COLOFON - nš 1

Editorial  

Judith Miller

 

      En la puesta en marcha de una Federación Internacional de las Bibliotecas del Campo Freudiano, deben subrayarse, a mi entender, tres dimensiones. Me limitaré a esbozarlas, ya que cuento con cada uno de nosotros, sus usuarios, para desarrollarlas y para sostenerlas mediante nuestras actividades, tanto las que estén todavía por inventar como otras que deberán seguir su curso. Enumeraré a continuación estas tres dimensiones. Se trata:
      I) del Campo Freudiano, como espacio de trabajo de orientación lacaniana;
      II) de sus bibliotecas, tanto las que ya están en pie y deben asegurar su desarrollo, como las que todavía requieren un impulso, incluso las que todavía están por crear;
      III) de una Federación de bibliotecas, es decir una forma de asociación que trabaja en la puesta en común de sus experiencias, haciendo circular sus informaciones y poniendo al alcance del conjunto de sus usuarios las posibilidades con que cuenta cada una de ellas.


I


      Es de sobra conocido que el Campo Freudiano se define como una estructura de trabajo, en forma de red, donde el respeto por la historia propia de cada grupo que inscribe en ella su trabajo, lejos de conducirlos a una indiferencia mutua o al mantenimiento de las distancias, los implica en un tiempo lógico que, sin dejar de preservar su autonomía, los hace solidarios. En efecto, cuando se inscriben en esta red, los grupos que lo constituyen manifiestan su voluntad de responder a una idea directriz -la que Jacques Lacan da del filo del descubrimiento freudiano- y un principio regulador -el de mantenerlo constantemente afilado, contra toda tentativa de embotarlo, todo intento de resistir a la causa analítica. Por este sólo motivo, las iniciativas de cada uno de estos grupos, sus transformaciones y sus resultados, incumben también a los demás. Esta solidaridad es un tiempo para comprender que puede conducir a un tercer tiempo, el de una unificación de los grupos, con la posibilidad de su disolución.
      Esto es lo que demuestra la historia misma del Campo freudiano, con la creación de la Escuela Europea de Psicoanálisis del Campo Freudiano. Esta Escuela marca una escansión, resultado de diez años de actividad. Por su efecto de relanzamiento de la transferencia de trabajo, en particular mediante el desarrollo de la cartelización, no concierne tan sólo a la porción europea del Campo Freudiano, sino también al conjunto de sus iniciativas a escala internacional.
      Si la Federación Internacional de las Bibliotecas del Campo Freudiano ha sido creada algunos meses después que la Escuela Europea, es porque participa del mismo momento de concluir de diez años de actividades.
      En efecto, la elucidación de la práctica analítica, sin la cual sus fines y sus medios sufren un menoscabo inevitable, pasa por una elaboración informada, no sólo de sus propios avalares, sino también de los de la época en que es requerida. Las bibliotecas son un instrumento indispensable para realizar este trabajo. Ofreciendo una documentación de primera mano, sin la cual no puede concebirse ningún trabajo verdadero, ya sea de estudio o de enseñanza, ponen al alcance de todos un tesoro. El debate y la crítica son parte integrante del registro del trabajo en intensión y constituyen una de las bisagras entre este registro y la extensión. El debate no debe reducirse a un asunto interno a que afecte a la causa analítica por y para ella misma; sitúa a dicha causa, en particular, en sus relaciones con la ciencia, para medir así como, aún teniéndola como condición de posibilidad, se distingue de ella -del mismo modo permite evaluar sus consecuencias. Es decir que el trabajo en extensión y el trabajo en intensión se tocan sin por ello confundirse.


II


      Una biblioteca, ¿para qué? Esto podría preguntarse todo trabajador, incluso decidido, del Campo Freudiano. Para responder a esta pregunta, cedo la palabra a la biblioteca fundada por Oscar Masotta en Barcelona -así como a la Escuela de la Causa freudiana, que desde su creación ha dado prioridad a la constitución ordenada y a la financiación de su biblioteca. La cedo también a Umberto Eco, por la notable concisión con que nos recuerda la función de una biblioteca en su conferencia De bibliotheca: «Tal vez en el origen, en la época de Asurbanipal o de Polícrates, su función consistía en reunir volúmenes y pergaminos para que no se desperdigaran. Más tarde se trataba de tesaurizar: los pergaminos eran caros. Luego, en la época de los benedictinos, se trataba de transcribir; por decirlo así, la biblioteca como lugar de tránsito: llega el libro, se transcribe y se devuelve el original, o la copia. Me parece que en ciertas épocas, tal vez ya entre Augusto y Constantino, la función de una biblioteca era también seguir, ajustarse pues en cierto modo, a una recomendación de la UNESCO que encuentro en un trabajo que ha llegado hoy a mis manos, donde se dice que uno de los fines de la biblioteca es permitir al público leer libros. Pero creo que luego nacieron bibliotecas cuya función no era hacer leer, sino ocultar, disimular el libro. Naturalmente, estas bibliotecas tenían también la función de permitir reencontrarlo».
      Insistiré en algunas de las exigencias a las que debe responder una biblioteca por el hecho de pertenecer al Campo freudiano, sin dejar de referirme a uno de los elegantes «pequeños tratados» de Pascal Quignard, consagrado a la biblioteca, en forma de entrevista, del que dice que «se trata menos de desarrollar una paradoja, sin duda insostenible, que de encarnizarse en la construcción de una especie de sorites recíproco en el que la biblioteca incendiada en sueños se cobra desmedidamente con los miembros ardientes y en desorden de los cuerpos de sus lectores. Pero, a cada extremo de la cadena, la lengua, que precede a cada uno de los extremos; la lengua, que precede a los dos extremos y que se burla de nosotros ...a pura pérdida. Y añado: por suerte. Puesto que el "todo" es ilusión. El "sentido" es el sueño de los insensatos. Siempre está todo perdido de antemano. Tenemos todo que perder».
      La Biblioteca del Campo freudiano, de acuerdo con el concepto de este campo, es una de sus modalidades. Lo que tiene al menos tres consecuencias.
      A- Al igual que la Escuela, que tal como la entiende Jacques Lacan, no es una institución reservada a los psicoanalistas, una biblioteca en el Campo Freudiano no abre sus puertas tan sólo a especialistas: acoge tanto a los analistas como a los no analistas.
      B- Tiene una política de adquisiciones que da prioridad al psicoanálisis: a) las obras de Freud y de Lacan, tanto en la lengua que corresponda a su situación geográfica como en sus lenguas originales, constituyen sus raíces y su tronco, b) Luego quedan distintas ramas por cultivar. Por una parte, las referencias a las que estas obras remiten directamente, las que forman parte del fondo cultural clásico además de las que se deben, más inmediatamente, a sus contemporáneos; por otra parte, los trabajos que ellas han hecho posibles, que se deben a sus alumnos y discípulos, lo que nos conduce a las ramificaciones más accesibles, tales como publicaciones individuales o colectivas (libros, revistas, boletines, actas, etc.), surgidas de las diferentes instancias de trabajo del Campo Freudiano, presentes y futuras.
c) Por último, las investigaciones y trabajos de las disciplinas que llamamos afines. El Campo Freudiano se inscribe en nuestra actualidad, de modo que no puede dispensarse de averiguar qué trabajos son susceptibles de instruir y esclarecer su propio dominio, por las resonancias que acarrean tanto investigaciones inéditas dotadas de una envergadura intelectual de alcance general, como otras con respecto de las cuales, en razón de su desconocimiento del descubrimiento freudiano, el Campo Freudiano no puede ser sino crítico, o incluso polémico, cuando engendran desviaciones y errores acerca de dicho descubrimiento. Es decir que su circunscripción no debería conducir al Campo Freudiano a adoptar los términos con que Hume finaliza su Investigación sobre el entendimiento humano, cuando, una vez delimitado el ámbito de sus capacidades, concluye: «Si, persuadidos de estos principios, recorremos las bibliotecas, ¿qué deberíamos destruir? Si tomamos un volumen cualquiera, de teología o de metafísica escolástica, por ejemplo, preguntémonos: "¿Contiene acaso razonamientos abstractos sobre la cantidad o el número? No. ¿Contiene razonamientos experimentales sobre cuestiones de hecho y de existencia? No." Entonces, al fuego con él, porque tan sólo contiene sofismas e ilusiones.»
      Una biblioteca del Campo Freudiano, advertida de la "poubellication"* por Jacques Lacan, no puede, sin duda, estimularla, pero sus elecciones debe hacerlas de forma razonada: algunos elementos deben figurar en ella aún cuando no tengan un gran interés intrínseco, pues adquieren valor por el uso que posibilita su integración en el conjunto. En efecto, es deseable que las bibliotecas del Campo Freudiano no favorezcan el desinterés de sus usuarios por todo aquello que trabaja activamente en su contra, por circunscribirse demasiado, aunque sea de forma justificada, a los límites de la experiencia freudiana. De ser así, las bibliotecas difícilmente podrían contribuir a la reconquista del Campo Freudiano.
d) Si la finalidad de una biblioteca es hoy, más que conservar los libros, hacerlos leer, tampoco debe despreciarse esa otra vertiente. ¿No podría tener cada biblioteca del Campo Freudiano su propio agalma, un libro antiguo, o dedicado, una edición particularmente cuidada, rara, original incluso, o cualquier otro hallazgo? "Memoria del futuro", una biblioteca, sin librarse a la pura bibliofilia también está vinculada necesariamente con este otro aspecto.
      C- Sostener polémicas, practicar la discusión e instruirse en nuevas fuentes son tres direcciones que permiten mantener el Campo Freudiano del lado de la luces. Por ello las bibliotecas del Campo Freudiano no pueden contentarse con poner a disposición de los lectores una gama lo más amplia posible de volúmenes, sino que deberán poner empeño, en particular, en la organización de presentaciones, conferencias, debates y cualquier otra forma de ampliar el terreno de las discusiones, con ocasión de las obras que vayan apareciendo, para poner así de relieve la lectura que de ellas permite hacer el CampoFreudiano.


III

      Al tratar de delimitar la amplitud de tareas de una biblioteca, se nos revela tan amplia, que podemos deducir de ella la necesidad de una federación internacional. Esto es, una instancia que permita que se conjuguen y se complementen las iniciativas locales, dándoles la posibilidad de hacer circular sus informaciones, de establecer intercambios y de impulsar las relaciones de trabajo de las unas con las otras. Esta federación puede contribuir a multiplicar las iniciativas y a sostenerlas, mediante la diversificación y la multiplicación de su dinamismo, gracias a la suma de las fuerzas de cada una, a la suma también de los lazos con estructuras editoriales y profesionales con las que cada una cuenta.
      La Federación Internacional de las Bibliotecas del Campo Freudiano, aún sin la pretensión de disponer de entrada de todos los útiles que la tecnología, de hoy y del mañana, nos puede proporcionar -ello supondría contar ya con una infraestructura muy desarrollada-, debe planteárselo como un objetivo. Si la EEP pertenece a la era del FAX, la FIBCF estará en la era de la informática.
      También en esto las elecciones son decisivas. Sin anteponer los medios a los fines, sin caer en la burocratiza-ción en nombre del buen funcionamiento, cada cual deberá esforzarse por aportar su propia contribución en este aspecto de los útiles, de los instrumentos, no sólo ciñéndose al mínimo de disciplina que supone la utilización de una biblioteca (pagar la cuota, devolver los libros en préstamo, no deteriorarlos, etc.), sino también aportando su consejo en el capítulo de compras, dando cuenta de sus lecturas en Colofón, ofreciendo su saber hacer y sus energías. Algunos lo han hecho ya, y se lo agradezco personalmente y en nombre de todos: sin ellos, este primer número del boletín de la FIBCF no hubiera visto la luz.


* "poubellication": condensación de poubelle, papelera, y publication, publicación.


(Traducción de E. Berenguer)