COLOFON - nº 24   

Lecturas Críticas

COMENTARIO SOBRE "LA EXPERIENCIA DE LO REAL EN LA CURA PSICOANALÍTICA" - de Jacques-Alain Miller

Beatriz Udenio

 

 

Podríamos estar de acuerdo en decir que cada lector es uno en su abordaje de un texto de tal manera que se detiene en aquello que lo captura, lo sorprende, lo conmueve, es decir, lo que suscita "vivamente" su interés. Se trata de un acercamiento al texto acotado, parcial, que descarta un relevamiento completo o cronológico de lo que allí se despliega.
Pues bien, este será mi punto de partida para hacerlos partícipes de aquello que captó mi mayor atención durante la lectura del Curso de Jacques- Alain Miller "La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica".

Mi recorrido de lectura se detiene en el capítulo XVII (Biología lacaniana, página 299). Podría homologar la llegada a esas páginas como el desembarco en un lugar esperado y, a la vez, sorprendente. Es cierto que, se lo propusiese o no, Jacques- Alain Miller nos fue preparando durante las clases anteriores de este curso para el puerto desconocido: aquello que según dice -lo cito- "eludí cuidadosamente abordar o exponer (...)". Se refiere al concepto de vida.
Una vez en tierra nueva, nos conduce por una cantidad de preciosas referencias que van desde Watson y Crick -los descubridores de la estructura del ADN- pasando por Tremblay, Diderot, Maupertuis, Schelling, Sade, Descartes, Melanie Klein, Hieronymus Bosch, la revista Time, Jonathan Swift, The Scientific American, Kurt Goldstein, Canguilhem, François Jacob, Merleau-Ponty, Heidegger, Bentham, André Pichot, Schrödinger, Butler hasta Richard Dawkins. Allí, retomará la teoría del plasma germinativo de Weismann como sostén de lo que denomina Biología freudiana (a la que caracteriza por situar las pulsiones de muerte y de vida en el origen mismo de la existencia e independientemente de la constitución de un cuerpo) para desplegar, un poco más adelante, los elementos de una Biología lacaniana, que encontrará sus fundamentos en una consideración del "goce ligado a la vida pero bajo la forma del cuerpo" (página 315). He aquí una diferencia radical.
Además de que su lectura resulte ágil y enriquecedora, el despliegue de las referencias, incluso en la síntesis imposible que implica su desarrollo en una clase del curso, producirán a mi entender, el surgimiento de un antes y un después de este capítulo, donde Miller alza una barrera, abre las puertas de su enseñanza por venir y se sumerge en un recorrido nuevo que toma como pivote un estudio de la noción de VIDA en Freud y en Lacan, que desembocará en una renovación impactante de la articulación entre el goce, el cuerpo y el significante.
Así van tomando un sentido preciso los capítulos anteriores. Si nos llevaban a la precipitación de efectos de enseñanza en el lector -como puede desprenderse de aquellos dedicados a la revisión de la noción de carácter en Wilhelm Reich y otros discípulos freudianos de esa época y, en las clases siguientes, al desprendimiento de los 6 paradigmas del goce- este capítulo, el XVII, nos propone ir más lejos y abordar terrenos inéditos en la comprensión de lo que sería "la experiencia de lo real EN la cura psicoanalítica" (página 95).
Es que la afirmación de Miller es precisa: se trata de una experiencia respecto de lo real en el interior de la cura analítica, de su dispositivo, y no de lo real que queda por fuera de la misma. Y ese real abordado en este interior, requiere de una precisa captación del concepto de vida y del cuerpo vivo como condición del goce, en lo íntimo de esa experiencia del análisis.
Por ello, empezamos a concebir que los discípulos de Freud cargaran con el concepto de carácter (página 137) con la precisa intención de ver cómo se las arreglaban, en la experiencia analítica, con ese real que produce tropiezos. Que Miller indique, con precisión, que los alumnos de Freud se embrollaron de igual manera y no entendieron las indicaciones de su maestro a partir de la segunda tópica, no invalida -como él mismo señala- la evidencia de que los analistas de esa época intentaban elucidar un problema que hallaban en su práctica cotidiana: la difícil relación entre el inconsciente y la pulsión, entre la represión y la defensa (página 153). En ello, como indica Miller (página 138), el concepto de carácter fue (para aquellos analistas) el instrumento conceptual para entender la neurosis en ese punto, pero situándolo más allá del síntoma. Partiendo de esto y solo con el avance de su enseñanza, Lacan llegó a postular la extensión del inconsciente sin renunciar a la estructura del síntoma, siendo este el fundamento mismo de lo que Miller llama "la neurosis lacaniana" (página 171). Se trata de cuatro clases imperdibles (VII, VIII, IX y X) en las que Miller realiza un trabajo para ir desde lo que justifica la inclinación de los discípulos de Freud por el carácter en detrimento del síntoma, hasta la reubicación del síntoma como ese real abordable por el psicoanálisis como "acontecimiento del cuerpo" y ligado al concepto de vida. Es que él subraya incansablemente cómo la enseñanza de Lacan intenta resolver de modos distintos, según la época, cómo lo simbólico, el sujeto del significante, se relaciona con la vida, el goce, lo real (página 85).

Arreglárselas con ese real es también nuestro problema. Por ello Miller alerta de entrada sobre la necesidad de que "hagamos el esfuerzo de separarnos de lo más seguro de eso en lo que nos formamos" (página 30). Eso en lo que nos formamos es la enseñanza de Lacan en sus pasos sucesivos, donde la articulación entre el significante y lo real, el sentido y el goce, la represión y la defensa, el inconsciente y la pulsión, son retomados, prudentemente, con los grandes mojones que Miller mismo sitúa en su lectura del carácter en Reich y luego los paradigmas del goce, para concluir en la verdadera subversión que se deduce de la introducción del concepto de vida, allí donde venía siendo eludido por él en su Curso de la orientación lacaniana.
En todo el recorrido que implica el curso vamos desde ciertos postulados de Lacan que son subrayados al modo de una declaración de principios -"la angustia es lo único que no engaña"- a la revalorización de algunos términos como el de "resistencia" que sirven para probar que lo real ha orientado a los psicoanalistas desde el principio, a través de sus tropiezos. Pasamos, también, por la referencia a la "presión" freudiana para perturbar el equilibrio que el sujeto encuentra en su escisión (Spaltung) al efecto que se espera de un analista -perturbar la defensa- para acercarse a lo real que en nuestra experiencia es el del síntoma.
"A falta de un discurso que sería de lo real, hay una experiencia de lo real" (página 132) que lleva a tomar una perspectiva inversa a la del sujeto del significante, su división, su spaltung, que queda plasmada en el momento en que "Lacan renuncia al sujeto para inventar la categoría del ser hablante, donde el sujeto y el goce se presentan como una entidad nueva, la de un cuerpo afectado por el significante, un cuerpo conmovido, movilizado por el inconsciente". (página 209)
Esa perspectiva inversa subvierte, también, la posición del analista frente a la interpretación. No estamos ya en el desciframiento sino fundamentalmente en la perturbación (página 134). Miller refuerza sus ideas con las palabras que emplea para la transmisión: "hacerse agente", "para incidir", si la perturbación "moviliza algo del cuerpo, exige ser investida por el analista" (tono, voz, mirada, gesto...) (página 136). Vemos cómo la concepción de una nueva consideración del concepto de vida nos permite, por retroacción, dar sentido preciso a qué tipo de analista podría estar a la altura de su abordaje -y, por qué no, a la altura de lo más actual respecto de los bioavances.
Además, en el medio de su curso Miller se toma tiempo para dar lugar al debate con uno de sus interlocutores más habituales, Eric Laurent, quien toma a su cargo la clase XI, "El camino del psicoanalista". Ese diálogo ilumina algunas cuestiones que tendremos que esperar se desarrollen en cursos posteriores.
Con estos variados matices, esta modalidad hace del curso magistral, algo dinámico, que nos permite dialogar y debatir con quien lo imparte. Como en otras ocasiones, incluye lo que el movimiento de trabajo de sus viajes y conferencias le aportan, de tal manera que el lector se mueve al compás de alguien que trae los avances de una investigación "en curso" y se permite volver a tratar "viejos" temas freudianos con un aire renovado. Tal es el caso de su lectura del "horrible esquema" freudiano (página 169) -así lo dice- de "El Yo y el Ello", para afirmar cómo Lacan intentó responder a la problemática práctica planteada por lo real a los discípulos de Freud.
Constatamos también la agudeza de algunas observaciones, como hechas al pasar, que denotan una posición ética que divide las aguas: una cura es una experiencia subjetiva distinta a un Cultural Studies (página 205). O la precisión con la que zanja el paso del sujeto al parlêtre en la obra de Lacan.
Y percibimos el gusto con el que Miller aborda la última clase, ese "suplemento" dedicado al síntoma en la psicosis, donde se lo ve en su salsa: sacude algunos sintagmas cristalizados (por ejemplo, que el Otro no estaría tachado en la psicosis, página 393) y propone un pasaje de lo que denomina la "significantización" a la "corporización". Punto de basta para este Curso, que se abre a lo nuevo que implica para la clínica psicoanalítica captar que el significante "entra" en el cuerpo y produce un afecto que es goce.
En suma, tenemos la impresión de haber acompañado un recorrido de trabajo donde el efecto de enseñanza sobre el lector es también la verificación de que el autor da cuenta de lo que él mismo aprendió acerca del valor que lo real y el goce fueron tomando para las prácticas de Freud, de sus discípulos y del mismo Lacan, para seguir realizando sus propios avances.
Se trata de un psicoanalista que sigue elucidando la práctica analítica y las claves para orientarla, volviendo sobre los pasos de otros que también encontraron escollos, incluyendo al mismo Lacan, pero incluyendo también lo nuevo de la contemporaneidad y, sobre todo, los renovados caminos que se permite alguien que dice explícitamente que deja de "eludir" algunos temas.
Por si aun no se dio cuenta: esta lectora ha disfrutado de la lectura de este Curso.