| Con
frecuencia pensamos la histeria y la neurosis obsesiva como asociados
respectivamente a las posiciones sexuadas femenina y masculina. ¿Podemos
tomarlas como términos de género en cuanto tales? No,
no lo creo así. El género tiene su papel en estas estructuras
por el hecho de no hacer el papel de éstas. La clínica
de la histeria y de la neurosis obsesiva abre un interrogante sobre
el género del sujeto. “¿Qué es una mujer?”.
“¿Qué es un padre?”. La clínica socava
el género, a partir del cual no se ha llegado a una clínica.
Nada de eso significa que las posiciones sexuadas no existan en esta
clínica. Siempre está el Edipo. Sus términos de
género son la madre y el padre. Nosotros no hacemos una clínica
fuera de ellos. El género es un empuje hacia lo definido y lo
falto de ambigüedad. Desde el inicio de la enseñanza de
Lacan algo interviene para socavar los términos de género
por su indefinición y ambigüedad. De aquí los interrogantes
emplazados sobre los términos de género que más
tarde se reemplazarán por el objeto a pequeña.
No se puede
hablar de género simplemente como de un término. Es un
sistema psicologizante lanzado por primera vez en E.E.U.U. en 1955 por
John Money y sus socios (1), y a partir del cual se ha llegado a una
clínica La clínica del trastorno de la identidad de género
sigue a la noción de género como la noche sigue al día.
John Money estableció ambos como un campo de estudio, y hasta
hace poco él marcó la pauta en el ámbito clínico.
Estas nociones surgieron de su estudio iniciado en 1950 sobre pacientes
intersexuados, anteriormente conocidos como hermafroditas. Los pacientes
intersexuados comienzan como bebés que tienen defectos en los
genitales externos, lo que les otorga ambigüedad suficiente como
para que no se pueda asignar un sexo al bebé sobre la única
base de la observación. Para abarcar problemas más complejos,
una definición más amplia de un paciente de este tipo
sería la de un individuo en el que distintos componentes del
sexo biológico no concuerdan.
Todos los
centros de asignación de género y los padres aceptan esto.
El doctor o la comadrona determinan el sexo del cuerpo del bebé
y los padres lo aceptan. La asignación de género es ya
el significante del Otro al que uno da su consentimiento o no. Cuando
pueden cometerse errores serios en determinar el sexo del bebé
son raros los casos en los que hay deformidades genitales, anormalidades
cromosómicas u hormonales. Cuando no hay ambigüedad de los
padres sobre la asignación de género- incluso cuando los
genitales son ambiguos, se desarrollará un núcleo estable
en la identidad de género. En el caso de una cierta ambigüedad
de los padres habrá un núcleo ambiguo en la identidad
de género. Cuando la ambigüedad de los padres termina, se
establece el núcleo de la identidad de género. Las dudas
en la asignación de género y la ambigüedad de los
padres sobre esto introducen una dilación en el deseo del Otro
y a su vez una dilación en la existencia del sujeto como niña
o niño. Cuando esta dilación termina, el deseo del Otro
reacciona y hay un hijo querido, un hijo deseado ligado al yo ideal
como un ser sexuado. Por ejemplo, como muestra el esquema R, el estadio
del espejo se “generiza”* bajo los auspicios de un yo ideal.
La identidad de género, el núcleo o lo que sea, parece
ser un concepto más o menos equivalente a la “generización”
del estadio del espejo. Un estadio del espejo “generizado”
correspondiente al sexo apropiado se convierte en la nueva esfera libre
de conflicto.
John Money
inventó el término rol de género, no sólo
género. Él concluyó entonces que estaba determinado
por las fuerzas psicológicas postnatales. En 1960 el estudio
se amplió para incluir a los niños nacidos sin ninguna
anormalidad biológica que estaban, sin embargo, mostrando signos
de incongruencia de rol de género, llamados en los E.E.U.U. “sissy
boys”*. El término identidad de género apareció
en un comunicado de prensa en 1966 para anunciar la nueva clínica
para transexuales en el Jhons Hopkins Hospital. Esto fue difundido por
la prensa de todo el mundo y entró a formar parte de nuestro
lenguaje cotidiano, tal como John Money observa en un pequeño
artículo recapitulando su trabajo (2).
Antes de
1955 no existía el concepto de género como referido al
sexo de una persona, ni el concepto de trastorno de la identidad de
género. Money observa en ese artículo que los términos
de género, rol de género e identidad de género
han sido elevados a principios organizadores en la historia social de
nuestra época. Yo mismo habría pensado que esos términos,
o algún sinónimo de los mismos, fueron los principios
organizadores del Arca de Noé. Eso es como decir que Dios comprendió
la necesidad de la relación sexual para repoblar la tierra. El
descubrimiento lógico de Lacan va contra la voluntad de Dios
por hacer de la imposibilidad de establecer la relación sexual
al nivel de lo real el principio organizador de nuestra era social.
Esto está en el fundamento del lazo social.
El principio
de la política de tratamiento de los pacientes intersexuados
consiste en proveer al paciente del sexo que llevará, con la
menor resistencia, al establecimiento de la relación sexual.
También parece haber una asunción, a pesar de la evidencia
de lo contrario, de que un trastorno sexual llevará a un trastorno
del género. Una anormalidad biológica es un trastorno
a nivel del sexo no a nivel del género. La política de
tratamiento consiste en fabricar un cuerpo que sea capaz de participar
en la relación sexual. Yo podría haber dicho que la política
consiste en fabricar un cuerpo que capacite al sujeto para participar
en la relación sexual. Ése no es el efecto de esta política
que pasa por encima del sujeto. La política de tratamiento consiste
en fabricar un cuerpo que pueda participar en la relación sexual.
El género correspondiente es entonces alentado. Me parece que
esta política de tratamiento podría por sí misma
crear un trastorno de género. Nada mejor que esta política
para ilustrar que la relación sexual no es sino una compensación
de una ausencia. ¿Deberíamos realmente ilustrarlo con
una anormalidad biológica? Un trastorno de la identidad de género
no basado en una anormalidad biológica tampoco lleva al establecimiento
de la relación sexual. Uno, por tanto, sospecha que los términos
género, rol de género e identidad de género cifran
la posibilidad de la relación sexual ya que un trastorno de estos
elementos excluye esa posibilidad.
Money nos
proporciona una definición fenomenológica de rol de género:
es lo que una persona dice o hace para revelar su estatus como niña
o niño, mujer u hombre. Ello incluye estereotipos de masculinidad
y feminidad. La diferencia se juzga por la conducta, el porte, las maneras,
el contenido de los sueños, las fantasías y las prácticas
eróticas. Él lamenta que lo que llama el genio del lenguaje
hiciera trizas su concepto de género (3). Yo no sé qué
otra cosa podría haberlo hecho sino el lenguaje. Cuando él
dice que el genio del lenguaje hizo trizas su concepto de género,
uno supone que él se refiere a los departamentos universitarios
que estudian el género donde su bello concepto fue hecho trizas
por los genios del lenguaje.
Sin embargo,
él maneja a pesar de todo esto una definición estructural
y, por supuesto, sin saberlo. Para él esto no es como el lenguaje
del teatro que haría del rol de género un guión
entregado a un actor. Pero eso no importa. Se trata, continúa,
de un rol incorporado en el actor que genera una metamorfosis por la
asimilación del rol y por el hecho de vivirlo. Él da al
rol un sentido de propiedad: pertenece a él o ella (4). El actor
aquí sostiene la posición subjetiva. No puedo dar crédito
a que John Money estuviera de acuerdo con esto. Hay a priori un actor
al que se le supone un sujeto, der Arbeiter, el trabajador, como Lacan
lo llamaba (5). El sujeto es el actor a través del cual una acción
es llevada a cabo, a saber una identificación, metamorfoseando
al sujeto. El actor debe asumir una gran responsabilidad en cuanto a
los efectos de género. ¿Se podría considerar entonces
el trastorno de la identidad de género como un desorden del sujeto,
como un mal actor?
Los conceptos
de sexo y género pueden encontrarse en la doctrina de John Money.
Stoller estableció el famoso binario. No obstante, si Money siempre
quiso afirmar una enérgica distinción entre sexo y género,
en 1994 lo refuta, aún en el mismo artículo (6). En lo
que a él concierne en este momento, el binario sexo y género
genera una carnicería doctrinal. Money comenzó a reasegurar
la doctrina de género como algo perteneciente a la psicología
y la psiquiatría. La doctrina se separó de estas prácticas
de tres maneras. En primer lugar, como se observó antes, fue
hecha trizas por el genio del lenguaje. Uno supone que él no
está contento con la epidemia de género en los E.E.U.U.
En segundo lugar, fue hecha trizas separando el rol de género
de la identidad de género. Los psicoanalistas son responsables
de esto, al parecer. La identidad de género abarca los trabajos
sobre lo psíquico y el rol de género los trabajos sobre
lo social. El mismo Money ahora no hace distinción entre la identidad
de género y el rol de género, cuando siempre lo hizo,
escribiéndolo como una fórmula, G-I/R. Él escribe
en 1944 que la identidad de género es la experiencia privada
del rol de género, y el rol de género es la manifestación
pública de la identidad de género. En tercer lugar, la
carnicería doctrinal continúa, según él,
con la dicotomía sexo y género. Naturaleza y educación
trabajan juntas, dice, como uña y carne. Él quiere poner
fin al binario sexo y género.
La identidad
de género y el rol de género son un remedo, bastante más
impreciso, de la sutura entre lo simbólico y lo imaginario. Mi
impresión es que la noción de género salvó
a la ego psychology de desaparecer del candelero. Después de
la dura crítica proveniente de París durante 30 años,
la presión fue creciendo contra la noción de ego psychology.
Es sólo una impresión que la noción de género
viniera también en el momento justo para permitir a la ego psychology
entrar por la puerta de atrás. La cuestión es si el género
es la nueva ego psychology americana. Según Person, hay un mandato
cultural contemporáneo en los E.E.U.U., sostenido por algunos
críticos literarios y unos cuantos psicoanalistas, según
el cual uno se puede ampliar psíquicamente abrazando las identificaciones
cruzadas de género (7). Yo creo que esto significa que tú
puedes ampliar tu ego. De otra manera, el trastorno de la identidad
de género sería un trastorno del ego. Eso, sin duda, ocurre.
¿Pero no sería ante todo un trastorno del sujeto?
La identidad
de género como la experiencia privada del rol de género
y el rol de género como la manifestación pública
de la identidad de género es más o menos la manera en
que está también expresado en el primer párrafo
de los trastornos de la identidad de género en el DSM-III-R en
1987. Money está en el comité para los trastornos de la
identidad de género del DSM-III-R, aunque eso no le convierte
en el escritor del artículo. Él no está en el comité
de los trastornos de la identidad de género para el DSM-IV-TR.
El término trastorno de la identidad de género está
siendo reemplazado en el DSM-IV-TR por el término disforia de
género, que es el término que Money recomienda en 1994
con el fin de reconquistar el campo para la psicología y la psiquiatría.
En el DSM-IV-TR los trastornos de la identidad de género excluyen
a los pacientes intersexuados. Todo comenzó con el paciente intersexuado
al cual se está ahora, según parece, extrayendo de la
categoría. Quizás, se ha decidido que por incluir al paciente
intersexuado en esta categoría hay cierto riesgo de un trastorno
iatrogénico de género.
Parece que
los cambios están en marcha para la categoría de los trastornos
de la identidad de género. Si esto es o no en deferencia a un
paciente que hizo zozobrar la doctrina de Money, no lo sé. En
1967 un bebé varón de 7 meses perdió el pene durante
la circuncisión por electrocauterización. Literalmente
se convirtió en humo. Sicut palea. Se tomó la decisión
de reasignar al bebé el sexo femenino sobre la base de que el
núcleo de la identidad de género todavía no se
había establecido y que, presumiblemente, era el camino de menor
resistencia- aunque por necesidad, quirúrgicamente- hacia el
objetivo último de establecer la relación sexual. Su nombre
fue cambiado de John a Joan. Fueron cambiados el peinado y la ropa.
Pero los padres, descritos como jóvenes y confundidos, no decidieron
educar al hijo como una chica hasta que tuvo 17 meses de edad. No veo
cómo ellos podrían haber estado de otra forma que confundidos.
17 meses está pisando los límites superiores del núcleo
de la identidad de género. El núcleo de la identidad de
género implica que el sujeto es irreversiblemente un niño
o una niña hacia los 18 meses. A los 21 meses sufrió una
orquidectomía y posteriormente se le construyó una vagina.
A los 12 años se le suministraron estrógenos. Después
de lo cual a los 13 años de edad él reafirmó su
masculinidad. Los pechos fueron extirpados y el pene reconstruido. No
entiendo por qué esto no se hizo en primer lugar. El caso pone
en tela de juicio la doctrina de que la identidad de género,
el núcleo o lo que sea, se construye socialmente. No puedo decir
si algún informe del hecho tomó en cuenta que este paciente
se crió con un hermano gemelo varón. Parece que la reputación
de Money ha caído debido a este caso.
El transexualismo
como término no es ni siquiera mencionado en el DSM-IV-TR. Hay
simplemente una descripción de las identificaciones cruzadas
de género que puede ir tan lejos como un no desear los caracteres
del sexo que tiene el sujeto, lo que si persiste en la adolescencia
y la edad adulta puede llevar a solicitar un tratamiento de cambio de
sexo. Una demanda tal de tratamiento de cambio de sexo no se produce
en la infancia. Un pilar principal del diagnóstico ha estado
siempre basado en la demanda de tratamiento de cambio de sexo. Esta
demanda está ausente en la infancia. Por tanto, no puede existir
algo semejante al transexualismo infantil como Stoller lo llamó,
tomando el término de Harry Benjamin. Person y Coates recomendaron
el término boyhood feminity* (8).
Los hallazgos
de Stoller ya no son aceptados. En el transexualismo de varón
a mujer Stoller consideraba que el núcleo de la identidad de
género se invertía por completo. Él observó
una cercanía dichosa entre madre e hijo y una gracia femenina
en el niño. Person en la Universidad de Columbia encuentra que
el núcleo de la identidad de género es ambiguo y no femenino,
que la madre no presta mucha atención en absoluto al niño,
que el niño no rezuma gracia femenina, que puede o no ser afeminado,
pero siempre está incómodo en actividades de chicos. Los
transexuales primarios son esquizoides, socialmente aislados, asexuados,
no asertivos, sufren de ansiedad de separación, depresión,
vacío, dependencia oral, son recelosos, temen la intimidad, se
exhiben como si fueran fenómenos y tienen una identidad personal
deficiente (9). El propio equipo de Stoller en UCLA, según Person,
da cuenta en sus observaciones de que hay psicopatología difusa
no restringida a los problemas de género (10). Cuando Judith
Miller sugirió la no clínica del género, yo no
me di cuenta en ese momento de que desde la anterior edición
de la DSM a la última, la clínica, de hecho, parecía
estar en declive. Los americanos no tienen el concepto estructural de
forclusión que causa la ambigüedad en el núcleo de
la identidad de género que nosotros podríamos también
traducir como el momento fértil de la delusión que surge
del momento fenomenológico de Lacan o como Phi mayúscula
subíndice cero.
El género
como un sistema psicologizante excluye la pulsión. La pulsión
tal como la construyó Freud está prohibida al pensamiento
psicologizante, según Lacan en la pág. 830 de los Escritos
(11). Creo que esto se refiere probablemente al comienzo del artículo
de Freud “Pulsiones y destinos de pulsión”. Él
introduce la pulsión allí como indefinida. Al inicio de
la actividad científica, dice Freud, el material sobre el que
la ciencia trabaja puede no ser susceptible de aclarar una definición
(12). El material en este caso es la pulsión marcada por la indefinición.
Dos años más tarde él todavía sigue caracterizando
la sexualidad pulsional como indefinida, indefinible y ambigua (13).
En otras palabras, es inasequible para el pensamiento psicologizante.
Eso produce un fuerte contraste con lo que Freud llamó sexualidad
genital que para él era definida y no ambigua. El goce pulsional
es indefinido y ambiguo. El goce fálico es definido y no ambiguo.
Person piensa que hay suficientes evidencias clínicas para sugerir
que la actividad sexual genital sostiene al género masculino,
mientras que es un rasgo variable en el caso del género femenino
(14). Un sistema psicologizante excluye la pulsión que no puede
ser aprehendida, según Freud, en una clara definición.
El género es un sistema tal que excluye la pulsión, pero
no excluye el goce fálico. No se puede incluir algo tan indefinido
como la pulsión en un sistema tan definido y sin ambigüedad
como el género. Por ejemplo, bajo el concepto de lo pregenital
Freud dice que el contraste entre masculino y femenino no desempeña
papel alguno (15). Lo pregenital es la sexualidad pulsional, y la sexualidad
pulsional no está “generizada”. La pulsión
es un objeto a-sexué(16).
La pulsión
está incluida en la sexuación. Esto puede emplearse en
el funcionamiento del goce suplementario en la tabla de la sexuación.
El hombre puede, si eso le funciona, registrarse en el lado femenino
de la tabla de la sexuación, según Lacan, el lado derecho.
Esto no da como resultado un trastorno de la identidad de género,
aunque tal cosa tiene que hacerse con el cuerpo. Puesto que se trata
de un registro al nivel del goce, no afecta al género. El género
cae bajo las identificaciones sexuadas que tienen lugar en el lado derecho
de la tabla. La pulsión, según Freud, es el signo del
mundo interno (17), con ello quiere decir que aquélla tiene su
origen en el interior del cuerpo. Lacan llama al falo un hors corps.
Para hacer una diferenciación sobre la base de hors corps y encorps
incluye la pulsión. Ella, de hecho, incluye dos formas de goce.
(*) Traducido por Javier Cepero.
NOTAS:
1. Money, J., Hermaphroditism, gender and precocity in hyperadrenocorticism:
Psychologic findings, Bull Johns Hopkins Hosp 96:253-264, 1955.
2. Money, J., The Concept of Gender Identity Disorder in Childhood and
Adolescence After 39 Years, Journal of Sex and Marital Therapy, Vol.20,
No.3, Fall, 1994.
3. Ibid.
4. Ibid.
5. Lacan, J., “. . . ou pire” (1975), Autres ecrits, Editions
du Seuil, Paris, 2001, p.551.
6. Money, J., op-cit.
7. Person, E, The Sexual Century, Yale University Press, 1999, p.154n.
8. Coates, S. and Person, E., “Extreme Boyhood Femininity: Isolated
Findingor pervasive Disorder?”, in The Sexual Century, p.194ff.
9. Ibid., from chapter 6 (1974).
10. Ibid., from chapter 11 (1985).
11. Lacan, J., “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”
(1964), Escritos 2, Ed. S. XXI, México, D.F., 17° ed. 1993,
p.830.
12. Freud, S., “Los Instintos y sus Destinos” (1915), Tomo
VI. Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, p.2039.
13. Freud, S., “Lección XXI” (1917), Lecciones Introductorias
al Psicoanálisis, Tomo VI. Obras Completas, pp. 2322,2324.
14. Person, op.cit., p.43.
15. Freud (1917), op.cit., p.2326.
16. Lacan, J., The Seminar, book XX, Encore (1972-73), W.W. Norton &
Co., 1998, p.127.
17. Freud (1915), op.cit., p.2041.
* Traducción literal, mantenida en todo el texto,
del término “genderise”, compuesto de “gender”
(n. Género/v. Engendrar) y “rise” (n. Elevación,
desarrollo/v. Elevarse, desarrollarse). [T.]
* Niños afeminados. [T.]
* Feminidad de la infancia (del varón). [T.]
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