Podríamos
estar de acuerdo en decir que cada lector es uno en su abordaje de
un texto de tal manera que se detiene en aquello que lo captura, lo
sorprende, lo conmueve, es decir, lo que suscita "vivamente"
su interés. Se trata de un acercamiento al texto acotado, parcial,
que descarta un relevamiento completo o cronológico de lo que
allí se despliega.
Pues bien, este será mi punto de partida para hacerlos partícipes
de aquello que captó mi mayor atención durante la lectura
del Curso de Jacques- Alain Miller "La experiencia de lo real
en la cura psicoanalítica".
Mi recorrido
de lectura se detiene en el capítulo XVII (Biología
lacaniana, página 299). Podría homologar la llegada
a esas páginas como el desembarco en un lugar esperado y, a
la vez, sorprendente. Es cierto que, se lo propusiese o no, Jacques-
Alain Miller nos fue preparando durante las clases anteriores de este
curso para el puerto desconocido: aquello que según dice -lo
cito- "eludí cuidadosamente abordar o exponer (...)".
Se refiere al concepto de vida.
Una vez en tierra nueva, nos conduce por una cantidad de preciosas
referencias que van desde Watson y Crick -los descubridores de la
estructura del ADN- pasando por Tremblay, Diderot, Maupertuis, Schelling,
Sade, Descartes, Melanie Klein, Hieronymus Bosch, la revista Time,
Jonathan Swift, The Scientific American, Kurt Goldstein, Canguilhem,
François Jacob, Merleau-Ponty, Heidegger, Bentham, André
Pichot, Schrödinger, Butler hasta Richard Dawkins. Allí,
retomará la teoría del plasma germinativo de Weismann
como sostén de lo que denomina Biología freudiana (a
la que caracteriza por situar las pulsiones de muerte y de vida en
el origen mismo de la existencia e independientemente de la constitución
de un cuerpo) para desplegar, un poco más adelante, los elementos
de una Biología lacaniana, que encontrará sus fundamentos
en una consideración del "goce ligado a la vida pero bajo
la forma del cuerpo" (página 315). He aquí una
diferencia radical.
Además de que su lectura resulte ágil y enriquecedora,
el despliegue de las referencias, incluso en la síntesis imposible
que implica su desarrollo en una clase del curso, producirán
a mi entender, el surgimiento de un antes y un después de este
capítulo, donde Miller alza una barrera, abre las puertas de
su enseñanza por venir y se sumerge en un recorrido nuevo que
toma como pivote un estudio de la noción de VIDA en Freud y
en Lacan, que desembocará en una renovación impactante
de la articulación entre el goce, el cuerpo y el significante.
Así van tomando un sentido preciso los capítulos anteriores.
Si nos llevaban a la precipitación de efectos de enseñanza
en el lector -como puede desprenderse de aquellos dedicados a la revisión
de la noción de carácter en Wilhelm Reich y otros discípulos
freudianos de esa época y, en las clases siguientes, al desprendimiento
de los 6 paradigmas del goce- este capítulo, el XVII, nos propone
ir más lejos y abordar terrenos inéditos en la comprensión
de lo que sería "la experiencia de lo real EN la cura
psicoanalítica" (página 95).
Es que la afirmación de Miller es precisa: se trata de una
experiencia respecto de lo real en el interior de la cura analítica,
de su dispositivo, y no de lo real que queda por fuera de la misma.
Y ese real abordado en este interior, requiere de una precisa captación
del concepto de vida y del cuerpo vivo como condición del goce,
en lo íntimo de esa experiencia del análisis.
Por ello, empezamos a concebir que los discípulos de Freud
cargaran con el concepto de carácter (página 137) con
la precisa intención de ver cómo se las arreglaban,
en la experiencia analítica, con ese real que produce tropiezos.
Que Miller indique, con precisión, que los alumnos de Freud
se embrollaron de igual manera y no entendieron las indicaciones de
su maestro a partir de la segunda tópica, no invalida -como
él mismo señala- la evidencia de que los analistas de
esa época intentaban elucidar un problema que hallaban en su
práctica cotidiana: la difícil relación entre
el inconsciente y la pulsión, entre la represión y la
defensa (página 153). En ello, como indica Miller (página
138), el concepto de carácter fue (para aquellos analistas)
el instrumento conceptual para entender la neurosis en ese punto,
pero situándolo más allá del síntoma.
Partiendo de esto y solo con el avance de su enseñanza, Lacan
llegó a postular la extensión del inconsciente sin renunciar
a la estructura del síntoma, siendo este el fundamento mismo
de lo que Miller llama "la neurosis lacaniana" (página
171). Se trata de cuatro clases imperdibles (VII, VIII, IX y X) en
las que Miller realiza un trabajo para ir desde lo que justifica la
inclinación de los discípulos de Freud por el carácter
en detrimento del síntoma, hasta la reubicación del
síntoma como ese real abordable por el psicoanálisis
como "acontecimiento del cuerpo" y ligado al concepto de
vida. Es que él subraya incansablemente cómo la enseñanza
de Lacan intenta resolver de modos distintos, según la época,
cómo lo simbólico, el sujeto del significante, se relaciona
con la vida, el goce, lo real (página 85).
Arreglárselas
con ese real es también nuestro problema. Por ello Miller alerta
de entrada sobre la necesidad de que "hagamos el esfuerzo de
separarnos de lo más seguro de eso en lo que nos formamos"
(página 30). Eso en lo que nos formamos es la enseñanza
de Lacan en sus pasos sucesivos, donde la articulación entre
el significante y lo real, el sentido y el goce, la represión
y la defensa, el inconsciente y la pulsión, son retomados,
prudentemente, con los grandes mojones que Miller mismo sitúa
en su lectura del carácter en Reich y luego los paradigmas
del goce, para concluir en la verdadera subversión que se deduce
de la introducción del concepto de vida, allí donde
venía siendo eludido por él en su Curso de la orientación
lacaniana.
En todo el recorrido que implica el curso vamos desde ciertos postulados
de Lacan que son subrayados al modo de una declaración de principios
-"la angustia es lo único que no engaña"-
a la revalorización de algunos términos como el de "resistencia"
que sirven para probar que lo real ha orientado a los psicoanalistas
desde el principio, a través de sus tropiezos. Pasamos, también,
por la referencia a la "presión" freudiana para perturbar
el equilibrio que el sujeto encuentra en su escisión (Spaltung)
al efecto que se espera de un analista -perturbar la defensa- para
acercarse a lo real que en nuestra experiencia es el del síntoma.
"A falta de un discurso que sería de lo real, hay una
experiencia de lo real" (página 132) que lleva a tomar
una perspectiva inversa a la del sujeto del significante, su división,
su spaltung, que queda plasmada en el momento en que "Lacan renuncia
al sujeto para inventar la categoría del ser hablante, donde
el sujeto y el goce se presentan como una entidad nueva, la de un
cuerpo afectado por el significante, un cuerpo conmovido, movilizado
por el inconsciente". (página 209)
Esa perspectiva inversa subvierte, también, la posición
del analista frente a la interpretación. No estamos ya en el
desciframiento sino fundamentalmente en la perturbación (página
134). Miller refuerza sus ideas con las palabras que emplea para la
transmisión: "hacerse agente", "para incidir",
si la perturbación "moviliza algo del cuerpo, exige ser
investida por el analista" (tono, voz, mirada, gesto...) (página
136). Vemos cómo la concepción de una nueva consideración
del concepto de vida nos permite, por retroacción, dar sentido
preciso a qué tipo de analista podría estar a la altura
de su abordaje -y, por qué no, a la altura de lo más
actual respecto de los bioavances.
Además, en el medio de su curso Miller se toma tiempo para
dar lugar al debate con uno de sus interlocutores más habituales,
Eric Laurent, quien toma a su cargo la clase XI, "El camino del
psicoanalista". Ese diálogo ilumina algunas cuestiones
que tendremos que esperar se desarrollen en cursos posteriores.
Con estos variados matices, esta modalidad hace del curso magistral,
algo dinámico, que nos permite dialogar y debatir con quien
lo imparte. Como en otras ocasiones, incluye lo que el movimiento
de trabajo de sus viajes y conferencias le aportan, de tal manera
que el lector se mueve al compás de alguien que trae los avances
de una investigación "en curso" y se permite volver
a tratar "viejos" temas freudianos con un aire renovado.
Tal es el caso de su lectura del "horrible esquema" freudiano
(página 169) -así lo dice- de "El Yo y el Ello",
para afirmar cómo Lacan intentó responder a la problemática
práctica planteada por lo real a los discípulos de Freud.
Constatamos también la agudeza de algunas observaciones, como
hechas al pasar, que denotan una posición ética que
divide las aguas: una cura es una experiencia subjetiva distinta a
un Cultural Studies (página 205). O la precisión con
la que zanja el paso del sujeto al parlêtre en la obra de Lacan.
Y percibimos el gusto con el que Miller aborda la última clase,
ese "suplemento" dedicado al síntoma en la psicosis,
donde se lo ve en su salsa: sacude algunos sintagmas cristalizados
(por ejemplo, que el Otro no estaría tachado en la psicosis,
página 393) y propone un pasaje de lo que denomina la "significantización"
a la "corporización". Punto de basta para este Curso,
que se abre a lo nuevo que implica para la clínica psicoanalítica
captar que el significante "entra" en el cuerpo y produce
un afecto que es goce.
En suma, tenemos la impresión de haber acompañado un
recorrido de trabajo donde el efecto de enseñanza sobre el
lector es también la verificación de que el autor da
cuenta de lo que él mismo aprendió acerca del valor
que lo real y el goce fueron tomando para las prácticas de
Freud, de sus discípulos y del mismo Lacan, para seguir realizando
sus propios avances.
Se trata de un psicoanalista que sigue elucidando la práctica
analítica y las claves para orientarla, volviendo sobre los
pasos de otros que también encontraron escollos, incluyendo
al mismo Lacan, pero incluyendo también lo nuevo de la contemporaneidad
y, sobre todo, los renovados caminos que se permite alguien que dice
explícitamente que deja de "eludir" algunos temas.
Por si aun no se dio cuenta: esta lectora ha disfrutado de la lectura
de este Curso.