uenas tardes. Estamos aquí para "saber qué hay, después de 25 años,
de los efectos de la enseñanza de Jacques Lacan en la ciudad de Granada", o sea,
para conversar sobre "la incidencia de su enseñanza en la clínica, la ciencia y
la cultura de la ciudad " (1).
Pero en concreto, esta mesa 4 del Coloquio, (17/5/02, 18 h), la
titulada:
CRISIS DE IDENTIDAD Y PROCESOS DE SEGREGACIÓN
nos sitúa, por contra, frente a una cuestión que no es
característica de la ciudad sino que afecta a la totalidad de las ciudades más o menos
civilizadas del mundo. Como se sabe, vivimos en un mundo globalizado y la llamada
mundialización tiene "efectos en la clínica, en la ciencia y en la cultura",
aquí y en Roma.
La globalización trae consigo ciertos efectos, que sin duda que
producen un gran malestar, y convendremos en que los más importantes de ellos podrían
ser precisamente las "crisis de identidad" y los "procesos de
segregación".
¿Qué podemos saber, como efectos de la enseñanza de Jacques Lacan,
para incidir en el malestar propio de la civilización que nos ha tocado vivir?
INTERPRETACIÓN POSIBLE DEL MALESTAR PRESENTE
Veamos. Crisis significa (según el DRAE [2]) una "mutación
considerable que acaece en el desarrollo de los procesos". Identidad se refiere
en general a la "cualidad de idéntico" (por ejemplo, en sentido
matemático, la identidad es "una igualdad que se verifica siempre"). Se
habla entonces de Crisis de identidad al constatar lo que puede ocurrir cuando una persona
no sea "la misma que se supone o se busca".
Y, en relación dialéctica con las crisis de identidad, otra
característica de la cultura de la globalización (según sugiere el Programa de esta
mesa) serían los procesos de segregación. Segregar es: "separar o apartar una
cosa de otra u otras". Proceso es el "conjunto de las fases sucesivas de
una operación". Encontramos así que en los Procesos de segregación (y en
relación con la búsqueda de la identidad perdida en la crisis), se produce una
operación cuya principal fase sería la separación de aquello que es diferente; estos
procesos parecen ser consecuencia de la supremacía de la cultura global, y producen
exclusión y gran malestar.
Para hacer entonces una "interpretación posible del malestar
presente", intentando seguir las enseñanzas de Jacques Lacan, habrá que tener en
cuenta que ya Freud, en su texto El malestar en la cultura (1930), nos aclara que
todo implante cultural acarrea siempre un daño subjetivo, una pérdida (de
satisfacción), y por ello pone en marcha un proceso de búsqueda de satisfacción.
Al hablar así de crisis de identidad, como característica de la
globalización actual, aludimos a cierta pérdida de satisfacción referida a una pérdida
de la identidad. Pero, ¿qué es perder la identidad? ¿Qué clase de objeto perdido es el
objeto identidad? ¿Se refiere a la identidad con uno mismo, a que se han perdido los
papeles (el DNI), a la pérdida de la identidad común de un pueblo, o a qué?
Y también, a partir de estos diferentes tipos de pérdidas, ¿qué
clase de procesos (conjunto de operaciones) se pueden aplicar para obtener los efectos que
nos proporcionen la satisfacción perdida?
Lacan nos enseña, de un modo casi estructuralista, qué procesos
pueden desencadenarse a partir de dicha pérdida de satisfacción.
Me apoyaré, para dar forma a este resumen escuetísimo de la
cuestión, en el artículo de Gustavo Dessal que hemos trabajado como referencia para este
Coloquio, subrayando para empezar que una cultura (aunque sea la cultura de la
globalización) no es el único factor del malestar, pues siempre hay en esto otro factor,
interno (3) o psíquico, un factor específicamente humano que va a articular todo el
proceso de búsqueda de la satisfacción.
Aún así, se trata de saber en qué sentido la mundialización sería
hoy el principal factor del malestar, es decir, en qué sentido la pérdida de
satisfacción que conlleva la globalización (con sus crisis de identidad) va a
desencadenar ciertos procesos de búsqueda de satisfacción característicos de la
sociedad actual.
Veremos que los efectos de esos procesos podrían tal vez ser nombrados
en una especie de serie como: la frustración, el espanto y la segregación.
Gustavo Dessal, para explicarnos cómo se desencadenan tales procesos,
parte de que en la sociedad global actual nos encontramos con una definición
universalizante de la idea de la felicidad. En el actual estado de cosas, dice, (superado
ya el más individualista estado del bienestar), "la significación de la
felicidad ha adquirido un valor cada vez más global " (4). Hay aquí una
paradoja: mientras que la significación de la felicidad se sustenta como condición
inexcusable en aquello de: para ser feliz "sé tú mismo ", resulta que
ya nadie puede ser feliz a su manera, en tanto "el absolutismo del discurso
capitalista proclama una promesa de felicidad para todos materializada en el objeto de
consumo ".
Con esta tendencia a universalizar la satisfacción y a materializar la
noción de un bien común conveniente para todo el mundo, la singularidad del sujeto queda
abolida (hay pérdida de identidad, y de satisfacción), y a aquello perdido "sólo
le cabe la alternativa de retornar en la verdad del síntoma ", en tanto el
síntoma es un modo alternativo de satisfacción.
Y tras esto, el artículo de Gustavo Dessal desenmascara lo que bien
puede llamarse la obscenidad de la sociedad actual, el Imperio del goce, proclamado
por todos los medios, sobre todos la Televisión, y cuyo mensaje universal parece ser:
"Goza, que todo te está permitido ".
Se nos muestra con ello un goce que hoy en día se expresa en el
eslogan de la "búsqueda de lo mejor de lo mejor", sin tomar en cuenta que lo
mejor es siempre enemigo de lo bueno. Se trata del goce como un proceso de búsqueda de
satisfacción, pero de una satisfacción que no es el bienestar (nos recuerda que Kant ya
explicó que no siempre la gente se siente bien en el bienestar).
Se trata en fin del goce como un modo de satisfacción en el cual el Yo
no puede reconocerse (hay pérdida de identidad), porque se trata de un goce que impulsa a
la persona a "buscar una satisfacción que bien puede llegar a destruirla ".
La satisfacción está de este modo "dislocada, situada en otra
parte ". Como precisa Gustavo Dessal, "está profundamente alterada por
la intrusión del lenguaje ".
Y es que solamente podemos concebir estos procesos de búsqueda de
satisfacción (el conjunto de operaciones para sobreponerse a la pérdida, y que provocan
un efecto de sujeto), como siendo operaciones de la articulación significante. De ese
modo, cualquier interpretación que se haga, tanto de la pérdida de objeto como de la
operación que pondrá en marcha el proceso, ha de ser introducida por la incidencia del
significante, sea éste cual sea y además (como diría Freud) en su relación con el
sexo.
Podemos resumir diciendo que habrá tantos de esos efectos como tipos
de síntomas haya. Los distintos efectos del malestar que trae el Otro global, tanto para
interpretar la pérdida como para operar el proceso de búsqueda de satisfacción,
corresponden a las diversas posiciones subjetivas según el análisis, estableciéndose
así en una especie de serie como la antedicha, a saber, la serie: frustración, espanto,
segregación. Digamos algo para terminar.
Efecto |
Pérdida |
Operación |
Producto |
Frustración, Imaginaria |
Objeto Real |
Simbólica |
S2 |
Espanto, Simbólico (C) |
Objeto Imaginario |
Real |
a |
Segregación, Real (P) |
Objeto Simbólico |
Imaginaria |
$ |
La frustración vendría a ser frustración de la identidad con uno
mismo; es por tanto un efecto imaginario.
La etimología nos ayuda a buscar el sentido de esa "identidad";
dicha identidad se encuentra en el término latino "ídem", es decir, es
una identidad que se designa por "una especie de redoblamiento " (5).
Aquí, el sujeto como tal "no es mas que un ejemplar segundo de
su propia identidad " (6): él es otro, pero es también el mismo (que se acuerda
del otro).
Lo que la persona ha perdido realmente aquí es la identidad consigo
misma, y esa fragmentación de la identidad, ese menoscabo de identidad, es lo que acarrea
frustración en el plano imaginario.
La operación simbólica necesaria para sobreponerse a esta pérdida
(por la caducidad de la satisfacción que procura aquí el objeto) produce saber (S2).
El espanto (Cf. Juan Carlos Ríos) es un efecto simbólico, donde lo
que se ha perdido es el objeto imaginario. Se corresponde con lo que el psicoanálisis ha
llamado siempre el efecto castración.
Ese efecto simbólico "parece ser un signo residual, y una
marca, de esa identidad de antaño" (7). Se trataría aquí de una identidad que
es, según Freud, conceptual y lingüística (no biológica), es decir, sería "la
suerte de identidad propia del significante" (8) (p.ej: "El AVE de las
11h.15m.").
De ese modo, solemos encontrar el espanto tras la pérdida de una
ilusión, como la que "reducía la identidad de los pensamientos al pensamiento de
la identidad " (9).
Aplicándose aquí una operación real que produce la causa del deseo (a).
Por último, la segregación es un efecto totalmente real (pero no
vayan a pensar que esta segregación es la segregación salivar del perro de Pavlov (10)).
"Estamos evidentemente en una época de segregación... nunca
hubo más segregación " (11) (dice Lacan ya en 1970). Todo lo que existe hoy
está fundado en la segregación, y en primer término esa cosa tan loca que se llama la
fraternidad universal. Sea como sea, sigue diciendo Lacan, "los humanos se han
descubierto hermanos, y uno se pregunta en nombre de qué segregación"
(12).
Lo que enseña Lacan es que lo que hoy vemos aparecer, y que produce
tanto espanto y horror, no es mas que el principio, "no es mas que el principio de
lo que se irá desarrollando, como consecuencia del reordenamiento de las agrupaciones
sociales por la ciencia y, principalmente, de la universalización que introduce en ellas.
Nuestro porvenir de mercados comunes (dice) será contrapesado por la extensión
cada vez más dura de los procesos de segregación" (13).
Constatamos así que, después de ese "primer intento de
segregación social a gran escala que fue el nazismo" (14), nos enfrentamos hoy a
una gran variedad de procesos de segregación. Tanto la segregación por motivos político
religiosos, como la segregación sexual o por el género, o "la segregación de la
anomalía" (15) (llamada o no enfermedad mental), tan actuales.
Y resumimos diciendo que el efecto real llamado segregación, donde se
ha perdido hasta la identidad simbólica, pone en marcha la citada operación imaginaria
(la fraternidad) que produce continuamente desechos humanos ($ ).
Señalamiento que probablemente tendrá que ver (es un buen ejemplo)
con "la situación de segregación científica en la que la comunidad
psicoanalítica se sostiene" (16); efecto de segregación intelectual con el que,
hasta la enseñanza de Jacques Lacan tal como la enseña Jacques-Alain Miller, se venía
"satisfaciendo" el psicoanálisis.
¿Podríamos añadir entonces a esa serie de efectos los efectos
producidos por la enseñanza de Jacques Lacan? Pues habiendo llegado a ello digamos que,
quien más quien menos que esté aquí presente, cualquiera que sea (sea o no analista) si
quisiera podría considerarse como efecto de la enseñanza de Jacques Lacan, lo que sería
un bonito modo de ir pasando de los efectos de la serie.
NOTAS.
1.- Cf.- los borradores del Programa del Coloquio.
2.-Diccionario de la Real Academia Española.
3.- Cf. Freud, S. Conferencia 22.
4.- Dessal, G. El síntoma de nuestro tiempo. En Letra Internacional, nº
69.
Cf.- Documentos del Coloquio. Correo electrónico, 23/1/02.
5.-Lacan, J. Seminario 9. Cl. 1. (15/11/61).
6.- Lacan, J. Seminario 3. Cl. 7. (18/1/56).
7.- Lacan, J. En memoria de E. Jones. Escritos/.
8.- Lacan, J. Seminario 9. Cl. 1. (15/11/61).
9.- Lacan, J. De nuestros antecedentes. Escritos/.
10.- Cf.- Lacan, J. Seminario 11. Cl. 17. (3/6/64).
11.- Lacan, J. Seminario 17. Cl.. 9. (11/3/70).
12.- Lacan, J. Seminario 17. Cl.. 9. (11/3/70).
13.- Lacan, J. Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el Analista de la Escuela.
14.- Lacan, J. Reseña con interpolaciones del Seminario sobre La Etica.
15.-Lacan, J. Del Trieb de Freud... Escritos/.
16.- Lacan, J. Seminario 12. Cl. 17. (10/6/65).