Martes 24 de febrero a las 19:30 hs.
entrada libre
visionado previo
imprescindible
“Lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan obstinado a hablar de sexo siempre, poniéndolo de relieve siempre como Secreto”. M. Foucoult
El último tango en París supuso en el momento de su estreno un punto de inflexión. No tanto por el debate entre erotismo y pornografía o la confluencia entre marxismo, psicoanálisis y liberación sexual promovida por Mayo del 68. El verdadero éxito de El último tango en París radica, desde nuestra perspectiva, en la relación de los partenaires y lo real que designa, para Lacan, lo real del sexo. De ahí que sea un texto fílmico que ilustra y muestra fantasmas mascú-linos y deseos femeninos a la luz, sobre todo, de la última enseñanza de Lacan.
El último tango en París es el relato de esta personal fantasía que Brando como Bertolucci compartían con otros muchos hombres: un lugar apartado de la vida cotidiana donde poder establecer una relación puramente sexual, sin apenas palabras, sin ni siquiera cama, con una joven desconocida. Entonces, sin nombres por los que llamarse, sin demandas de amor, los partenaires ocupan la posición del objeto perdido de la mítica experiencia de satisfacción.
El tercero de la protofantasía freudiana está presente como espectador: La cámara que recorre el espacio con lentitud, recreándose en los detalles, impe-cable, sobria, elegante. Sutilmente aparecen diferentes juegos de espejos y de sombras que contribuyen a la persecución de identidades escurridizas, de posesiones desesperadas ….hasta la muerte. Y, tan solo unos momentos antes, los nombres de él y ella.
J.L. Chacón
Aún, el seminario XX de Lacan, y que Jacques-Alain Miller sitúa en la cima del sexto paradigma del goce, presenta una inversión sensacional de la perspectiva que prima en todo el recorrido de Lacan. Si bien continúa su investigación y enseñanza iniciada en los años sesenta sobre el objeto a, central para la teoría psicoanalítica, aquí desaparece esa vacilación sobre la heterogeneidad de a o el juego permutativo de los discursos para encontrar que “el objeto a es una función demasiado pálida, muy estrecha, demasiado significante, demasiado débil para designar lo que hay en él de goce”. En Aún el goce deja de ser secundario respecto al significante. El lenguaje y su estructura aparecen como subsidiarios y derivados de lo que comienza a llama lalengua. Lalengua es la palabra antes de su ordenamiento gramatical y lexicográfico y se encuentra separada, por tanto, del lenguaje.
Con esta condición, Lacan plantea una inclusión originaria y privilegiada del goce, en detrimento de la estructura y sus articulaciones, que nos abre el espacio actual en el que exploramos: el imperio de la no relación, de la disyunción del significante y del significado, del goce y del Otro, del hombre y de la mujer, bajo el modo de no hay relación sexual.
En el seminario Encore [Aun] que hay que entenderlo homofónicamente como En-corps [En-cuerpo], Lacan explora todo lo que del goce parece funcionar sin el Otro.
Los títulos propuestos se encuentran agrupados y tratan algunos de los puntos nodales que Lacan aborda en el Seminario XX.
Solamente El imperio de los sentidos (Japón 1976) de N. Oshima está citado por Lacan. El resto son propuestas de textos fílmicos que, a modo de referencias, rastrean el amor cortés, la no relación, la mística o el estrago y que pueden servir, en última instancia, para contestar a las preguntas que el propio Seminario plantea.
J.L. Chacón