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¿QUÉ QUIERO YO QUE QUIERAN LOS NIÑOS?

Rosario Siles Arroyo

 

 

Para la elaboración de estas líneas he realizado una reflexión de mi recorrido por el campo del trabajo.

Durante años he ejercido como maestra de educación especial o "pedagogía terapéutica". El encuentro con estos niños aseguraba mantener vivo el deseo de un saber, este deseo que se mantenía insatisfecho no lograba saciarse con los saberes de la docencia.

En mi deambular por estos saberes, quedaban muchas preguntas sin respuesta, pero pronto sobresalió una de entre las demás: Yo quiero saber, pero y los niños ¿qué quieren los niños? Así de forma " inconsciente" siempre enfoqué mi trabajo desde la corriente motivacional, significativa, despertar en el niño el deseo de aprender, de saber, de este modo intentaba transferir al otro mi propio deseo.

Trabajo en una institución, en la que todos tienen derecho a aprender una serie de contenidos, a cubrir una serie de objetivos y en definitiva a conseguir una homogeneización de todos y cada uno de los sujetos que allí están.

La educación especial siempre ha venido a dar al traste con esta formula de "todos somos iguales" ha hecho patente que la igualdad, la homogeneización ha sido un Ideal que venía a tapar la imposibilidad de un todo completo, la gran falla por la que emerge el sujeto en tanto sujeto dividido.

Mi encuentro con el Psicoanálisis me llevó al camino buscado, me permite cambiar de posición en la relación con los niños. La pregunta ¿qué quieren los niños?, se transforma en qué quiero yo que quieran los niños, se produce la perspectiva necesaria para captar la carga narcisística de mi trabajo, me permite separar mi propio deseo del deseo de los niños y poder empezar a elaborar una escucha más particularizada a la demanda de los sujetos.

Mi trabajo actual se desarrolla en un Equipo de Orientación Educativa. Atiendo a las demandas de colegios de la Comarca en función de Logopeda. Se me asignaron unas listas de alumnos con sus diferentes problemas de lenguaje, dislalias, disfemia, retraso de lenguaje... Las categorías estaban establecidas pero no el modo en que debía trabajar con los niños, tenía libertad plena para plantear el trabajo desde el enfoque que quisiera.

He tenido la gran suerte de haber comprobado los efectos terapéuticos que me ha proporcionado el análisis y mi inclinación a realizar un trabajo analítico me llevó a iniciar mi trabajo por este camino.

Mi encuentro con los niños estaba marcado por la demanda de otros y no por la del propio niño, por eso preguntaba: ¿sabes porqué estás aquí? el "no" iba acompañado de una mirada de sorpresa, máxime cuando después preguntaba ¿quieres venir a trabajar aquí? Los "objetivos" del trabajo analítico que intento iniciar es el de transformar esa demanda del otro en demanda del sujeto, en avanzar del discurso "sobre el niño" que a veces se da en la escuela, al discurso "del" niño.

Con gran sorpresa pude comprobar cómo la transferencia hacía su aparición y los efectos terapéuticos iban apareciendo a lo largo del tiempo.

No con todos los niños llevo a cabo un trabajo analítico. Mi primera necesidad fue discriminar durante los primeros encuentros con los niños, aquellos con los que podría iniciar un trabajo analítico, aquellos que hacían del lenguaje su síntoma y que pudieran hacer de una manera u otra el viraje subjetivo del "dicen que..." al " esto me preocupa".

Al encontrarme con niños, algunos con graves problemas de comunicación, tuve que acudir a "objetos intermediarios" que diesen pie a expresar la demanda del sujeto. Así el uso de juguetes y el dibujo han sido los medios que han podido enganchar al niño por el amor de transferencia a la cadena de significantes, acceder a lo simbólico para poder despegarse del goce mortífero o de la identificación aplastante que lo mantiene ligado a la figura materna o paterna. El trabajo analítico permite que el niño avance y atraviese el plano identificatorio, que vaya produciendo significantes que lo representen como sujeto, que dará lugar a la posibilidad de interpretación, esta interpretación no debe quedarse colgada del "sentido", debe ir más allá, poner en juego un efecto de verdad, que el niño acceda al lenguaje, no solo como síntoma, sino como vehículo de significantes.

Puedo considerarme afortunada por poder hacer lo que verdaderamente quiero, intentar realizar un trabajo analítico con niños en una institución, la escolar, que me lo permite, comentarios como "esta niña está más centrada", o "este niño se relaciona más con sus compañeros" etc, son efectos que la institución escolar valora positivamente y en aquellos casos en los que otros métodos no producen cambios subjetivos comprobamos como el trabajo analítico si los produce. Si los niños se benefician de este trabajo no tiene porqué ser excluido el trabajo analítico de la institución.

Aunque el discurso de la institución escolar dista bastante del discurso analítico, los efectos terapéuticos que se consiguen le da un lugar en ella, lugar desde el que seguir trabajando. 

 

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