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PRIMER COLOQUIO DE PSICOANÁLISIS

EFECTOS DE LA ENSEÑANZA DE JACQUES LACAN

Mayo de 2002 - GRANADA

CUANDO UN SUEÑO NOS DESPIERTA

Sara Molina Doblas

 

 

El titulo de estas notas procede de una frase oída en un contexto en el que me pareció de una sencillez deslumbrante, y efectivamente como frase es sencilla, pero como titulo ha terminado resultándome rimbombante, aunque he de reconocer que desde que apareció, ha ejercido una presión particularmente fructífera en el curso de los ensayos de mi última puesta en escena "Mónadas: sin ventanas. Aún estamos bien, gracias"trabajo en el que inmersos en una tentativa de producción de escenas siguiendo la lógica del sueño, esta frase convertida en pregunta, ha inaugurado un sugerente ambiente de nuevas actitudes como respuesta. Un nuevo título (que puede añadir humor o seriedad a una larga lista de posibilidades que reposan sobre mi mesa)el de "Play Scene"creo que me resultaría más cómodo porque "no sirve únicamente como una estrategia eficaz, sino que pone de manifiesto la estructura de ficción propia de la verdad" y de este modo me volvería a convertir en victima de una elección, como suele ocurrir con el titulo de cada nueva puesta en escena, pero una victima, en esta ocasión, más discreta.

En el teatro contemporáneo, el teatro de la representación, el de la escritura escénica, el teatro de "la otra escena", con la que me siento comprometida desde hace años, he trabajado más a partir del "desecration of silence" de Beckett que desde ese "The rest is silence" del Hamlet de Shakespeare, esa idea que en "Mimesis de lo Mortal y Reconciliación", Adorno, señala como la culpa en la que las obras de arte caen por su a priori, esa culpa que deben trascender , por la que deben pagar y hacer que su lenguaje vuelva al silencio. He trabajado desde ese "Il faut continuer" del final del "Innombrable"con su insistente: "hay que decir palabras mientras las haya, hay que decirlas, hasta que me encuentren, hasta que me digan, extraño error, extraña culpa". Expiando esa culpa, en un "tour de force" con algo que se resiste y que siempre es "la verdad", una verdad resbaladiza que me ha ido empujando, a través de más de veintiuna puestas en escena, hasta dar de bruces con Signe, ese personaje de Claudel que comenta Francois Regnault, en el que el resto tampoco es silencio, porque ella continua aullando, gritando. Ese personaje que aparece como aquello a lo cual nadie desea identificarse, cuyo exceso Lacan explica con la posibilidad que tiene el hombre moderno de maldecir su propia vida. Entre tanto, mi creación, mi búsqueda, basculando entre la barbarie discursiva y el disimulo poético que tanto detesto, manejando en los primeros montajes la idea de Borges que hace dela literatura un sueño dirigido, para continuar con el "ser actor es ya ser un personaje " de Tadeus Kantor o con ese "ni siquiera soy el actor solo sus gestos" de Pessoa, ha recibido los efectos de "una lectura" de Jacques Lacan.

Yo no creo en los fantasmas pero me dan mucho miedo. Tampoco creo en el psicoanálisis pero me da … me da mucho, me da mucho que pensar, me da pensamiento. Pero qué es el pensamiento. En 1993 la dramaturgia de mi espectáculo "Tres disparos. Dos leones" que se presenta en el F.I.T de Granada se planta en este tema: ¿Qué es pensar? Pregunta que hago a los actores. ¿Cómo piensas? ¿Cuando piensas? ¿Cuando algo piensa por ti, o contigo? ¿Dónde sientes que piensas? ¿Con que piensas? Surge, en el transcurso de los ensayos, un abismo entre lo que es pensar y hablar un "canto de abismo que, si uno lo escuchaba una vez, abría un precipicio en cada palabra e inducía a desaparecer en el" (Wellershoff) ¿Quién soy cuando me oigo decir lo que no pienso y quien cuando me oigo pensar lo que no digo? Esta dramaturgia como todas las que son eso y no otra cosa proviene de un a encrucijada personal o me llevan a ella. Escribía en mi cuaderno de ensayos entonces: La cuestión no es solo qué hay que pensar sino cómo hay que pensarlo…" han olvidado de donde sacan las palabras para hablar… pero al tiempo lo que esta en juego es el problema de mi pensamiento. Para mí no se trata ni mas ni menos que de saber si tengo, o no, derecho a seguir pensando, Artaud añade : en prosa o en verso". Decir que no creo en el psicoanálisis es hacer referencia expresa a los tres imposibles señalados por Freud: gobernar, educar, psicoanalizar. Entender perfectamente esta imposibilidad me permitirá, no obstante su radical lucidez, asumir los efectos emancipadores de mi propio análisis y los nada fácil de descifrar que resultan de un uso de la teoría como ficción.

En 1990 leía a Mannoni , a Massota, a Safouan, a Resnik, Israël, todo lo que caía en mis manos, pero no a Lacan. El efecto de una primera lectura en 1991 que no fue mas que la experiencia de una experiencia vivida como derrota, no le arrancó ninguna respuesta. Este texto de Bhoto Strauss, creo que ejemplifica con claridad meridiana los efectos de esta primera lectura y su fructífero fracaso: "Estaba fuera, en campo abierto, lejos de todo techado, era otoño y él leía en un libro lo más importante que había leído hasta entonces. Mientras tanto fue cayendo la tarde y pronto la verdadera oscuridad y él luchaba al aire, en la naturaleza, donde no había luz artificial en un amplio contorno, pero el libro se le difuminaba inexsorablemnte, desaparecía en sus manos, se volvía negro. En ningún momento tuvo la certeza de que a la mañana siguiente, con el primer rayo de luz, podría seguir leyendo. Se sentía muy afectado por la inevitable privación: la ceguera- la separación- la castración. Solo el lenguaje se dijo a sí mismo, te ha permitido soportar hasta ahora esta siempre horrible soledad. No tienes idea de lo que sería si este lenguaje exigiera un día todo de ti y desapareciera casi por completo hasta el más mínimo suspiro. No sabes lo que es la verdadera soledad hasta que no hayas percibido ese mínimo murmullo, en cualquier rincón, al borde de tu espíritu. No tienes idea de cómo tendrás que esperar y acurrucarte, cuando las palabras se reúnan y tú quedes excluido y sin comprender."

Por entonces, como Artaud, yo no quería hacer obras sino mostrar mi pensamiento, hoy me empeño en algo que tiene toda la apariencia de ser lo contrario. Intuía, también cuando aún quedaba mucho para una nueva y definitiva lectura de Lacan en 1999, algo respecto a como "A menudo vale más no comprender para pensar, y se pueden galopar leguas y leguas de comprensión sin que resulte de ello el menor pensamiento... a fuerza de comprender montones de cosas, los analistas en su conjunto imaginan que comprender lleva su fin en sí y que no puede ser sino un happy end..." Y lo intuía, desde luego, por la "forzada" situación en la que la dirección de actores te coloca, en esa cada vez más peligrosa aventura que es el proceso de ensayos, donde se moviliza "de forma tan resuelta" el inconsciente y que literalmente nos coloca, a los interpretes y ami misma, en posición de acoso y derribo permanente. Pero eran, en ese momento, Mallarmé, Valery, Lispector y otros los que me proporcionaban respuestas, la ficción que luego deviene teoría. Debo de señalar igualmente la relevancia que en su momento tuvo para mi la lectura de la novela de Pierre Rey "Una temporada con Lacan".

En este mismo espectáculo de 1993 en la tercera parte titulada Terminable- Interminable, y sin que ese titulo tuviera que ver entonces con nada de aquello con lo que pudiera tener que ver, nos pusimos a pensar sobre limites bordes y abismos, trabajábamos montando las escenas, las imágenes coreográficas, en el proscenio subíamos y bajábamos del escenario continuamente, hacia caer al patio de butacas a los interpretes para hacerles rodar a los pies de los espectadores y si en algún lugar he escuchado que el psicoanálisis es una clínica de bordes y que la angustia es el borde entre el goce y el deseo, a esa idea le estábamos tributando su libra de carne, como tantas veces desde la ignorancia y el miedo. Un espectáculo: hazañas y artimañas por las cuales engañar a la muerte.

Para los "autodidactas de las profundidades" el lugar de encuentro entre el teatro y el psicoanálisis es una continua producción de momentos fecundos. Ustedes tienen noticia del psicoanálisis, pero¿ la tienen del teatro, del teatro contemporáneo? ¿Qué es el teatro para ustedes? Paso rápida revista a un número limitadísimo de posibilidades y les remito constantemente al texto de Alain Badiou "Rapsodia por el teatro".

El teatro es el autor, del autor. El teatro es el texto, del texto. El teatro es la representación, esa extraña aventura de confluencia entre "un texto" y el espacio vacío de la escena, el teatro es el cuerpo y la mirada, el teatro son los personajes y "el personaje es el cuerpo del actor comido por las palabras del texto".El teatro es invariablemente un asunto de Estado. El teatro, ese lugar útil para "la reorganización de las fidelidades", para la modulación resistente de las opiniones, para el engorde de la glosa común, ya que es algo de lo que, a la salida, habrá que hablar. El teatro, "el oropel halagador de la neurosis" .

Para alguno, teatro, no será más que ese momento, ese preciso instante, en el que tras irrumpir en la sala, como el "visitante azaroso de una noche"-de un lado el espacio vacío, del otro las largas filas de butacas- se busca o se esquiva la mirada del Otro, antes de ocupar un asiento numerado, e interpretarse-otro, personaje-espectador que viene a ver el escenario vacío de la escenificación de la progresiva desaparición del hombre (Foucault) . Y allí los actores, como animales en sus jaulas, extremadamente aburridos y letárgicos o hiperactivos, le demuestran, en el ejercicio de la repetición de la necesidad o en la necesidad de repetición, se le muestran, comprometidos con una de sus mayores cualidades, la indiferencia, amparados en ella se exhiben, disimulando una pasión.

Antes pensaba que en la vida hay enfermedades ahora he llegado a temer que la enfermedad sea estar vivo, envueltos en decorados similares a los de las jaulas del zoo, allí, los actores representan al hombre que viene a verse como cree que es, en un espejo que como todos los espejos debería pensárselo antes de devolver una imagen.

Mi teatro no es la representación, eso no es más que un tramo de una experiencia muy compleja que se deja ver. Mi teatro es por las mañanas una habitación invariablemente vacía y destartalada, donde dos, tres, quince, cuatro, se reúnen. Invariablemente alguien se sienta a mirar y escucha y los otros se mueven, se agitan sin cesar o se paralizan, gritan, se agrupan o dispersan y hablan, "hablan por hablar y tal vez de esta manera dicen lo mas genuino y veraz que puedan decir y mientras hablan por hablar observamos su comportamiento para leer en él lo que no dicen" . (Lacan) Responden a preguntas sobre sus sueños,sobre datos verdaderos o inventados de sus biografías , se ven obligados a repetir, organizar y secuenciar sus errores para ofrecerlos como escenas; lapsus, chites, todo es útil." Pero cuando alguien habla de sí mismo quién es quien habla". Allí se lucha en el campo de batalla que es la creación, " también se libra allí una batalla diaria por estar a la altura del inconsciente", llevamos años ejercitándonos en el " psicoanálisis salvaje" y gritando sálvese quien pueda al final de cada ensayo, palabra que nos martiriza, porque parafraseando a Badiou nosotros haremos con la palabra representación lo propio. Es por esto que los efectos de una lectura de Lacan se hacen sentir de una manera particular (y eso es decir nada, o sea todo, "ya que todo falta donde está la letra" Strauss ) en este espacio de la otra escena. Esa lectura inaugura forzosamentey añadiendo dificultades, una nueva escucha, una forzosa necesidad de reflexión sobre nuestro propio hacer y decir. Porque este teatro quiere ser acontecimiento, aspira a ser cada noche "una inauguración del sentido". Osvaldo Martín titula su intervención en las IV Jornadas Hispanoamericanas de Psicoanálisis a las que tengo el placer de acudir invitada por el Centro de Estudios Freudianos en Pamplona, "El acontecimiento del sueño" y nombra al psicoanálisis como acontecimiento, el sueño se produce en el "no lugar del lenguaje" y la escena para Mannoni será el espacio psíquico por el cual se pavonean las imágenes.

Por el rechazo absoluto de comprender accedí a un cierto tipo de comprensión de la letra de Jacques Lacan . Desde hace tres años la lectura de textos de psicoanálisis y en espacial de Jacques Lacan, es habitual en mi trabajo y puedo describir este nuevo intento de lectura honestamente, porque me ha proporcionado una idéntica sensación a la de cuando aprendí a leer, cuando era niña. Entonces, igual que ahora, fue como tirarme de cabeza al mar y notar como esa extravagante superficie que amenaza con romperte la cabeza, te da paso, te toca pero no te atrapa, te acoge, te deja llegar a un fondo, reposar observándolo y sobre todo, el texto de Lacan me deja respirar. En estas jornadas ya se ha dicho algo parecido: leer a Lacan, a veces, me ayuda a soportar la vida.

En mi ultima puesta en escena, Made in China , utilice textos de Lacan. ¿por qué? La respuesta es aún un work in progress. Freud señala que lo que importan no son las notas del buen alumno sino el estado de gracia capaz de hacer brotar una verdad. En mi teatro andamos siempre al encuentro de ese estado, lo hemos convertido en nuestra única tarea. Lo que esta en juego es una relación con la verdad de la que nadie tiene el monopolio. Continuamente intento establecer una conversación con lo que está vivo. Y así nos va: El escenario y la desaparición.

¿Qué pasa cuando un sueño nos despierta? La peor de las respuestas sería: Nada. Un sueño que paradójicamente nos quita el sueño. Pero bueno, después de todo un sueño no es más que un sueño. Y cuando creas que ya estás despierto, en ese "interludio" ¿cómo te imaginas una vida mejor? Lacan, en televisión: esperad lo que os plazca. Y ahora, cita de una cita que debe ya convertida en plagio, con su insistencia, forzar al indomable: "Nada más quedaba el aliento, fin de palabra y gesto unidos- sopla la vela del ser, mediante la cual todo ha sido. Prueba. Mallarme añade: ahondar en todo eso. En efecto ahondar."

 

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