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DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE LACANCarmelo Galiano Sanz |
Eran Tiempos Modernos. Un mostrador pequeño, libros escondidos y gente, que venía y venía. La historia era un proceso sin sujetos ni fines/ las calles se llenaban de camaradas atónitos, de sonrisas cómplices. Las serpientes invadían nuestros sueños, pero un árbol imposible daba sombra. En esto llegó Lacan. Y mandó seguir. Y en largas noches de cercana comunión, el argumento se hacía vinagre, el corazón del tamaño del mundo. El perseguidor nos acompañaba, el "Hombre que yo quiero" sonaba por las venas. Y Weather Report y tantos otros. Mientras, nuestro decano sacaba a pasear a Dora. Aquellas tardes con Julia Una consigna: Lucha de clases/ y sexualidad. No había ni armarios de los que salir. Granada era una fiesta. Althusser preguntaba: ¿todos comunistas? A la vez, pasábamos las hojas de la lección/ los sentidos al descubierto. Los Diarios de Brecht, "las Albertianas" y el Mundo Obrero, para la señora y el caballero. Fuentevaqueros, con su voz por los tejados. Descubrimos ideologías/ pisamos la tierra y, al mismo tiempo, el cielo abierto. Llegaban Comediantes/ un terremoto sacudía nuestros corazones. La Garnacha, el Free, el Anarquista, poblaban nuestras noches de calma y voluptuosidad. Aquel viaje al París del Ruedo Ibérico. Y la visita raté al tío Luís/ no teníamos maestros, sino parientes por línea de radical historicidad. También tuvimos Claveles rojos/ desde un seiscientos clamábamos: "¡Estamos aquí!". Los trenes rigurosamente vigilados/ la muerte, ¿cómo no?, en Venecia. La Teoría indicaba el camino. Enamorados de Sara/ era uno de los nuestros. Después llegó la bandera, El tema 83, la democracia. Y transitamos, de pié. De lo pasado, no lo voy a negar/ heridas que esperan un diván. Encuentros aplazados. Y un largo adiós. Y otra lección, de solidaridad. Hoy, malos tiempos para la ética, necesitamos una aspirina del tamaño del mundo. ¡Queda la palabra! Y la inferencia de la mejor explicación.
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