COLOFON - nš 22

El nacimiento del género 

Richard Klein*

 

          Con frecuencia pensamos la histeria y la neurosis obsesiva como asociados respectivamente a las posiciones sexuadas femenina y masculina. ¿Podemos tomarlas como términos de género en cuanto tales? No, no lo creo así. El género tiene su papel en estas estructuras por el hecho de no hacer el papel de éstas. La clínica de la histeria y de la neurosis obsesiva abre un interrogante sobre el género del sujeto. “¿Qué es una mujer?”. “¿Qué es un padre?”. La clínica socava el género, a partir del cual no se ha llegado a una clínica. Nada de eso significa que las posiciones sexuadas no existan en esta clínica. Siempre está el Edipo. Sus términos de género son la madre y el padre. Nosotros no hacemos una clínica fuera de ellos. El género es un empuje hacia lo definido y lo falto de ambigüedad. Desde el inicio de la enseñanza de Lacan algo interviene para socavar los términos de género por su indefinición y ambigüedad. De aquí los interrogantes emplazados sobre los términos de género que más tarde se reemplazarán por el objeto a pequeña.
          No se puede hablar de género simplemente como de un término. Es un sistema psicologizante lanzado por primera vez en E.E.U.U. en 1955 por John Money y sus socios (1), y a partir del cual se ha llegado a una clínica La clínica del trastorno de la identidad de género sigue a la noción de género como la noche sigue al día. John Money estableció ambos como un campo de estudio, y hasta hace poco él marcó la pauta en el ámbito clínico. Estas nociones surgieron de su estudio iniciado en 1950 sobre pacientes intersexuados, anteriormente conocidos como hermafroditas. Los pacientes intersexuados comienzan como bebés que tienen defectos en los genitales externos, lo que les otorga ambigüedad suficiente como para que no se pueda asignar un sexo al bebé sobre la única base de la observación. Para abarcar problemas más complejos, una definición más amplia de un paciente de este tipo sería la de un individuo en el que distintos componentes del sexo biológico no concuerdan.
          Todos los centros de asignación de género y los padres aceptan esto. El doctor o la comadrona determinan el sexo del cuerpo del bebé y los padres lo aceptan. La asignación de género es ya el significante del Otro al que uno da su consentimiento o no. Cuando pueden cometerse errores serios en determinar el sexo del bebé son raros los casos en los que hay deformidades genitales, anormalidades cromosómicas u hormonales. Cuando no hay ambigüedad de los padres sobre la asignación de género- incluso cuando los genitales son ambiguos, se desarrollará un núcleo estable en la identidad de género. En el caso de una cierta ambigüedad de los padres habrá un núcleo ambiguo en la identidad de género. Cuando la ambigüedad de los padres termina, se establece el núcleo de la identidad de género. Las dudas en la asignación de género y la ambigüedad de los padres sobre esto introducen una dilación en el deseo del Otro y a su vez una dilación en la existencia del sujeto como niña o niño. Cuando esta dilación termina, el deseo del Otro reacciona y hay un hijo querido, un hijo deseado ligado al yo ideal como un ser sexuado. Por ejemplo, como muestra el esquema R, el estadio del espejo se “generiza”* bajo los auspicios de un yo ideal. La identidad de género, el núcleo o lo que sea, parece ser un concepto más o menos equivalente a la “generización” del estadio del espejo. Un estadio del espejo “generizado” correspondiente al sexo apropiado se convierte en la nueva esfera libre de conflicto.
          John Money inventó el término rol de género, no sólo género. Él concluyó entonces que estaba determinado por las fuerzas psicológicas postnatales. En 1960 el estudio se amplió para incluir a los niños nacidos sin ninguna anormalidad biológica que estaban, sin embargo, mostrando signos de incongruencia de rol de género, llamados en los E.E.U.U. “sissy boys”*. El término identidad de género apareció en un comunicado de prensa en 1966 para anunciar la nueva clínica para transexuales en el Jhons Hopkins Hospital. Esto fue difundido por la prensa de todo el mundo y entró a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano, tal como John Money observa en un pequeño artículo recapitulando su trabajo (2).
          Antes de 1955 no existía el concepto de género como referido al sexo de una persona, ni el concepto de trastorno de la identidad de género. Money observa en ese artículo que los términos de género, rol de género e identidad de género han sido elevados a principios organizadores en la historia social de nuestra época. Yo mismo habría pensado que esos términos, o algún sinónimo de los mismos, fueron los principios organizadores del Arca de Noé. Eso es como decir que Dios comprendió la necesidad de la relación sexual para repoblar la tierra. El descubrimiento lógico de Lacan va contra la voluntad de Dios por hacer de la imposibilidad de establecer la relación sexual al nivel de lo real el principio organizador de nuestra era social. Esto está en el fundamento del lazo social.
          El principio de la política de tratamiento de los pacientes intersexuados consiste en proveer al paciente del sexo que llevará, con la menor resistencia, al establecimiento de la relación sexual. También parece haber una asunción, a pesar de la evidencia de lo contrario, de que un trastorno sexual llevará a un trastorno del género. Una anormalidad biológica es un trastorno a nivel del sexo no a nivel del género. La política de tratamiento consiste en fabricar un cuerpo que sea capaz de participar en la relación sexual. Yo podría haber dicho que la política consiste en fabricar un cuerpo que capacite al sujeto para participar en la relación sexual. Ése no es el efecto de esta política que pasa por encima del sujeto. La política de tratamiento consiste en fabricar un cuerpo que pueda participar en la relación sexual. El género correspondiente es entonces alentado. Me parece que esta política de tratamiento podría por sí misma crear un trastorno de género. Nada mejor que esta política para ilustrar que la relación sexual no es sino una compensación de una ausencia. ¿Deberíamos realmente ilustrarlo con una anormalidad biológica? Un trastorno de la identidad de género no basado en una anormalidad biológica tampoco lleva al establecimiento de la relación sexual. Uno, por tanto, sospecha que los términos género, rol de género e identidad de género cifran la posibilidad de la relación sexual ya que un trastorno de estos elementos excluye esa posibilidad.
          Money nos proporciona una definición fenomenológica de rol de género: es lo que una persona dice o hace para revelar su estatus como niña o niño, mujer u hombre. Ello incluye estereotipos de masculinidad y feminidad. La diferencia se juzga por la conducta, el porte, las maneras, el contenido de los sueños, las fantasías y las prácticas eróticas. Él lamenta que lo que llama el genio del lenguaje hiciera trizas su concepto de género (3). Yo no sé qué otra cosa podría haberlo hecho sino el lenguaje. Cuando él dice que el genio del lenguaje hizo trizas su concepto de género, uno supone que él se refiere a los departamentos universitarios que estudian el género donde su bello concepto fue hecho trizas por los genios del lenguaje.
          Sin embargo, él maneja a pesar de todo esto una definición estructural y, por supuesto, sin saberlo. Para él esto no es como el lenguaje del teatro que haría del rol de género un guión entregado a un actor. Pero eso no importa. Se trata, continúa, de un rol incorporado en el actor que genera una metamorfosis por la asimilación del rol y por el hecho de vivirlo. Él da al rol un sentido de propiedad: pertenece a él o ella (4). El actor aquí sostiene la posición subjetiva. No puedo dar crédito a que John Money estuviera de acuerdo con esto. Hay a priori un actor al que se le supone un sujeto, der Arbeiter, el trabajador, como Lacan lo llamaba (5). El sujeto es el actor a través del cual una acción es llevada a cabo, a saber una identificación, metamorfoseando al sujeto. El actor debe asumir una gran responsabilidad en cuanto a los efectos de género. ¿Se podría considerar entonces el trastorno de la identidad de género como un desorden del sujeto, como un mal actor?
          Los conceptos de sexo y género pueden encontrarse en la doctrina de John Money. Stoller estableció el famoso binario. No obstante, si Money siempre quiso afirmar una enérgica distinción entre sexo y género, en 1994 lo refuta, aún en el mismo artículo (6). En lo que a él concierne en este momento, el binario sexo y género genera una carnicería doctrinal. Money comenzó a reasegurar la doctrina de género como algo perteneciente a la psicología y la psiquiatría. La doctrina se separó de estas prácticas de tres maneras. En primer lugar, como se observó antes, fue hecha trizas por el genio del lenguaje. Uno supone que él no está contento con la epidemia de género en los E.E.U.U. En segundo lugar, fue hecha trizas separando el rol de género de la identidad de género. Los psicoanalistas son responsables de esto, al parecer. La identidad de género abarca los trabajos sobre lo psíquico y el rol de género los trabajos sobre lo social. El mismo Money ahora no hace distinción entre la identidad de género y el rol de género, cuando siempre lo hizo, escribiéndolo como una fórmula, G-I/R. Él escribe en 1944 que la identidad de género es la experiencia privada del rol de género, y el rol de género es la manifestación pública de la identidad de género. En tercer lugar, la carnicería doctrinal continúa, según él, con la dicotomía sexo y género. Naturaleza y educación trabajan juntas, dice, como uña y carne. Él quiere poner fin al binario sexo y género.
          La identidad de género y el rol de género son un remedo, bastante más impreciso, de la sutura entre lo simbólico y lo imaginario. Mi impresión es que la noción de género salvó a la ego psychology de desaparecer del candelero. Después de la dura crítica proveniente de París durante 30 años, la presión fue creciendo contra la noción de ego psychology. Es sólo una impresión que la noción de género viniera también en el momento justo para permitir a la ego psychology entrar por la puerta de atrás. La cuestión es si el género es la nueva ego psychology americana. Según Person, hay un mandato cultural contemporáneo en los E.E.U.U., sostenido por algunos críticos literarios y unos cuantos psicoanalistas, según el cual uno se puede ampliar psíquicamente abrazando las identificaciones cruzadas de género (7). Yo creo que esto significa que tú puedes ampliar tu ego. De otra manera, el trastorno de la identidad de género sería un trastorno del ego. Eso, sin duda, ocurre. ¿Pero no sería ante todo un trastorno del sujeto?
          La identidad de género como la experiencia privada del rol de género y el rol de género como la manifestación pública de la identidad de género es más o menos la manera en que está también expresado en el primer párrafo de los trastornos de la identidad de género en el DSM-III-R en 1987. Money está en el comité para los trastornos de la identidad de género del DSM-III-R, aunque eso no le convierte en el escritor del artículo. Él no está en el comité de los trastornos de la identidad de género para el DSM-IV-TR. El término trastorno de la identidad de género está siendo reemplazado en el DSM-IV-TR por el término disforia de género, que es el término que Money recomienda en 1994 con el fin de reconquistar el campo para la psicología y la psiquiatría. En el DSM-IV-TR los trastornos de la identidad de género excluyen a los pacientes intersexuados. Todo comenzó con el paciente intersexuado al cual se está ahora, según parece, extrayendo de la categoría. Quizás, se ha decidido que por incluir al paciente intersexuado en esta categoría hay cierto riesgo de un trastorno iatrogénico de género.
          Parece que los cambios están en marcha para la categoría de los trastornos de la identidad de género. Si esto es o no en deferencia a un paciente que hizo zozobrar la doctrina de Money, no lo sé. En 1967 un bebé varón de 7 meses perdió el pene durante la circuncisión por electrocauterización. Literalmente se convirtió en humo. Sicut palea. Se tomó la decisión de reasignar al bebé el sexo femenino sobre la base de que el núcleo de la identidad de género todavía no se había establecido y que, presumiblemente, era el camino de menor resistencia- aunque por necesidad, quirúrgicamente- hacia el objetivo último de establecer la relación sexual. Su nombre fue cambiado de John a Joan. Fueron cambiados el peinado y la ropa. Pero los padres, descritos como jóvenes y confundidos, no decidieron educar al hijo como una chica hasta que tuvo 17 meses de edad. No veo cómo ellos podrían haber estado de otra forma que confundidos. 17 meses está pisando los límites superiores del núcleo de la identidad de género. El núcleo de la identidad de género implica que el sujeto es irreversiblemente un niño o una niña hacia los 18 meses. A los 21 meses sufrió una orquidectomía y posteriormente se le construyó una vagina. A los 12 años se le suministraron estrógenos. Después de lo cual a los 13 años de edad él reafirmó su masculinidad. Los pechos fueron extirpados y el pene reconstruido. No entiendo por qué esto no se hizo en primer lugar. El caso pone en tela de juicio la doctrina de que la identidad de género, el núcleo o lo que sea, se construye socialmente. No puedo decir si algún informe del hecho tomó en cuenta que este paciente se crió con un hermano gemelo varón. Parece que la reputación de Money ha caído debido a este caso.
          El transexualismo como término no es ni siquiera mencionado en el DSM-IV-TR. Hay simplemente una descripción de las identificaciones cruzadas de género que puede ir tan lejos como un no desear los caracteres del sexo que tiene el sujeto, lo que si persiste en la adolescencia y la edad adulta puede llevar a solicitar un tratamiento de cambio de sexo. Una demanda tal de tratamiento de cambio de sexo no se produce en la infancia. Un pilar principal del diagnóstico ha estado siempre basado en la demanda de tratamiento de cambio de sexo. Esta demanda está ausente en la infancia. Por tanto, no puede existir algo semejante al transexualismo infantil como Stoller lo llamó, tomando el término de Harry Benjamin. Person y Coates recomendaron el término boyhood feminity* (8).
          Los hallazgos de Stoller ya no son aceptados. En el transexualismo de varón a mujer Stoller consideraba que el núcleo de la identidad de género se invertía por completo. Él observó una cercanía dichosa entre madre e hijo y una gracia femenina en el niño. Person en la Universidad de Columbia encuentra que el núcleo de la identidad de género es ambiguo y no femenino, que la madre no presta mucha atención en absoluto al niño, que el niño no rezuma gracia femenina, que puede o no ser afeminado, pero siempre está incómodo en actividades de chicos. Los transexuales primarios son esquizoides, socialmente aislados, asexuados, no asertivos, sufren de ansiedad de separación, depresión, vacío, dependencia oral, son recelosos, temen la intimidad, se exhiben como si fueran fenómenos y tienen una identidad personal deficiente (9). El propio equipo de Stoller en UCLA, según Person, da cuenta en sus observaciones de que hay psicopatología difusa no restringida a los problemas de género (10). Cuando Judith Miller sugirió la no clínica del género, yo no me di cuenta en ese momento de que desde la anterior edición de la DSM a la última, la clínica, de hecho, parecía estar en declive. Los americanos no tienen el concepto estructural de forclusión que causa la ambigüedad en el núcleo de la identidad de género que nosotros podríamos también traducir como el momento fértil de la delusión que surge del momento fenomenológico de Lacan o como Phi mayúscula subíndice cero.
          El género como un sistema psicologizante excluye la pulsión. La pulsión tal como la construyó Freud está prohibida al pensamiento psicologizante, según Lacan en la pág. 830 de los Escritos (11). Creo que esto se refiere probablemente al comienzo del artículo de Freud “Pulsiones y destinos de pulsión”. Él introduce la pulsión allí como indefinida. Al inicio de la actividad científica, dice Freud, el material sobre el que la ciencia trabaja puede no ser susceptible de aclarar una definición (12). El material en este caso es la pulsión marcada por la indefinición. Dos años más tarde él todavía sigue caracterizando la sexualidad pulsional como indefinida, indefinible y ambigua (13). En otras palabras, es inasequible para el pensamiento psicologizante. Eso produce un fuerte contraste con lo que Freud llamó sexualidad genital que para él era definida y no ambigua. El goce pulsional es indefinido y ambiguo. El goce fálico es definido y no ambiguo. Person piensa que hay suficientes evidencias clínicas para sugerir que la actividad sexual genital sostiene al género masculino, mientras que es un rasgo variable en el caso del género femenino (14). Un sistema psicologizante excluye la pulsión que no puede ser aprehendida, según Freud, en una clara definición. El género es un sistema tal que excluye la pulsión, pero no excluye el goce fálico. No se puede incluir algo tan indefinido como la pulsión en un sistema tan definido y sin ambigüedad como el género. Por ejemplo, bajo el concepto de lo pregenital Freud dice que el contraste entre masculino y femenino no desempeña papel alguno (15). Lo pregenital es la sexualidad pulsional, y la sexualidad pulsional no está “generizada”. La pulsión es un objeto a-sexué(16).
          La pulsión está incluida en la sexuación. Esto puede emplearse en el funcionamiento del goce suplementario en la tabla de la sexuación. El hombre puede, si eso le funciona, registrarse en el lado femenino de la tabla de la sexuación, según Lacan, el lado derecho. Esto no da como resultado un trastorno de la identidad de género, aunque tal cosa tiene que hacerse con el cuerpo. Puesto que se trata de un registro al nivel del goce, no afecta al género. El género cae bajo las identificaciones sexuadas que tienen lugar en el lado derecho de la tabla. La pulsión, según Freud, es el signo del mundo interno (17), con ello quiere decir que aquélla tiene su origen en el interior del cuerpo. Lacan llama al falo un hors corps. Para hacer una diferenciación sobre la base de hors corps y encorps incluye la pulsión. Ella, de hecho, incluye dos formas de goce.

(*) Traducido por Javier Cepero.


NOTAS:
1. Money, J., Hermaphroditism, gender and precocity in hyperadrenocorticism: Psychologic findings, Bull Johns Hopkins Hosp 96:253-264, 1955.
2. Money, J., The Concept of Gender Identity Disorder in Childhood and Adolescence After 39 Years, Journal of Sex and Marital Therapy, Vol.20, No.3, Fall, 1994.
3. Ibid.
4. Ibid.
5. Lacan, J., “. . . ou pire” (1975), Autres ecrits, Editions du Seuil, Paris, 2001, p.551.
6. Money, J., op-cit.
7. Person, E, The Sexual Century, Yale University Press, 1999, p.154n.
8. Coates, S. and Person, E., “Extreme Boyhood Femininity: Isolated Findingor pervasive Disorder?”, in The Sexual Century, p.194ff.
9. Ibid., from chapter 6 (1974).
10. Ibid., from chapter 11 (1985).
11. Lacan, J., “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista” (1964), Escritos 2, Ed. S. XXI, México, D.F., 17° ed. 1993, p.830.
12. Freud, S., “Los Instintos y sus Destinos” (1915), Tomo VI. Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, p.2039.
13. Freud, S., “Lección XXI” (1917), Lecciones Introductorias al Psicoanálisis, Tomo VI. Obras Completas, pp. 2322,2324.
14. Person, op.cit., p.43.
15. Freud (1917), op.cit., p.2326.
16. Lacan, J., The Seminar, book XX, Encore (1972-73), W.W. Norton & Co., 1998, p.127.
17. Freud (1915), op.cit., p.2041.

* Traducción literal, mantenida en todo el texto, del término “genderise”, compuesto de “gender” (n. Género/v. Engendrar) y “rise” (n. Elevación, desarrollo/v. Elevarse, desarrollarse). [T.]

* Niños afeminados. [T.]

* Feminidad de la infancia (del varón). [T.]