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GOETHE Y FREUD O EL PSICOANÁLISIS DE LOS POETAS Milena Rodríguez Gutiérrez |
| Que a Sigmund Freud, que buscó siempre el Nobel como científico desde
aquellos primeros estudios sobre la cocaína, le dieran el Premio Goethe, premio
literario, casi al final de su vida, en 1930, constituyó sin duda un mensaje, un mensaje
para Freud, pero también para el Psicoanálisis.
En lo que respecta a Freud, creo que este hecho instruye cabalmente sobre la recepción invertida del mensaje a la que se refería Lacan: el científico que habla para los científicos y recibe, sin embargo, la respuesta esperada no de ellos, sino de los artistas, de los escritores; o también podríamos pensar este premio como un lapsus de los escritores, un acto fallido o un chiste, pero siempre, claro está, considerándolos en relación con el inconsciente, o sea, en su dimensión de producción de verdad. Después de todo, más importancia tuvo para Freud lo que escribió Dostoievsky que los descubrimientos neurológieos. En cuanto al mensaje para el Psicoanálisis, no fue quizás "escuchado" verdaderamente hasta Jacques Lacan, quien lo resume en su homenaje a Marguerite Duras al decir: "un psicoanalista sólo tiene derecho a sacar una ventaja de su posición: la de recordar con Freud, que en su materia, el artista siempre le lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino". Estas palabras de Lacan las precisa el psicoanalista Francoise Regnault: "Lacan no aplicará el psicoanálisis al arte ni al artista, sino que aplicará el arte al psicoanálisis, pensando que el artista precede al psicólogo, su arte permite hacer avanzar la teoría psicoanal i tica". Lo cierto es que muchas obras artísticas y literarias sirven a Lacan para organizar la teoría psicoanal i tica, porque -y esto es muy importante- el arte, y dentro de éste fundamentalmente la literatura y la pintura- más que ilustrar o ejemplificar, como observa también Regnault, organiza. En este sentido, quizás el más notorio sea el caso de "La carta robada", la narración de Edgar Alian Poe, material en el que se apoya Lacan para organizar la teoría del significante. Porque, ¿quién sabe más que los escritores sobre la dimensión de lo simbólico y el significante? (Recordemos aquí que Lacan reemplazó los términos freudianos de condensación y desplazamiento, las operaciones del inconsciente por excelencia, por los de metáfora y metonimia.) Pero también, ¿quién percibe mejor que los artistas y escritores el registro de lo real y el goce? Dentro de la literatura, la poesía es un modo al que ha acudido el psicoanálisis para organizar y también para verificar -esa sena otra operación adecuada- su saber. Pero hay otros modos, tangencial mente poéticos, que suelen ignorarse, que pocas veces se consideran, y es en ellos en los que quiero insistir hoy aquí, aunque sea a modo de esbozo -el tiempo no me permite más. Cuando hablo de esos otros modos poéticos, estoy pensando en las llamadas poéticas, esos pequeños, y en ocasiones breves ensayos en los que los poetas vuelven prosa su poesía, hasta donde pueden, y nos explican los fundamentos de su producción y de su práctica. Pienso que estas poéticas pueden también constituir verificaciones para la teoría psicoanalitica, y que se trata asimismo de verificaciones con un interés y un valor particular, ya que en ellas, y a diferencia de lo que ocurre en los poemas como tales o en cualquier obra de arte en sentido estricto, el imaginario que las recubre suele tener una envoltura más delgada. Veamos asi lo que pueden decirle al Psicoanálisis, lo que le permiten verificar -probablemente también organizar, pero eso queda para los sabios-, las poéticas de ciertas figuras de la generación más importante del siglo XX de la poesía cubana, la llamada generación de Orígenes, grupo encabezado por Lezama Lima. Pero no voy a hablar de Lezama, sino de otros dos poetas, también fundamentales. Gastón Baquero y Cintio Vitier. En la temprana fecha de 1947 escribe Gastón Baquero una poética titulada "Los enemigos del poeta" -sugerente titulo-. En ella podemos leer, entre otras cosas, la siguiente: "Un nombre que se desprende de encima de un objeto como si se tratase de una vieja capa de pintura, y se vuelve de revés y se reaviva, y se mete en otra iluminación cualquiera; es un agente máximo de conocimiento..." Certera y preciosa frase de Baquero. ¿Es posible describir con mayor sutileza la acción del significante, sus operaciones de sustitución y desplazamiento, o de metáfora y metonimia? ¿Puede definirse mejor que con esta noción de "agente máximo de conocimiento" la capacidad del significante para producir saber? Pero veamos otro apunte de esa misma poética, en el que Baquero ofrece su concepción de lo que es un poeta: "Y cuando se entra en crisis con las palabras porque se las ve como arrumbadas y exhaustas bajo vigilo de un empleo infiel o ya agotado; cuando se empieza a sentir que no es para esto, para repetir los nombres y convenciones mudas e imprecisas para lo que se ha nacido, comienza el poeta..." Esta concepción, ¿no es también perfectamente aplicable a un psicoanalista? ¿No consiste también el oficio de psicoanalista en modificar el empleo "infiel y agotado" de las palabras, en intentar que no se repitan la palabra repetición habría que subrayarla- nombres y convenciones que se han vuelto mudos o imprecisos? Pero todavía es posible acercarse de manera más directa al psicoanálisis desde las poéticas, en un grado realmente asombroso, en el que prácticamente ya no hay necesidad de verificar, en el que llegamos a leer lo escrito en un como si, como si se nos estuviera hablando de psicoanálisis, en un punto en el que se confunden el psicoanálisis y la poesía, como si de pronto hicieran real la apariencia de la unidad. Estudiemos, si no, una de las poéticas construidas por Cintio Vitier construyó varias, pues Cintio es el ensayista por antonomasia de los poetas de Orígenes-, en concreto, la titulada "La palabra poética", escrita en el año 1953. Continuando en la dimensión del lenguaje, en la que hasta ahora nos hemos movido de manera exclusiva, podemos leer allí: "Las preguntas por el ser no son tan turbadoras como las que se inquieren por el ser de la palabra, que es la que pregunta... Únicamente lo que en nosotros pregunta, puede responder, o sólo podemos responder con otra interrogación que ilumina otras lejanas islas". ¿No encontramos aquí, expresada prácticamente en términos psicoanalíticos la noción del Otro del lenguaje, cardinal para la teoría, la idea de que hay algo en nosotros -el Otro con mayúsculas, el lenguaje, el inconsciente- que pregunta y que sabe, y que sólo ese algo, por lo tanto, puede realmente ofrecer una respuesta? ¿No hallamos también en esta frase -y es este, quizás, uno de los hallazgos más sugestivos- la idea de que más que la pregunta por el ser, por el quién soy, pregunta para la que en última instancia podemos encontrar una respuesta -o muchas- nos perturba más la pregunta de "quién o qué habla en mi que no soy yo"? Añadirá Cintio también aquí una afirmación que, además de ubicarse en la dimensión de lo simbólico, engarza con los registros de lo imaginario y de lo real: "Enemiga de la historia es la palabra en cuanto la historia tiende a cristalizar el verbo en fórmulas y repeticiones". ¿No leemos en esta frase la cuestión del "engaño" de lo que Freud llamó "la novela familiar del neurótico", esa historia personal que nos inventamos y que tiende a la fijeza, a lo inamovible, a la fórmula cerrada, al goce, en última instancia? ¿No es también el psicoanalista en este sentido un enemigo de la historia, de esta supuesta historia personal al menos? Pero el poeta cubano va aún más allá, nunca mejor dicho, más allá del significante. Escuchemos asi esta declaración de Cintio: "La escritura poética nos revela ese carácter silencioso de la verdadera palabra, de la que no sirve para coloquio, ni oratoria ni mayéutica." El silencio de la verdadera palabra... ¿no es esa acaso la Tyché lacaniana, el encuentro con lo real, ese que no se puede poner en palabras? Por último, podemos llegar incluso a descubrir con la poética de Vitier, las similitudes entre la relación del escritor con el lector y del analizante con su analista: "La verdad poética, lo que constituye el objeto comunicativo de la escritura poética, no admite dubitación ni diálogo. Como la palabra del Dios del oráculo, 'ni dice, ni oculta, sino que hace señales'- La visión -del lector- es una visión donde se funden la sorpresa y el re-conocimiento." Creo que de estos esbozos puede deduci rse al menos una recomendación -una recomendación para psicólogos y psicoanalistas- la recomendación de leer a los poetas porque mientras construyen la poesía, en sus poemas, pero también en sus poéticas, están produciendo, además, por añadidura, el psicoanálisis, la teoría psicoanalítica.
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