también. En lugar de producirse atravesamiento del fantasma, se provoca o se obtiene una detención. La identificación, para este tipo de sujeto, es con los objetos de poder y el garante sigue siendo el Otro. Trabaja de manera solitaria pero amparándose siempre en los otros de la Escuela que, por otro lado, lo reconocen como colega. Es desde esta perspectiva, trabajada como hipótesis, que los carteles del pase habrán de estar atentos a las consideraciones de que haya análisis o si este ha llegado a su final, se trate del pase a la entrada o la salida y para ello ha de advertir que el candidato mantiene una relación estrecha con la culpa, incluso que el final supone una cierta asimilación y verificación de ésta que pueda conlleve la responsabilidad del porvenir mismo del Psicoanálisis. Porque el deseo del analista y el deseo, en psicoanálisis, como señalaba J.A.Miller" es un problema de ética, no se trata de liberarlo sino de resolverlo"8. La separación sujeto y objeto en el atravesamiento del fantasma, y la consiguiente identificación al síntoma, supone someterse al pase, no como una obligación sino como continuación en la Escuela del propio discurso analítico. Es en cierto sentido la historización de ese sujeto y la elaboración de nuevos matemas que acerquen al Psicoanálisis a la Ciencia. Destituido el sujeto , y no habiendo Otro del Otro, suprimida la transferencia con el analista, solo quedan los otros, la transferencia de trabajo con los colegas, el trabajo decidido del uno por uno pero sometidos al quehacer del resto de los colegas. El hermanamiento entre Grupos, como es nuestro caso ha de facilitar y pone uno de los cimientos de la Escuela Una porque se trata en última instancia del relanzamiento del deseo. Se trata, pues, de la interpretación de las resistencias como una apuesta por la transferencia de trabajo más allá de las pequeñas diferencias porque como decía J.A.Miller " Si fuera posible contentarse con definir la experiencia misma del psicoanálisis por la suspensión de todos los valores -y la regla fundamental en cierto modo lo implica-, por qué entonces no satisfacerse simplemente con la técnica que es intrínseca, ni traída ni importada? Esto sería, por ejemplo, lo que manifiesta un dicho de Jean-Luc Godard -digo un dicho pues tiene un sello presocrático-: "un travelling es una cuestión de moral". No estoy en contra. Creo que en el psicoanálisis una interpretación es una cuestión de ética" 9.
NOTAS 1.- Miller, J.A. Seminario "Patologías de la Etica" II Encontro Brasileiro do Campo Freudiano. Sao Paolo 1989. 2.- Cid, H.: "Un síntoma de hoy: el psicoanalista" Conferencia de Clausura de las XI Jornadas Andaluzas de Psicoanálisis. Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis Nº 23.1998. 3.- Miller, J.A.: Seminario "Lógicas de la vida amorosa" Jornadas del Campo Freudiano de Argentina. Buenos Aires. 1989 4.- Soler, C.: Seminario "Fines de Análisis" Buenos Aires 1986. 5.- Lacan, J.: Seminario XVII "El reverso del Psicoanálisis" Paidós 1992. 6.- Miller, J.A. "No hay clínica sin Etica" en Matemas I. Manantial. Buenos Aires. 1987. 7.- Lacan, J.: "No puede analizarse a alguien para quien el Otro no existe". Seminario III "Las Psicosis" Paidós.1984. 8.- Miller, J.A. "No hay clínica sin Etica" en Matemas I. Manantial. Buenos Aires.1987. 9.- Miller, J.A. "No hay clínica sin Etica" en Matemas I. Manantial. Buenos Aires.1987
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