EL PSICOANALISTA Y SU POLÍTICA Rodolfo Pujol Ríos |
| La referencia a la política en la enseñanza de Lacan, ya sea si ésta se refiere a la dirección de la cura, o si se refiere al plano institucional con la introducción de la Escuela del Pase, está presente en todo su recorrido. La reconquista del campo freudiano y la restauración del filo cortante de la verdad freudiana, responden a este fin. El psicoanalista de orientación lacaniana tiene una política de fin de análisis fundada en una clínica. Clínica y política se dirigen a lo Real, orientadas a lo Real, a ese Real propio del psicoanálisis que es la ausencia de la relación sexual. Es este Real particular al psicoanálisis que no cesa de no escribirse, marcando de esta manera su diferencia con lo Real al que se dirige la ciencia. Al psicoanalista de orientación lacaniana y al psicoanalista de la escuela (AE), Lacan los hace responsables de la supervivencia del psicoanálisis a partir del deseo del analista en tanto deseo de saber, deseo del analista que es la llave de acceso a lo Real sin la cual el psicoanálisis no sería digno de competir con la ciencia. A partir de estas afirmaciones es muy difícil desvincular la clínica de la política. Se abren diferentes líneas para desarrollar la política del psicoanálisis. Voy a seguir una de ellas que me parece la más importante en tanto que es un debate que mantiene plena actualidad en el seno de la AMP y sus Escuelas. La clínica del analizado, como Jacques-Alain Miller la denomina en "El Banquete de los Analistas", plantea un problema que se puede formular de la siguiente manera, qué es lo que viene al lugar donde antes estaba ocupado por la transferencia analítica, por el trabajo de la transferencia del analizante. Podemos responder rápidamente apoyados en Lacan: la transferencia de trabajo, pero no nos precipitaremos y seguiremos una lógica. Los últimos acontecimientos de la AMP centran la reflexión alrededor de este concepto. Citaré algunos hechos: en 1996, en el Encuentro Internacional en Buenos Aires se produce lo que ha denominado la guerra de los cárteles, planteándose diferentes concepciones sobre el final de análisis, el Cartel B sostiene como un punto esencial "la decisión del sujeto de separarse del analista como un acto". En 1997 se trata este tema en el Colegio del Pase y Eric Laurent señala que el viejo tema de la liquidación de la transferencia, el ideal del retorno a cero de la transferencia, que ha recorrido la historia del psicoanálisis, se había introducido a través de esta nueva formulación del Cartel B un nuevo criterio para las nominaciones de AE. En 1998, durante la crisis de la AMP, se realiza un cuestionamiento de la tesis de la transferencia de trabajo. En octubre de ese año, Jacques-Alain Miller en Buenos Aires, en las Jornadas Anuales de la EOL, realiza un Seminario de Investigación titulado: La introducción al Post-analítico. Ese mismo año en Madrid, se realiza un Seminario sobre la Transferencia Negativa según la enseñanza de Lacan. Todos estos hechos plantean el problema de la política de la transferencia, la transferencia no es solamente una cuestión clínica del sujeto en tratamiento, es la cuestión del vínculo con la causa analítica, en tanto que determina la forma misma de la Institución. Lacan, como lo hemos visto anteriormente, señala que la transferencia de trabajo vinculará al analizado con la Escuela, éste sería un destino de la transferencia luego del final de análisis. Planteo estos temas no sólo por los hechos antes señalados sino porque fueron, asimismo, los argumentos elegidos por un colega que hasta julio del año pasado fue AE de la EEP y que sus declaraciones se encuentran en Cursor - Boletín de la Sección de Cataluña de la EEP - Junio de 1998. Cito textualmente: "Hasta ahora el vínculo con la Escuela se ha fundado en la transferencia analítica y en el magisterio. ¿Y luego, una vez que la transferencia analítica se disuelve y el magisterio o cae o queda en todo caso disociado de la "potestad"? Lacan habló sobre transferencia de trabajo pero sobre esto hay que seguir pensando. Es más, está aún por verificar si esa escuela es posible, una escuela no sostenida en la transferencia analítica o en el vasallaje político". Lacan, en la nota adjunta del Acta de Fundación de la Escuela Freudiana de París, dice textualmente: " la enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro más que por la vía de una transferencia de trabajo". Partimos de la base, como ya hemos dicho, de que en un final de análisis no hay liquidación de la transferencia, que la transferencia no se reduce a cero. En la cura analítica y siguiendo el discurso analítico, el saber que ex-iste en el inconsciente no puede ser subjetivizado más que por la transferencia analítica (el trabajo de la transferencia) por el amor que se dirige al saber, que pone a trabajar al analizante, el analista no trabaja, soporta el acto. El deseo del analizante apunta al saber (S2), es deseo de saber. El deseo del analista se dirige al S1 que es distinto al saber, es el deseo de obtener la caída de esta etiqueta subjetiva que se llama significante amo o identificación, apunta a la desidentificación. ¿Cómo reinocular, reinsertar en el analista el deseo de saber, cuando su posición misma apunta al S1 y no al S2? ¿Cómo volver a colocar al analista en una posición analizante con respecto al sujeto supuesto saber, pues esa posición no viene de su posición de analista, que es contraria a él? Su posición de agente del discurso analítico supone un cierre del deseo de saber. ¿Cómo pasa el analista a una posición donde surge el deseo de saber? Estas reflexiones realiza Miller en su Seminario de Investigación "Introducción al post-analítico". Se plantea que para reanudar al analista con el deseo de saber se necesita una fuerza muy potente, una fuerza exterior a la práctica misma del analista. Y dice : "creo que la Escuela responde a eso. Responde a la necesidad de restablecer para el analista una relación al sujeto supuesto saber, lo cual es distinto a la enseñanza de lo ya sabido y lo pone en relación con la ignorancia. A él, que está todos los días con relación a la ignorancia del otro, del analizante. El deseo de saber es para el otro. Por lo menos en la lógica de Lacan, pienso que se ve que en la escuela no es algo suplementario, algo que está demás, es un suplemento que se puede lógicamente deducir de la estructura del discurso analítico, aunque no responde a la estructura del discurso analítico". Enric Berenguer, en su artículo "El final de análisis... y después", en Uno por Uno Nº 46, manifiesta que la Escuela no es la conclusión lógica del final de análisis, sino una de las posibles consecuencias del mismo ya que en el final de análisis se pone en cuestión de forma eficaz la misma existencia del Otro, esto llevó a que Lacan considerara el saldo cínico como un problema al que todo análisis llevado hasta el final se enfrenta de una u otra forma. La existencia de la Escuela y el dispositivo del Pase son los instrumentos para tratar este riesgo posible del fin de análisis. Florencia Dassen, AE de la EOL, en su testimonio que podemos leer en Uno por Uno Nº 45 dice que su acercamiento a la Escuela no fue sin cierto pasaje por un momento cínico como resto de fin de análisis. Esto nos señala que existe un hiato entre el fin de análisis y el deseo del analista. Del lado del analizante, una vez llegado al final de análisis, cuando el analista cae, la destitución subjetiva deja lugar a la transmisión. La causa del horror al saber cae para dejar paso al deseo de saber. Es allí donde Lacan señala que ese lugar debe ser ocupado por la transferencia de trabajo que lo relaciona a la escuela. Hay un pasaje del trabajo de la transferencia a la transferencia de trabajo, teniendo como referencia esta última a la escuela y una transformación del saber supuesto al saber expuesto. Pero pueden existir otras salidas que J.A.Miller comenta en el seminario antes señalado. Miller se refiere a un artículo de Eric Laurent en que éste ha deducido tres posiciones del analista a partir de su posición de saber que marcaría el fin del análisis, tres posiciones Post-analíticas del analista: 1) es que el sujeto Post-analítico pueda concluir que no tiene nadie a quien dirigirse, que el otro no sabe lo que importa. Y dice: es la salida cínica. 2) El sujeto puede también concluir que no tiene nada que aprender de nadie, se satisface de su propio saber. 3) El sujeto puede concluir que no queda más que aceptar el funcionamiento burocrático del mundo. Dado que el Otro ya no es el lugar del saber sobre el goce, el mundo se encuentra vacío, que este formalismo vacío podría ser el esnobismo psicoanalítico. Sería vivir en una asociación de psicoanalistas asentada en un formalismo vacío de valores. Son tres posiciones en las que "no hay nadie", en la primera no hay nadie a quien hablar, en la segunda no hay nadie de quien se pueda aprender y en la tercera no hay nadie que valga. Lacan con la invención del procedimiento del pase da una alternativa diferente a estos destinos. Concluiré con algo que nos concierne, es una cita de J.A.Miller en este Seminario "Introducción al Post-analítico" que se enlaza a lo que planteaba en su Primera Lección en el Seminario "El Banquete de los Analistas" cuando se refiere a las dificultades de las relaciones entre los analistas: "A propósito de la Escuela como tal, me pregunté: ¿en qué medida no conviene concebir la práctica de conversación como la práctica esencial de los miembros de una Escuela? Mi pregunta es que si no tratamos con esta idea de conversación de definir una relación específica a la suposición de saber, específica a los miembros de una Escuela. Porqué, ¿qué es una conversación tal como vamos a construir este concepto en el término de algunos meses? La conversación es la puesta en acto, me parece, de la desuposición del saber del Uno. Una conferencia, no; una conferencia encarna la suposición de saber del Uno. La conversación, en cambio, me parece que es la puesta en acto de la desuposición del saber del Uno, del saber soportado por Uno solo. La conversación, en este sentido elevado, eminente, significa que el otro tiene siempre algo para decir. El otro en la conversación, el otro que fundamenta la conversación, encarna el hecho que queda siempre algo para decir. Encarna lo que resta por decir. Tenemos un esbozo de esto en el binario con el cual funcionamos usualmente: ponencia - preguntas. Pero me parece que la conversación - si podemos tener una - es la forma desarrollada de este binario usual y significa que nadie, en su presentación de saber, cierra la boca del otro. En este punto me encuentro con lo que indica Eric Laurent quien dice "...decir que es posible ir más allá del Edipo es decir que es posible no necesitar un garante del saber y del punto de capitón. Que no hay otro saber que el saber de la búsqueda de un siempre por decir, que no se agota en lo dicho" y continúa Miller diciendo: "tomada así la conversación sería el camino de saber qué conviene al más allá del Edipo y qué conviene también en el tiempo del Otro que no existe".
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