| El síntoma es nuestro recurso para saber qué
hacer con el Otro sexo.
J-A Miller
Con diez minutos pretendo bosquejar algo del
efecto de la enseñanza de Lacan paseando su afirmación de que fue Marx quien inventó el
síntoma por retazos de mi historia en el paso por esta facultad.
Me acerqué al
psicoanálisis tras mis adolescentes fracasos con la hipnosis de gallinas. Poco después,
y de la mano de los hermanos de Marx, me refiero a los comunistas, tuve mi encuentro con
Lacan. Mi propio hermano me había pasado algunos libros antes de venir a esta facultad:
"Para leer el Capital" de Louis Althusser, "La interpretación de los
sueños" de Freud y algún otro. Encontré de esta forma el sentido a la vida, que
por cierto no tiene ningún sentido, ni nada de natural, en el sueño de la revolución.
Granada, su
universidad, la lucha de clases y, por antiguo que esto les resulte circulaba, cierto
saber sobre que la curación del síntoma no es posible por la revolución. Era el marco
de una ciudad que iba contra la represión política.
En este embrollo
con lo verdadero (ojo con la verdad, puede morder la oreja), lo real fue que se instaló
un síntoma al modo obsesivo, es decir, que para elegir el objeto precisaba pasar por el
saber. En este punto fue cuando los hermanos de Marx me indicaron la puerta que conducía
al psicoanálisis; ya entonces el embrague de los cambios de marcha era el amor según su
fórmula "a quien quiero creo", y de ahí la nada misteriosa corte de personajes
a los que me identificaba. Pues, como suele ocurrir con los misterios ocultos tras una
puerta, tras la misma no hay misterio valga, sólo encontramos allí lo que nuestro deseo
introduce.
Llegué a Granada
dispuesto a estudiar filosofía que era otra manera de tratar el síntoma de los 17 años,
el exilio sexual. Se atravesó este síntoma como todos los síntomas como dice
J-A-Miller- para impedir que las cosas andaran y fueran satisfactorias. Este exilio, su
verdad, su opacidad sexual tomó apariencia de una adoración por el conocimiento, el
saber; y así, a mi manera, me dispuse como señala Freud citando a Heine- con
retazos y harapos a taponar los agujeros del edificio universal y sexual. Si como dice
Gracián "con una verdad que le digan a un hombre tiene para toda la vida", es
que entonces esta filosofía ya había sido tocada por algún efecto de la enseñanza de
Lacan. Ya había leído algunos textos de Lacan, sin embargo lo que algún tiempo después
me reveló el discurso analítico, es decir el efecto de la enseñanza de Lacan, y
después de haber pagado la libra de carne correspondiente, es que toda la epopeya del
conocimiento no es sino es una metáfora sexual. Poca cosa a fin de cuentas, pero lo
mínimo dirá Lacan- que cabe esperar cuando uno ha sido tocado por la importancia
del discurso para precisar algo del inconsciente.
Antes de subir a
las apariencias a escena quiero recordar hacia dónde creo apuntaba Freud: no hay ser
parlante que no haya tenido que enfrentarse a que hay seres que no tienen
falo. Y el
horror, enseña Lacan, ante esta verdad es el resorte del inconsciente mismo.
En esta facultad
asistí a mis primeros seminarios de psicoanálisis, estaban organizados por Oscar Massota
y el deseo de ciertos estudiantes de entonces algunos de ellos aquí hoy presentes. Del
psicoanálisis molotov al seductor. La formación del síntoma -según la primera
formulación de Lacan- como animado por un querer decir estaba en marcha. Había pasado de
exiliado sexual a proletario con metralleta lacaniana disparando según se terciara contra
el sentido, por qué no decirlo, religioso o científico-técnico de la psicología.
Este particular
encuentro con Lacan gracias a Marx es igual a cualquier encuentro, a todos nos pasa algo
así. Si se quiere controlar se puede encontrar en "El despertar de la
primavera", obra de Frank Wedekind: unos adolescentes en su encuentro con la
sexualidad constatan que si no hay ficción, si no hay sueño, este encuentro puede ser,
dicho de una manera suave, catastrófico. En la obra referida el joven que no enfrenta el
encuentro con la sexualidad con una buena ficción termina suicidándose.
El suicidio me
sirve para introducir un particular tipo de síntoma, el verdadero si se quiere. Este
síntoma, que permanece congelado según muestra Lacan en su última enseñanza-,
que resiste al decir callando; satisface al sujeto y permanece sustraído a la
comunicación y al intercambio porque condensa goce, tomando aquí este goce en su mínima
definición lacaniana como la relación del ser parlante con su cuerpo. Para que este
síntoma se deshiele y hable hará falta creer en él y crearlo, por ejemplo, bajo el
discurso analítico en un psicoanálisis.
Algunas claves
para entender por qué dice Lacan que desde el giro marxista la verdad no tiene otra forma
que el síntoma las encontré en el libro de Slavoj Zizek "el sublime objeto de la
ideología", editorial Siglo XXI.
Puesta en
forma
Que Marx, en su
análisis del mundo de las mercancías, hallara una noción que se aplica también a la
interpretación de los sueños, sólo fue posible sobre el fondo bien pulido del discurso
capitalista. Lo revolucionario en Freud y Marx dice Lacan- es que ambos pusieron en
primer plano la consideración de un cierto número de hechos como síntomas. El síntoma
que Marx encuentra es el retorno de la verdad de la explotación que la ideología
pretende ocultar, es decir, el síntoma como valor de verdad.
Se puede hablar
de cierta homología entre el análisis de la mercancía y de los sueños en tanto que en
ambos análisis se trata no del misterio tras la forma sino del enigma de la forma misma.
Frente a la idea
clásica, griega, que concibe la verdad como el encuentro, la visión de lo que es
verdaderamente pero que se halla oculto por el velo de la apariencia, el nuevo
planteamiento será, no el contenido oculto tras la forma o el indicio, sino la forma, la
apariencia misma como verdad.
Freud lo formula
diciendo que "la forma del sueño o la forma en que este se sueña es utilizada con
sorprendente frecuencia para representar el contenido oculto" (La interpretación de
los sueños, los medios de figuración), centrando entonces la cuestión no del lado de la
fascinación por el significado oculto tras el velo del sueño sino en la pregunta por el
velo mismo, es decir, en cómo el trabajo del sueño produce esa forma.
Marx, por su
parte y si no he malentendido, explica que en la forma misma del valor de una mercancía
se aclara el misterio de por qué el trabajo asumió la forma del valor de una mercancía.
El paso esencial
dado por el pensamiento marxista, señala Lacan, es haber denunciado, haber descubierto,
la equivalencia del síntoma con el valor de verdad. Dicho de otra forma el pensamiento
marxista agujerea la verdad con la apariencia.
Hipócrates
Cabría
preguntarse si no es un poquito disparatado buscar el origen de la noción de síntoma en
Carlos Marx y no en Hipócrates como dios manda (y cuando manada dios es el discurso del
amo quien anda revelando que precisa jugar al escondite con la verdad). Al respecto, Lacan
en 1975 es claro y problemático cuando plantea que "Se han de buscar los orígenes
de la noción de síntoma no en Hipócrates sino en Marx, en la conexión que él fue el
primero en establecer entre el capitalismo ¿y qué?, los viejos y buenos tiempos, lo que
llamamos la época feudal."
Para situarnos un
poco, recordar cómo entendía las cosas Alcmeón, antecesor de Hipócrtes, "de las
cosas invisibles y de las cosas mortales los dioses tienen certeza inmediata, pero a los
hombres les toca proceder por indicios". Para Hipócates, y en esto sigo a Julio
Hoyos, el síntoma es equivoco si no se tiene en cuenta otros indicios, otros signos como
los aires, las aguas y los lugares. El síntoma, entonces, al ser interpretado por el
médico bajo estos indicios, adquiere el valor de signo. Gustavo Dessals lo decía ayer:
"el síntoma médico como el signo visible que conduce a una causa, y por tanto
eliminando la causa desaparecería el síntoma. Vemos que esta consideración del síntoma
dice de otra manera que el secreto, la verdad, estaría detrás del equívoco velo de los
indicios.
Lacan, sin
embargo, nos dice que el origen de la noción de síntoma está en la conexión que
establece Marx en el paso de la sociedad feudal a la capitalista. Según Marx en el
capitalismo las relaciones interpersonales de dominio y esclavitud de la época feudal se
disfrazan "bajo la forma de relaciones sociales entre las cosas, entre los productos
del trabajo". De este modo, con el establecimiento de la sociedad burguesa, la idea
de sujetos libres del amo y por tanto sin servidumbre toma cuerpo. Aquí plantea que lo
que ocurre es que las relaciones de dominio y servidumbre no desaparecen sino que se
reprimen. Y esta verdad reprimida la continuación del dominio y la servidumbre-
retorna en un síntoma que da al traste con las ideas de igualdad y libertad. El síntoma
que inventa Marx, su hallazgo, son "las relaciones sociales entre las cosas", el
proletariado.
Equivocar
el síntoma de hoy
Si bien Lacan
rinde homenaje a Marx por su hallazgo del síntoma, no deja ser de curioso que diga
también que lo que hizo Marx fue asegurar al capitalismo una larga supervivencia
(hallazgo de la plusvalía). Al haber reducido a nada al proletario, al haberlo despojado
de todo dice Lacan- el proletario está llamado a ser el nuevo Mesías del futuro.
Lacan va a criticar cómo la nueva religión que surgió desde que Marx, con su síntoma
social, hizo resurgir al héroe proletario inflado, henchido, de sentido liberador. En
este punto es donde Lacan dirá que Marx es el restaurador del orden por haber reinsuflado
en el proletario la dimensión del sentido. Y el sentido siempre es religioso.
J-A Miller, el
periodista de Jacques Lacan según se nombra él mismo en una entrevista, aclara que el
síntoma, en la orientación que le da Lacan, lleva interpuesto el elemento cultural, el
Otro de la cultura. Y precisa que lo caracteristico del estado actual de la cultura es que
dice lo siguiente: "para gozar, ya no se necesita de la represión social del decir.
La voluntad contemporánea de goce pasa, cada vez más, por la aceptación social del
decir, casi por la exigencia social de decir". En nuestros días circula la idea de
que si uno no habla de lo que va mal, enferma. Miller plantea que el decir-todo, el
impulso al decir-todo inspira hoy todas las producciones culturales.
Se va perfilando
una "democracia del goce", dice Miller, que viene a decir que "no gozar
placenteramente no tiene excusa". Hoy la falta de goce es lo imperdonable. Se trata
entonces de un goce que ya no está velado, sino que es exhibido de todas las formas
posibles. Esto le hace plantear a Miller que es la perversión la que se está haciendo
cada vez más presente como nueva norma social: "tengo derecho no solamente a gozar a
mi manera sino también a decirlo". El síntoma hoy se presenta entonces baojo la
forma de oxímoron, su mudez es charlatana y su posible tratamiento analítico, si
queremos alejarnos de la otra charlatanería, la que preside toda acción terapéutica en
la sociedad actual, es equivocándolo. Esto, siguiendo a Lacan en su última enseñanza
cuando dice que a fin de cuentas, no tenemos más que eso como arma contra el síntoma: el
equívoco. Señalar entonces, a modo de conclusión, que si Marx inventó el síntoma
Lacan lo equivoca.
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